Un 21% de mujeres y un 10% de hombres de 50 a 64 años cumplen criterios de adicción a la comida ultraprocesada, y presentan peor salud mental y física 

Ganchitos, Doritos, KitKat, Mars, Oreo, Donettes, nuggets de pollo, pizza congelada, todo regado con coca cola o red bull. A lo mejor se te hace la boca agua, pero prefieres pasar de estos alimentos ultraprocesados para cuidar tu salud. Pero puede ser que no te puedas resistir.

Los ultraprocesados son alimentos industriales con fórmulas optimizadas para resultar muy atractivos, a menudo cargados de grasas refinadas de baja calidad, sal, azúcares y aditivos. La generación nacida entre 1965 y 1980 fue la primera que creció rodeada de alimentos ultraprocesados. De niños y jóvenes vivieron la proliferación de productos diseñados para maximizar su atractivo con perfiles de nutrientes creados en el laboratorio.

Un nuevo estudio muestra que, en Estados Unidos, el 21% de las mujeres y el 10% de los hombres de la Generación X y del tramo final del baby boom, hoy en sus cincuenta y primeros sesenta, cumplen criterios de adicción a estos ultraprocesados. Esta tasa supera con claridad la observada en adultos que crecieron una o dos décadas antes y que se toparon con los ultraprocesados ya en la edad adulta. Entre los adultos de 65 a 80 años, solo el 12% de las mujeres y el 4% de los hombres cumplen criterios de adicción a comida ultraprocesada.

El trabajo, publicado en la revista Addiction por un equipo de la Universidad de Míchigan, se basa en datos representativos a nivel nacional de más de 2.000 estadounidenses mayores encuestados por el National Poll on Healthy Aging de la propia universidad. El sondeo se realiza en el Instituto de Políticas y Innovación en Salud de la U-M, con apoyo de Michigan Medicine, el centro académico médico de la institución. El nuevo artículo amplía un informe previo del sondeo, con un análisis más profundo de diferencias generacionales y relaciones con la salud.

Cómo medir la adicción a la comida

El equipo utilizó la versión modificada de la Yale Food Addiction Scale 2.0, conocida como mYFAS 2.0. Se trata de una herramienta estandarizada inspirada en los criterios que se usan para diagnosticar trastornos por uso de sustancias. La escala pregunta por 13 experiencias con alimentos y bebidas ultraprocesados que definen adicción, como antojos intensos, intentos repetidos y fallidos de reducir, síntomas de abstinencia y evitación de actividades sociales por miedo a comer en exceso. En este caso, la sustancia no es alcohol ni nicotina. Son alimentos altamente gratificantes como los dulces, la comida rápida y los refrescos. Al aplicar criterios clínicos de adicción a los ultraprocesados, el estudio resalta el modo en que estos productos pueden enganchar a las personas.

“Esperamos que este estudio cubra un vacío de conocimiento sobre la adicción a los ultraprocesados en adultos mayores, medida con una escala bien estudiada y estandarizada”, afirmó Lucy K. Loch, estudiante de posgrado en el Departamento de Psicología de la U-M. “Los adultos mayores de hoy vivieron una etapa clave de desarrollo cuando cambió el entorno alimentario del país. Con otras investigaciones que muestran vínculos claros entre el consumo de estos alimentos y el riesgo de enfermedad crónica y muerte prematura, es importante estudiar la adicción a ultraprocesados en este grupo de edad”.

A diferencia de los trastornos tradicionales por consumo de sustancias, históricamente más comunes en hombres mayores, la adicción a ultraprocesados muestra un patrón inverso. La prevalencia es mayor en mujeres mayores. Una posible explicación es el marketing agresivo de ultraprocesados “de dieta” dirigido a mujeres en la década de 1980. Galletas bajas en grasa, platos de microondas y otros productos ricos en carbohidratos se promovieron como soluciones para controlar el peso. Sus perfiles de nutrientes, diseñados para resultar irresistibles, pudieron reforzar patrones adictivos de alimentación. Las mujeres de 50 a 64 años de hoy pudieron estar expuestas a ultraprocesados durante una ventana de desarrollo sensible, lo que ayudaría a explicar los resultados del sondeo en este grupo, señaló la coautora Ashley Gearhardt, doctora en Psicología.

