La fotografía de paisaje no se limita a inmortalizar un lugar, sino a capturar emociones, atmósferas y momentos que nos conectan con la naturaleza.
FoNat, el Encuentro Nacional organizado por FUJIFILM, ofrece un espacio donde los amantes de la fotografía pueden aprender, experimentar y descubrir nuevas formas de mirar el mundo natural a través de la lente. En esta entrevista, los fotógrafos Juan y Laura, Photography Makers, nos cuentan cómo entienden la fotografía de paisaje y su relación con la naturaleza.

¿Cómo comenzó vuestra relación con la fotografía de paisaje? ¿Recordáis ese primer momento en el que la cámara se convirtió en algo más que una afición?
Todo empezó en nuestro viaje de novios a Indonesia. Nos encontramos con unos paisajes que nos dejaron literalmente alucinando (selva, cascadas, arrozales…) y al volver sentimos que las fotos no hacían justicia a lo que habíamos visto. Ahí nos enganchamos de verdad.
A los dos nos dio muy fuerte a la vez. Desde entonces empezamos a dedicar prácticamente todo nuestro tiempo a la fotografía: hablábamos de fotografía a todas horas, buscábamos localizaciones y salíamos a practicar siempre que podíamos. También empezamos a tomarnos muy en serio la edición: aprender a gestionar la luz, el color y cómo hacer que la imagen transmita lo que queremos. En definitiva, la forma de viajar cambió completamente para nosotros y comenzamos a disfrutar mucho más de la naturaleza.

La naturaleza tiene su propio ritmo y no siempre se deja fotografiar. ¿Cómo gestionáis esa parte imprevisible?
Aceptando que manda ella. Siempre miramos mapas, meteorología, mareas, dirección del sol… todo eso ayuda. Pero luego llegas y el cielo no acompaña, o justo hay niebla donde querías un rayo de luz. Antes eso frustraba mucho más. Ahora, cuando el plan A no funciona, cambiamos nuestras expectativas y tratamos de aprovechar las condiciones que nos encontramos. Muchas de nuestras fotos favoritas vienen de días donde el plan previsto se vino abajo. Y si un día no hay nada que nos convenza, recogemos y volvemos otro día. No pasa nada. Eso también forma parte del proceso.
Habláis de la edición como una parte importante del proceso. ¿Qué buscáis conseguir al trabajar una imagen después de la toma?
La edición es una parte tan importante como la toma. Para nosotros es terminar de contar lo que viste y sentiste. La cámara registra muy bien la información de la imagen, pero no siempre recoge lo que estaba pasando en ese momento para ti: el frío, el silencio, o simplemente esa emoción de “wow” delante del paisaje. En la edición intentamos recuperar todo eso. Ajustamos luces y sombras para guiar la mirada, quitamos distracciones y trabajamos el color y la atmósfera para que la foto se parezca a lo que vivimos allí.
Esa forma de entender la fotografía es la base de nuestro proyecto Photography Makers: ayudar a otros fotógrafos a manejar la luz, controlar el color y editar con seguridad, para que sus imágenes no sean solo un registro del sitio, sino lo que quieren contar con él.

¿Qué importancia tiene para vosotros la luz, más allá de lo técnico, como elemento expresivo?
La luz es un componente esencial. Es la que decide si una escena es tranquila, dramática, íntima o plana. Una luz suave y baja transmite calma; una luz dura y lateral puede hacer una montaña parecer mucho más agresiva; una luz cálida da una sensación más acogedora… Por eso, cuando planificamos, lo primero que miramos no es solo el lugar, sino qué luz puede haber allí.
Y luego está el momento de la toma. La luz cambia muy rápido y hay situaciones que duran segundos. A veces se abre un claro entre nubes que muestra el paisaje de una forma increíble, y al minuto ha desaparecido. O cae una niebla baja que suaviza toda la escena y luego se disipa. Estar atentos a esos cambios es lo que te permite capturar no solo el sitio, sino la emoción del momento.
Si pudierais definir con una palabra lo que la fotografía de paisaje significa para vosotros, ¿cuál sería?
Libertad.