Cuando el turismo se convierte en un producto de consumo de masas, y quedan pocos sitios del planeta por explotar, la experiencia del viaje se devalúa. Todo el mundo publica las mismas fotos en redes sociales. Los recuerdos quedan tan retocados y filtrados como las imágenes de Instagram, y la conexión con las personas del lugar que se visita pasa a un segundo plano.

Pero quizá el verdadero viaje de lujo no es el más exclusivo, sino el más auténtico, el que nos permite crecer como seres humanos. Karem Pérez, fundadora de Speriencial Journeys, ha pasado más de 20 años buscando, y ofreciendo, viajes que son el origen de descubrimientos y de historias que contar.

Karem Pérez Speriencial Journeys

Darío Pescador: Tengo dos sobrinos que ya están en la universidad, pero a medida que crecían lo que hice fue llevármelos de viaje, me pareció el mejor regalo

Karem Pérez: Mira, Darío, cuando uno saca a un ser humano de su entorno, ahí hay un cambio. Cuando les das la oportunidad de estar en contacto con la naturaleza en un lugar donde nada se controla, la persona comienza a bajar sus revoluciones.

La Universidad de Stanford hizo un estudio donde vieron cómo se reducen los niveles de estrés en un 30% estando en contacto con la naturaleza. Pero no solamente eso, sino también la Universidad de Michigan comenzó a ver cómo, cuando tú comienzas a moverte, te aquieta la mente.

El cuerpo nos demanda estar en ese lugar. Cuando tú creas experiencias con tus hijos, con tus sobrinos, son recuerdos que, no solamente duran de por vida, sino que van entrelazándose y van creando a las personas en que se van convirtiendo. Pero es estar en contacto no solamente con la naturaleza, sino con los guardianes de esos lugares. El pastor que pasa por la vía. El que tiene esa pequeña bodega de vino desde hace generaciones, que hacen con una cepa que su tatarabuelo se trajo de Francia.

Preparamos un viaje de un abuelo, cuyo nieto le pidió ir a San Mames y comer en el restaurante de Arzak. Es una experiencia para conectar, es una experiencia para sentir, para saborear, para estar y para crear ese momento donde realmente se pueden mirar a los ojos y hablar, cosa que hoy en día no tenemos.

Karem Pérez Speriencial Journeys

Salto del Ángel

DP: Los estudios de neurofisiología hablan de la visión panorámica. De cómo cuando ampliamos el foco de visión, el cerebro se calma, porque controla su entorno. Pero si estamos enfocados en una sola cosa, como la pantalla del móvil, no sabemos quién viene por detrás y estamos en alerta. ¿Es esto lo que ocurre al viajar?

KP: Uno de los viajes que hizo mi esposo fue a Auyán-tepui, que es el tepui de donde desciende el Salto Ángel en Venezuela. En las faldas del tepui, en el Valle de Kamarata, vive una comunidad indígena pemona, donde no hay luz, no hay agua, no hay nada, sino la selva pura en su máximo esplendor. Nos contrataron para hacer un viaje para la YPO, Young President Organization. Fueron estos altos ejecutivos y llevaron a sus hijos. Niños que lo tienen todo. Llegaron al Valle de Kamarata y, aquí no hay Nintendo, aquí no hay Internet, empezaron a sufrir.

A mí me tocó contarles qué era el Valle de Kamarata, y se me ocurrió hacerlo a través de la película Up de Pixar, inspirada en Auyán-tepui y en Roraima. Al principio, su visión estaba totalmente enfocada, estos niños eran incapaces de ver a su lado. Vieron el video, vieron las fotos de Up y después le dije, ahora vamos a cerrar los ojos y vamos a salir, y los llevé a todos frente de Auyán-tepui. Ahí estaba, lo que habían visto en la película, frente a ellos. Tomó varios minutos que pudieran comenzar a ver a su alrededor. Cuando comenzaron a abrir el ángulo fue “wow, wow”. Comenzaron a escuchar el agua. Comenzaron a oler la jungla.

