Un estudio en parejas convivientes durante la pandemia indica que sentirse ignorado por el móvil genera carencia afectiva, y esa brecha emocional reduce la satisfacción con la relación.
Si dejar de responder los mensajes de alguien se llama «ghosting» (de ghost, fantasma), dejar de prestar atención a una persona para mirar el móvil también tiene nombre: «phubbing», una combinación de phone y snubbing (ignorar). Algo que a la mayoría le molesta, y que la mayoría hace. Un nuevo estudio publicado en Journal of Social and Personal Relationships sugiere que cuando las personas se sienten ignoradas por sus parejas debido al uso del teléfono, es decir, sufren “phubbing”, esto puede conducir a una desconexión emocional más profunda.
En concreto, la investigación indica que quienes perciben que su pareja está distraída por el teléfono tienden a sentirse más privados de afecto. Esta brecha emocional, a su vez, se asocia con una menor satisfacción con la relación. El estudio se inspiró en la experiencia, cada vez más común, de parejas que se sienten desatendidas por el uso del móvil, sobre todo durante conversaciones o tiempo compartido. El phubbing consiste en desviar la atención de la pareja para revisar notificaciones, mirar redes sociales o responder mensajes mientras la otra persona está presente.
Las encuestas sugieren que muchas personas se ven afectadas por este comportamiento. Casi la mitad de los estadounidenses con pareja informan que su compañero se ha distraído con el teléfono durante una conversación. Más de un tercio dice que le molesta el tiempo que su pareja pasa con el móvil. Estudios previos han vinculado el phubbing con menor intimidad y satisfacción, pero pocos han investigado los procesos emocionales específicos que explican estos resultados.
La pandemia de COVID-19 presentó una oportunidad única para explorar esta cuestión. Con órdenes de quedarse en casa y medidas de distanciamiento, las parejas pasaban más tiempo juntas de lo habitual, a menudo con acceso limitado a otras fuentes de apoyo social. El contexto amplificó hábitos y fricciones cotidianas. El teléfono estuvo más cerca que nunca.
Casi la mitad de los estadounidenses con pareja informan que su compañero se ha distraído con el teléfono durante una conversación
“Este estudio fue parte de un proyecto más amplio que nuestro equipo realizó para explorar las formas en que las parejas estaban navegando la pandemia mientras vivían juntas. Como otros, notamos cuánto estaban cambiando las relaciones en respuesta al estrés, el aislamiento y los cambios en las rutinas diarias durante la pandemia”, dijo la autora del estudio Amanda Denes, profesora de comunicación en la Universidad de Connecticut.
“Uno de los miembros de nuestro equipo estaba particularmente interesado en el uso del teléfono móvil entre las parejas, y comenzamos a preguntarnos cómo el tiempo potencialmente mayor que las personas pasaban con sus teléfonos, no solo como distracción, sino también como un medio necesario para contactar con otros durante el confinamiento, podría afectar a sus relaciones. Las parejas también estaban afrontando nuevos desafíos, como un aumento de la cercanía física.”
“ Nuestro estudio surgió del interés en cómo las parejas que vivían aisladas juntas podrían estar usando sus teléfonos de formas que interfirieran o interrumpieran su relación, también conocido como phubbing, y si eso podría afectar cómo se sentían respecto a la calidad y la cantidad de afecto que recibían de su pareja y, en última instancia, su satisfacción con la relación”.
El estudio incluyó a 51 parejas, un total de 102 personas, que vivían juntas durante los primeros meses de la pandemia. Los participantes fueron reclutados en tres grandes ciudades de Estados Unidos entre abril y septiembre de 2020. Para participar, las parejas debían vivir sin otros compañeros de piso y cumplir varios criterios de salud. La mayoría estaba en relaciones de distinto sexo, aunque también se incluyeron parejas del mismo sexo.
Más teléfono, menos satisfacción
Los participantes completaron una encuesta inicial que evaluaba tres factores principales, cuánto sentían que su pareja les hacía phubbing, cuánta privación de afecto sentían y cuán satisfechos estaban con su relación. Se midió el phubbing con preguntas sobre si la pareja miraba el teléfono durante una conversación o lo revisaba en las pausas. La privación de afecto se evaluó con ítems sobre si la persona sentía que recibía suficiente afecto, como abrazos, sonrisas o expresiones de cariño. La satisfacción con la relación se midió con una escala estándar de siete elementos.
De forma importante, los investigadores usaron un enfoque de análisis diádico, que les permitió examinar cómo las experiencias y percepciones de una persona influían tanto en sus propios resultados como en los de su pareja. Este diseño ayudó a capturar la naturaleza interpersonal de los comportamientos estudiados.
El hallazgo principal fue que cuando las personas percibían que su pareja se involucraba con frecuencia en phubbing, tenían más probabilidades de sentirse privadas de afecto. Esta sensación de privación emocional se asoció después con una menor satisfacción en la relación. En otras palabras, el phubbing parecía dañar las relaciones de forma indirecta al hacer que la gente se sintiera emocionalmente desatendida.
