Muchos usuarios de medicamentos GLP-1 indican que ya no soportan ni las carnes ni los alimentos fritos. ¿Capricho temporal o cambio cerebral?
Los medicamentos GLP-1, como Ozempic, Wegovy y Zepbound, se diseñaron para tratar la diabetes tipo 2 y favorecer la pérdida de peso. Funcionan imitando una hormona intestinal llamada GLP-1, que se libera al comer y actúa en el cerebro reduciendo el apetito y la recompensa sensorial por la comida. Esta familia de fármacos ha mostrado además afectar la percepción del sabor, lo que podría explicar por qué tantos pacientes notan que ciertos alimentos —especialmente carnes, fritos y comidas intensas— les resultan desagradables.
Alyssa Fraser, exreportera gastronómica de Minnesota, solía disfrutar cocinando pollo con verduras o pasta. Todo eso cambió tras comenzar a tomar Wegovy. No solo perdió interés por la cocina, sino que muchos platos le resultaban repulsivos. La carne le sabía «a granja» y su vino favorito adquiría un gusto vegetal desagradable. No es un caso aislado. Decenas de usuarios de fármacos GLP-1 como Wegovy, Ozempic o Zepbound describen un fenómeno parecido: pérdida de interés general por la comida y rechazo específico hacia alimentos ricos en grasas, fritos o carnes rojas. Algunos lo relatan en foros, otros en encuestas científicas. La tendencia incluso se refleja en los datos de supermercados, donde se observa que los pacientes gastan menos en ultraprocesados y más en frutas, verduras y agua.
Estos fármacos, que comenzaron como tratamiento para la diabetes tipo 2, inducen una fuerte sensación de saciedad. Eso ayuda a bajar de peso. Pero ahora se sospecha que también modifican los gustos y apetencias alimentarias. Por ejemplo, un estudio reciente publicado en Food Quality and Preference observó que quienes usan GLP-1 comen menos carne de res, productos refinados y bebidas azucaradas, reduciendo en promedio 700 calorías diarias. Aunque se basa en datos auto-reportados —lo que puede restar fiabilidad—, el patrón es consistente: apetito reducido y cambios en las preferencias.
Te pueden gustar los fritos, pero no te apetecen
Sin embargo, como señala el profesor John Blundell, experto en psicobiología de la Universidad de Leeds, hay una diferencia entre gustarte una comida y tener ganas de comerla. Una persona puede seguir disfrutando de un alimento, pero no sentir el impulso de consumirlo. Los fármacos GLP-1 parecen invertir esa ecuación: el placer sensorial sigue allí, pero el deseo desaparece.
A nivel biológico, estos fármacos imitan la acción de la hormona GLP-1, que no solo regula el apetito en el cerebro, sino que también modula los circuitos de recompensa. Por eso se cree que afectan directamente la percepción del sabor. De hecho, se han encontrado receptores de GLP-1 en las papilas gustativas humanas. Este hallazgo apoya la idea de que el medicamento podría cambiar la forma en que experimentamos los sabores.
Pero no todos los datos apuntan en la misma dirección. En una conferencia endocrina de 2024, un pequeño estudio reveló que las mujeres que tomaban semaglutida eran más sensibles a los sabores dulces y mostraban mayor actividad cerebral en las regiones vinculadas a la recompensa sensorial. Esto sugiere que ciertos sabores podrían volverse más intensos —y por tanto menos agradables— bajo el efecto del medicamento.
Sin embargo, otro estudio, publicado en Physiology & Behavior, encontró justo lo contrario: las personas bajo tratamiento con GLP-1 eran menos sensibles a los cinco sabores básicos (dulce, salado, amargo, ácido y umami) comparadas con un grupo control. El coautor del estudio, Richard Doty, del Centro del Olfato y el Gusto de la Universidad de Pensilvania, cree que los receptores de GLP-1 en las papilas gustativas podrían estar detrás de esta alteración, pero admite que aún no se comprende bien el mecanismo.
Las experiencias personales varían enormemente. Siobhan, una escritora de Los Ángeles que lleva tomando Wegovy desde 2021, dice que las patatas fritas aún le gustan, pero su amado curry panang ahora le resulta amargo. Sarah Streby, usuaria desde hace dos años, ya no tolera ni huevos ni brócoli, y ha tenido que modificar sus recetas familiares porque ha perdido su tolerancia al picante. «Ahora todos se quejan de que la comida está muy sosa», bromea.
Algunas farmacéuticas, como Novo Nordisk (fabricante de Ozempic y Wegovy) y Eli Lilly (Zepbound), han sido consultadas, pero hasta ahora no han ofrecido datos concluyentes sobre los cambios de gusto o apetito. Solo confirman que los efectos secundarios conocidos están descritos en el prospecto.
Mientras tanto, los científicos siguen explorando cómo la biología del gusto, el apetito y la saciedad interactúan bajo la influencia de estos potentes medicamentos. Algunos sospechan que las personas con sobrepeso podrían percibir los sabores con menos intensidad, lo cual les llevaría a comer más buscando una recompensa sensorial más fuerte. Pero los datos no son concluyentes. Lo que sí está claro es que los GLP-1 alteran no solo cuánto comemos, sino también cómo experimentamos la comida.
Para personas como Alyssa Fraser, esto es un arma de doble filo. Aunque ya no disfruta cocinando, reconoce que los beneficios para su salud han sido significativos. “El esfuerzo mental que me suponía perder peso ha desaparecido en gran parte”, afirma. “Y para mí, eso lo compensa todo”.
REFERENCIA
Characteristics and food consumption for current, previous, and potential consumers of GLP-1 s