“Los porcentajes que observamos superan ampliamente los de adultos mayores con uso problemático de otras sustancias adictivas, como alcohol y tabaco”, dijo Gearhardt. “También vemos una asociación clara con la salud y el aislamiento social, con riesgos mucho mayores de adicción a ultraprocesados en quienes describen su salud mental o física como regular o mala, o dicen que a veces u a menudo se sienten aislados de los demás”.

Más sobrepeso, mayor adicción, peor salud mental

Las relaciones con el peso, el estado de salud y el aislamiento social destacan en los hallazgos. Las mujeres de 50 a 80 años que se perciben con sobrepeso tenían más de 11 veces más probabilidades de cumplir criterios de adicción a ultraprocesados que las que consideran que su peso es adecuado. Los hombres que se consideran con sobrepeso tenían 19 veces más probabilidades. Sin importar la edad, el 33% de las mujeres que se describieron con sobrepeso, el 13% de las que se describieron con ligero sobrepeso y el 17% de los hombres que se describieron con sobrepeso cumplieron criterios de adicción. En el total de la muestra, el 31% de las mujeres y el 26% de los hombres se dijeron con sobrepeso y el 40% de las mujeres y el 39% de los hombres se dijeron con ligero sobrepeso.

En salud mental, los hombres que informaron un estado regular o malo tenían cuatro veces más probabilidades de cumplir criterios de adicción a ultraprocesados. En mujeres, la probabilidad era casi tres veces mayor. En salud física, los hombres que informaron un estado regular o malo tenían tres veces más probabilidades de cumplir criterios. En mujeres, la probabilidad era casi el doble. El aislamiento social también pesó. Las personas que dijeron sentirse aisladas parte del tiempo o a menudo tenían más de tres veces más probabilidades de cumplir criterios que quienes no reportaron aislamiento.

El equipo sugiere que quienes se perciben con sobrepeso pueden ser especialmente vulnerables a los ultraprocesados “tuneados” con aura saludable. Son productos que se venden como bajos en grasa o calorías, o altos en proteína o fibra, pero siguen formulados para amplificar el atractivo y maximizar el antojo. “Estos productos se venden como alimentos saludables, lo que puede ser especialmente problemático para quienes intentan reducir las calorías que consumen”, dijo Gearhardt. “Esto afecta especialmente a las mujeres, por la presión social en torno al peso”. La idea es sencilla. Si una galleta parece saludable pero no sacia, la mano vuelve al paquete.

Mirando hacia adelante, la generación que hoy tiene entre 50 y primeros 60 años es la primera que ha vivido la mayor parte de su vida en un entorno alimentario dominado por ultraprocesados, señaló Gearhardt. “Estos hallazgos plantean preguntas urgentes sobre si hay ventanas críticas del desarrollo en las que la exposición a ultraprocesados es especialmente arriesgada para la vulnerabilidad a la adicción”, dijo. “Niños y adolescentes de hoy consumen proporciones aún mayores de calorías de ultraprocesados que los adultos de mediana edad de hoy consumían en su juventud. Si las tendencias actuales continúan, las generaciones futuras podrían mostrar tasas aún más altas de adicción a ultraprocesados en la vida tardía”. Añadió: “Al igual que con otras sustancias, intervenir temprano puede ser esencial para reducir el riesgo de adicción a lo largo de la vida”.

El estudio se basa en un sondeo representativo a escala nacional y en una escala diagnóstica validada. No ofrece recetas mágicas. Sí aporta un mapa de riesgos y una pista útil. El entorno alimentario importa y la biología responde. La combinación puede convertir la elección diaria del supermercado en una tormenta perfecta.

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