Las costas andaluzas, especialmente en Tarifa, enfrentan una creciente amenaza por la invasión de Rugulopteryx okamurae, un alga asiática que llegó en 2015 a través de las aguas de lastre de los barcos
Esta macroalga crece sin freno, desplazando a especies autóctonas y alterando la biodiversidad marina. Además, su acumulación masiva en las playas interfiere con las actividades turísticas y afecta negativamente a la pesca artesanal, reduciendo drásticamente las capturas.
Félix López Figueroa, catedrático de Ecología en la Universidad de Málaga, señala que Rugulopteryx okamurae no cuenta con depredadores naturales en nuestro ecosistema, lo que facilita su rápida proliferación. Las condiciones en la región, con altos niveles de nutrientes como los nitratos derivados de vertidos agrícolas, han propiciado su crecimiento.
La rápida proliferación del alga ha generado más de 40.000 toneladas de residuos en Tarifa, provocando un desafío ambiental y logístico. Su retirada y gestión representan un gran esfuerzo económico para las administraciones locales. La acumulación de estos residuos colapsa los vertederos, incrementando los costos de tratamiento y almacenamiento, y dificultando la búsqueda de soluciones sostenibles para su eliminación.
Soluciones y oportunidades
A pesar de los desafíos, los científicos han comenzado a explorar formas de aprovechar la biomasa del alga. Proponen su uso en la producción de biogás, compost y piensos para animales. No obstante, debido a su toxicidad, es necesario un tratamiento adecuado antes de su utilización. Asimismo, es crucial implementar un control más riguroso sobre la llegada de especies invasoras, especialmente a través de los puertos y el manejo de las aguas de lastre de los barcos.
En esta lucha, iniciativas como la del Real Betis Balompié tienen un papel importante. A través de su plataforma Forever Green, el club ha lanzado la campaña «Sin azul no hay verde», cuyo objetivo es sensibilizar sobre el impacto de esta alga invasora. Como parte de la campaña, han diseñado una camiseta fabricada con materiales reciclados, incluidos residuos de algas marinas.
El caso de Rugulopteryx okamurae refleja la necesidad de actuar ante futuras invasiones biológicas. No es la primera alga invasora que llega a nuestras costas, pero ninguna ha tenido un impacto tan devastador. Van a seguir llegando, por lo que cuanto más preparados estemos con técnicas metodológicas e industriales, mejor y más rápido podremos responder ante futuras invasiones. La pregunta es: ¿qué vamos a hacer al respecto?