Un macroestudio revela que las diferencias en expresión de proteínas (y por tanto de la salud) entre sexos no se deben solo a la genética. El entorno y el estilo de vida también importan, y mucho.

Los hombres tienen más infartos y más adicciones. Las mujeres, más migrañas y más depresión. ¿Son solo los famosos cromosomas sexuales los que marcan las diferencias? La biología humana es un entramado complejo de genes, proteínas y factores externos. Las proteínas, moléculas esenciales para la vida, desempeñan funciones clave en procesos corporales como la defensa inmunitaria, la comunicación celular o el metabolismo. Sus niveles en sangre están regulados en parte por el ADN, pero también por factores externos como las hormonas, el entorno social, la dieta o el estrés. Cuando hablamos de diferencias biológicas entre hombres (cromosomas XY) y mujeres (cromosomas XX), solemos pensar en los genes, pero hay mucho más en juego.

Un equipo internacional liderado por el Instituto de Investigación en Salud de Precisión (PHURI) de la Queen Mary University of London ha revelado que las diferencias de salud entre hombres y mujeres no se explican únicamente por factores genéticos. La investigación, publicada en Nature Communications y realizada en colaboración con el Instituto de Salud de Berlín en Charité y la Unidad de Epidemiología del Consejo de Investigación Médica (MRC) en la Universidad de Cambridge, ha analizado los niveles de unas 6.000 proteínas en sangre y su relación con enfermedades en más de 56.000 personas, utilizando datos del UK Biobank y del estudio Fenland.

El resultado principal es que dos tercios de las proteínas analizadas presentan niveles distintos entre hombres y mujeres. Sin embargo, solo una pequeña parte, alrededor de 100 proteínas, mostró diferencias en los “interruptores genéticos” que regulan su cantidad, lo que sugiere que la genética por sí sola no puede explicar las diferencias observadas.

¿Medicamentos diferentes para hombres y mujeres?

Esto es especialmente relevante para el desarrollo de nuevos medicamentos y tratamientos personalizados. Durante años, se ha dado por hecho que los descubrimientos genéticos eran aplicables a ambos sexos por igual. Sin embargo, como explica la profesora Claudia Langenberg, directora del PHURI y también profesora en el Instituto de Salud de Berlín en Charité, “nuestros resultados muestran que, con muy pocas excepciones, las variantes genéticas que regulan proteínas funcionan de manera muy similar en hombres y mujeres. Esto respalda la suposición, hasta ahora poco comprobada, de que los hallazgos genéticos se pueden aplicar a ambos sexos”.

Pero si los genes no son los responsables de la mayoría de estas diferencias, ¿qué lo es? El estudio apunta hacia factores no genéticos que influyen en la salud de forma significativa, como el entorno laboral, el lugar de residencia, el nivel educativo, la situación económica, el acceso a recursos médicos o los hábitos de vida. Estos elementos, muchas veces pasados por alto en investigaciones biomédicas, podrían explicar por qué hombres y mujeres sufren algunas enfermedades de forma distinta o responden de manera desigual a ciertos tratamientos.

Mine Koprulu, autora principal del estudio y postdoctoranda en el PHURI, señala que “por primera vez en la historia podemos estudiar la biología humana con este nivel de detalle, desde los genes hasta las proteínas. Este es el mayor estudio hasta la fecha que investiga cómo el código genético regula los niveles de proteínas en sangre según el sexo. Nuestros hallazgos subrayan la necesidad de comprender mejor todos los factores que afectan a la salud —a nivel genético y más allá— para lograr una atención médica más equitativa y adaptada a cada persona”.

La metodología del estudio ha sido rigurosa. Para clasificar a los participantes como hombres o mujeres se ha usado la información cromosómica (XX o XY), lo que permite realizar análisis genéticos con mayor precisión. Los autores reconocen que esta clasificación no siempre coincide con la identidad de género de las personas, pero explican que la falta de datos fiables sobre identidad de género impidió su inclusión de forma consistente en el análisis.

Este trabajo es un ejemplo claro del avance hacia una medicina de precisión que tenga en cuenta las diferencias entre individuos, no solo a nivel genético sino también en relación con su contexto social y ambiental. La investigación también abre la puerta a futuras líneas de estudio que podrían centrarse en cómo factores como el estrés crónico, la nutrición o la exposición a contaminantes ambientales afectan de forma distinta a hombres y mujeres.

Este estudio desmonta la idea de que las diferencias biológicas entre sexos se deben principalmente a la genética. Aunque los genes tienen un papel importante, la biología no actúa en el vacío: el entorno en el que vivimos, nuestros hábitos y nuestras circunstancias también moldean nuestra salud. Para diseñar una medicina realmente personalizada, será crucial mirar más allá del ADN y prestar atención a todo lo que nos rodea.

REFERENCIA

Sex differences in the genetic regulation of the human plasma proteome