Órganos vestigiales: cuáles lo son y cuáles ya no lo son

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La lista de partes inútiles del cuerpo humano cada vez es más corta: lo que se pensaba que no tenía función resulta que sí la tiene

En 1893, el anatomista alemán Robert Wiedersheim publicó un inventario de 86 estructuras del cuerpo humano que, en su opinión, habían perdido su función. La lista incluía el apéndice, las amígdalas, el timo, la glándula pineal y el cóccix. Con el instrumental de hoy, sabemos que la mayoría de aquellas 86 estructuras hacen algo, y de algunas dependen funciones nada secundarias.

Índice
  1. Qué significa realmente vestigial
  2. El apéndice tiene función y la evolución lo demuestra
  3. Las que sí siguen en la lista
  4. Por qué la lista sigue encogiendo
  5. REFERENCIAS

Qué significa realmente vestigial

El término no implica inutilidad. Describe una estructura que ha perdido la función principal que tenía en los antepasados de la especie, lo cual deja abierta la posibilidad de que conserve otra, o de que haya adquirido una nueva por el camino. El criterio es evolutivo y no fisiológico, y confundir ambos es el origen de casi todos los errores de la lista clásica.

Un ejemplo claro está en el cóccix. Corresponde a las vértebras caudales de nuestros antepasados con cola, así que como cola es vestigial. Como pieza anatómica sostiene la inserción de los músculos del suelo pélvico (el elevador del ano y el coccígeo), que controlan la continencia y la estabilidad de la pelvis. Nadie que haya sufrido una fractura de cóccix lo describiría como prescindible.

El apéndice tiene función y la evolución lo demuestra

El caso del apéndice vermiforme es el que mejor ilustra el cambio de criterio sobre los órganos vestigiales. En 2007, un equipo de la Universidad Duke propuso que su forma de tubo estrecho y ciego, apartado del tránsito intestinal y recubierto de tejido linfoide, lo convierte en un refugio para la flora intestinal. Tras una diarrea severa que arrasa el colon, las bacterias alojadas en el apéndice lo repoblarían.

La prueba más sólida llegó después, y es comparativa. Al reconstruir el árbol evolutivo de los mamíferos, el apéndice aparece de forma independiente más de treinta veces en linajes distintos, y una vez que surge casi nunca se pierde. Una estructura que la evolución inventa una y otra vez por separado, y que después conserva, difícilmente carece de utilidad. Las especies que lo tienen, además, presentan mayor concentración de tejido linfoide en el ciego.

Eso no convierte la apendicitis en un problema menor, ni desaconseja la apendicectomía cuando está indicada. Pero durante décadas se extirpó un órgano calificado de inservible y resulta que servía para algo.

Las que sí siguen en la lista

Quedan estructuras que cumplen el criterio sin discusión.

  • El músculo palmar largo. Falta en una proporción llamativa de la población, con diferencias grandes entre poblaciones, y quien no lo tiene no pierde fuerza de agarre. Su principal utilidad hoy es quirúrgica: se usa como injerto tendinoso porque sobra.
  • Los músculos auriculares. Los tres que rodean la oreja permiten orientarla hacia un sonido en gatos y caballos. En nuestra especie apenas producen un movimiento perceptible, y solo algunas personas lo controlan voluntariamente.
  • La plica semilunar. El pliegue rosado del ángulo interno del ojo es lo que queda del tercer párpado o membrana nictitante, funcional en aves y reptiles.
  • Los músculos erectores del pelo. Producen la piel de gallina. En un mamífero con pelaje denso, erizarlo atrapa aire y aumenta el aislamiento, o hace parecer más grande al animal. Con el vello humano el efecto es nulo.
  • Las muelas del juicio. Los terceros molares encajaban en una mandíbula más larga. La reducción del macizo facial, asociada al procesado y la cocción de los alimentos, dejó un hueso que a menudo no alcanza para alojarlos.

Por qué la lista sigue encogiendo

Las amígdalas, el timo y la glándula pineal salieron del inventario de Wiedersheim en cuanto se entendió el sistema inmunitario y la regulación hormonal. Las amígdalas son tejido linfoide de primera línea, el timo entrena los linfocitos T durante la infancia y la pineal segrega melatonina y gobierna el ritmo circadiano.

El patrón se repite: cada vez que una técnica nueva permite mirar más fino, una estructura abandona la lista. Lo prudente, con lo que queda, es asumir que algunas se irán también, y que vestigial describe el pasado de un órgano antes que su presente.

REFERENCIAS

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