El estudio también descubrió un efecto significativo de pareja, los propios sentimientos de privación de afecto de una persona se vincularon no solo con su propia satisfacción con la relación, sino también con la de su compañero. Esto sugiere que la desconexión emocional se propaga en la relación y afecta a ambos individuos. Por ejemplo, si una persona se siente desatendida, puede actuar de maneras, quizá volverse distante o menos afectuosa, que terminan reduciendo la satisfacción de su pareja.
“Una de las grandes conclusiones de nuestro estudio es que cuando una persona se siente ignorada por su pareja porque está más centrada en su teléfono, puede hacerla sentir menos amada y cuidada y, en última instancia, dañar la relación”, dijo Denes. “Incluso si el uso del teléfono no tiene la intención de herir, aún puede crear distancia. Estos hallazgos resaltan la importancia de ser conscientes de cómo usamos los teléfonos alrededor de nuestros seres queridos, especialmente en espacios reducidos o durante momentos estresantes. Al crear límites mutuamente acordados sobre el uso del teléfono, junto con encontrar formas de expresar afecto de forma intencional, las parejas pueden fomentar una mayor conexión”.
De forma interesante, el estudio no encontró que la similitud en phubbing, el grado en que ambos miembros se involucraban en niveles similares de uso del teléfono, se asociara con privación de afecto o satisfacción. Esto significa que, incluso si ambos usaban mucho el móvil, no se reducía el efecto negativo. La participación igual en el comportamiento no parecía amortiguar la sensación de ser ignorado o de poca importancia.
Si los dos lo hacen a la vez, sienta igual de mal
“Nos sorprendió descubrir que la similitud en el comportamiento de phubbing no estaba asociada con la privación de afecto o la satisfacción con la relación”, explicó Denes. “Incluso si ambos miembros percibían que el otro se involucraba de manera igualmente intensa en el phubbing, los efectos negativos, como sentir menos afecto y menor satisfacción, seguían apareciendo. Así que ‘igualar’ el uso del teléfono no parece anular su impacto. Eso fue inesperado, ya que investigaciones previas sobre otros hábitos de tecnología sugieren que la similitud en el comportamiento a veces puede ser un amortiguador”.
El estudio aporta una visión valiosa sobre las vías emocionales por las que el phubbing puede afectar a las relaciones, aunque no está exento de limitaciones. Los datos se recogieron en un único momento, por lo que los investigadores no pudieron determinar el orden exacto de causa y efecto. Es posible, por ejemplo, que las personas descontentas con su relación sean más propensas a percibir a sus parejas como desentendidas, o que la menor satisfacción conduzca a más phubbing y no al revés.
“ Dicho esto, los hallazgos ofrecen una instantánea útil de cómo el uso del teléfono móvil, el afecto y la satisfacción se asocian entre sí durante un momento particularmente estresante”, dijo Denes. La instantánea no lo explica todo, pero enfoca una parte importante de la foto cotidiana.
La investigación futura podría abordar estas cuestiones recogiendo datos a lo largo del tiempo o realizando experimentos en los que se manipule el uso del teléfono. Los investigadores también podrían examinar cómo las conversaciones sobre el uso del móvil, o acuerdos sobre cuándo y cómo se usan durante el tiempo compartido, podrían ayudar a reducir la sensación de desatención emocional. Además, los estudios podrían explorar cómo la privación de afecto actúa en otros contextos, como en relaciones a distancia o periodos de estrés individual.
“Estamos interesados en seguir explorando cómo los comportamientos cotidianos moldean la conexión y la comunicación en relaciones cercanas, especialmente bajo estrés”, dijo Denes. “En el futuro, esperamos examinar estas dinámicas a lo largo del tiempo, en diferentes tipos de pareja y en muestras más diversas. También sentimos curiosidad por lo que ayuda a las parejas a mantenerse conectadas emocionalmente incluso cuando la vida es abrumadora, ya sea a través de la comunicación de apoyo, el afecto o conversaciones abiertas sobre las necesidades. En última instancia, esperamos que esta línea de investigación ayude a las personas a ser más intencionales sobre cómo expresan afecto en sus relaciones, especialmente en nuestro mundo saturado de teléfonos móviles”.
“Este estudio refuerza la idea de que el afecto importa en las relaciones. Cuando las personas se sienten privadas de afecto, sobre todo en tiempos difíciles, puede producirse un efecto dominó que afecte no solo al bienestar individual, sino también a la relación. La buena noticia es que el afecto es algo en lo que podemos ser proactivos. Ser conscientes de cómo el uso del teléfono puede interferir con nuestra capacidad para expresar afecto a personas importantes en nuestra vida es un primer paso para asegurarnos de que hacemos el tiempo y el espacio para invertir en nuestras relaciones cercanas”.
REFERENCIA