Realizamos experimentos científicos para niñas y niños en el campo de refugiados de la isla de Lesvos, Grecia, como una actividad de Mednight

Explotar globos formaba parte de uno de los experimentos científicos que íbamos a realizar. Se trata de demostrar que un globo lleno de agua no estalla si le colocas debajo la llama de un mechero. El experimento, normalmente se hace primero con un globo sin agua, que explota, claro, por las inmutables leyes de la física, haciendo un ruido inapropiado en uno de los lugares más sensibles y críticos del mundo. Por eso en Kará Tepé, el campamento de refugiados de Lesvos, la primera instrucción que recibimos fue: “Prohibido cualquier cosa que explote”. Así que hicimos el experimento solo con globos con agua, y ninguno explotó.

Llegamos a la isla griega de Lesvos “a bordo” de la Mednight, la Noche Mediterránea de las Investigadoras, una de las muchas “Nights” que cuenta con fondos europeos para divulgar ciencia, para extender el pensamiento científico como bandera de progreso. Mednight se ocupa de los países Mediterráneos y desarrolla cientos de actividades de todos los colores en distintos pueblos, plazas, playas, en el metro, y también en universidades y centros de investigación de países Mediterráneos.

Ciencia donde no llega nada

Entre sus bases, Mednight tiene un destacado en negrita: acercar la ciencia donde no llega jamás, donde llegan pocas cosas. En la pasada edición, una de las actividades de Mednight fue un concurso de relatos sobre el mediterráneo. Los cuentos ganadores se leyeron a niñas y niños en hospitales, y también en centros de refugiados en la zona de Murcia, en España.

Esta vez, el primer encuentro de aquellos que hacemos Mednight tuvo lugar en Lesvos, la isla griega pegada a Turquía muchísimo más conocida por el campo de refugiados de Moria, que ardió en llamas hace unos años, que porque naciera allí Safo, la poetisa de la antigüedad que se preguntaba “¿qué es lo más hermoso que se puede ver sobre la faz de la Tierra?”. Desde luego la respuesta no es el campo de refugiados de Lesvos. Moria era el campo con más migrantes de toda Europa. Pese a que su aforo máximo era de 3.000 personas, en él residían cuando ardió aproximadamente 13.000 personas.

El campo de Moria, el infierno, fue sustituido por Kará Tepé, un nuevo campo de refugiados, custodiado por alambradas, al borde del Egeo (en griego, Αιγαίο Πέλαγος; en turco, Ege Denizi), la parte del Mediterráneo comprendida entre Grecia y Turquía.

Profesores voluntarios en el campo de refugiados

La ONG EuroRelief ofrece, entre otros servicios, profesores voluntarios para una educación no reglada a niñas y niños de entre 3 y 18 años. EuroRelief nos abrió la puerta a Kará Tepé. Enmarcada dentro de una de las actividades educativas, los de Mednight hicimos un taller de experimentos científicos para las niñas y los niños del campo.

Y así fue como nos advirtieron que en un campo de refugiados, nada puede explotar.

Lo que ocurre dentro de Kará Tepé, o al menos lo que ocurrió a lo largo de una cálida mañana mediterránea, fue emocionante. Una treintena de niñas y niños, la mayoría afganos y sirios, se acercaron al tenderete de mesas donde íbamos a realizar los experimentos.

La mesa tenía lo propio de los clásicos experimentos de ciencia: colorante alimentario, agua oxigenada al 6% para hacer un volcán, harina de maíz para demostrar las rarezas de los fluidos no newtonianos, velas y globos.

Como en cualquier lugar en los que Mednight ha hecho esta actividad, las niñas y los niños se tiñeron con el colorante alimentario, rompieron a aplaudir cuando el volcán salió de la probeta, y se llenaron las manos de harina jugando con la rareza del líquido no newtoniano.

Las manos de los niños jugando con la mezcla de harina de maiz y agua, un fluido no newstoniano. @mednight

Las manos de los niños del campo de refugiados Kará Tepé jugando con la mezcla de harina de maíz y agua, un fluido no newtoniano. @mednight

Fue un día extraordinario para todos en Kará Tepé. Entre las más tímidas del grupo estaba Fátima, una niña afgana, quizá de diez años. Nosotros no parábamos de repetir que todo lo que hacemos es ciencia. Y Fátima me preguntó: “¿Y la ciencia para qué sirve?”. Lo cierto es que no supe responderla. No tengo ni la menor idea de para qué puede servirle la ciencia a una niña a la que le han negado cualquier derecho.

Muchos de estos niños y niñas han perdido familia en el camino. Viven en barracones en los que no hay agua corriente. En la puerta de algunas casas utilizan cubos de basura grandes para recoger agua. Y sobre todo, no saben muy bien si alguna vez la rica Europa les sacará de un limbo de barracones y alambradas a la orilla del mar.

Dibujo de un niño del campo de refugiados de Kara Tepé. @wikimedia commons

Dibujo de un niño del campo de refugiados de Kará Tepé. @wikimedia commons

El gobierno griego estuvo a punto de cerrar Kará Tepé, sin embargo, organizaciones como Oxfam Intermón y el Consejo Griego para los Refugiados publicaron un informe en el que solicitaban a Atenas que reconsiderase su decisión. “Es un campo que ofrece a los migrantes espacios para jugar, entretenerse y socializar, y esto se frenará en seco con su cierre”, declaró un portavoz de Oxfam Intermón Italia. A día de hoy el campo continúa abierto.

Y así, sin tener claro el juicio de nuestra actividad en un campo de refugiados, arrancó la segunda edición de Mednight. Me encantaría saber de Fátima en algunos años. Quizá recuerde el día que alguien le habló por primera vez de ciencia.