Ese proceso de ir quitando capas y de sensibilizarnos es lo que nosotros en Speriencial Journeys definimos viajes de lujo silencioso, dirigidos a personas muy curiosas, muy conscientes, activas y muy exigentes. Porque están buscando algo que poca gente haya visto. Hemos visto tantas cosas por redes, que hoy en día cuesta mucho impresionar.

Karem Pérez Speriencial Journeys

Auyantepui

DP: Mucha gente ha viajado en una semana más de lo que alguien hace 100 años viajaba en toda su vida. ¿Cada vez quedan menos sitios en el mundo que nos puedan sorprender?

KP: Hace 100 años la mayor parte del mundo conocía solamente 50 kilómetros a la redonda. El mundo ha cambiado muchísimo, sobre todo por la tecnología y el turismo. Ha cambiado la forma como vemos el mundo. Pero no es menos cierto que depende del tipo de viajero. Hoy en día hay gente que se siente muy cómoda yendo a los mismos lugares y haciéndolo público a través de las redes sociales. Pero hay un grupito muy diferente que ya lo ha visto casi todo y está buscando esos lugares donde realmente se puedan sorprender. Sorprende el tener acceso a esos territorios, a esas historias que pocas personas conocen.

La gente que iba a Venezuela antiguamente, iba a Canaima, veía la Auyán-tepui desde lejos, tomaba la foto y regresaba. Pero estar dentro de una de las comunidades indígenas más espectaculares de América Latina, con una cultura que casi totalmente desconocida porque no hay nadie que haya ido a descubrirla. Nosotros invitamos a un periodista de National Geographic que decía, yo he visto cosas, pero nunca me imaginé que una comunidad indígena vivía así.

Lo que impresiona es llegar a un lugar donde viven como hace dos siglos. Pero no es ir a verlo como un zoológico, sino ir a vivirlo. A dormir con ellos, a comer con ellos y a oír esas historias que el turismo hace que permanezcan vivas porque si tú no tienes a quién contárselo, si tú no tienes a nadie que lo valore, se van perdiendo.

Yo creo que es un turismo más democrático en un sentido, porque en la medida que las comunidades son beneficiarias, el turismo deja de ser un depredador para ser un sostén.

DP: ¿Cómo se convierte ese turista que se supone que es de alto poder adquisitivo en un soporte de esa comunidad que visita? ¿Y cómo se evita la contaminación cultural?

KP: En el primer viaje que tuvimos nosotros con YPO, estos hombres llegaron todos en sus avionetas, soberbios, creyéndose dios en la tierra. Comienza el viaje y comienza la caminata. Cuando comienzan a ver que no tienen el control, que estás en un territorio donde dependes de cómo está la naturaleza, dependes de otras personas, comienzan a caerse esas capas de rigidez y comienzan a descubrir a seres humanos que ellos mismos ni siquiera sabían que existían. Un español, ingeniero, después del viaje quedó tan tocado por la experiencia decidió estudiar Antropología. Hay personas que suben y bajan igual, sí, pero en nuestro caso hemos visto que el 90% baja diferente.

Respecto a la contaminación cultural, no hay cosa que un pemón Kamaracoto le guste más que una camiseta del Real Madrid. También le gustan las del Barça. Pero en la medida que ellos entiendan y valoren el peso que tiene su cultura, ese abuelito que cuenta su historia de cómo se creó mitológicamente el tepui, o su mamá, que es la que hace el cachiri y el cazave, perciben beneficio. Los porteadores comienzan a ver que se puede vivir con lo mejor de los dos mundos preservando lo que tú eres. Los pemones creen que si ellos te dicen su nombre en pemón, el hombre blanco le roba su alma, por lo que no dicen su nombre. A mí me ha llevado seis años conocer un nombre pemón. Ahí te das cuenta de que ellos siguen valorando y manteniendo como un tesoro su cultura.

DP: Ahora mismo, si quieres subir a la cumbre del Everest, solo es un problema de dinero. Puedes subir incluso en helicóptero y no tienes que escalar ni estar en forma.

KP: Es un asunto de estado, de país. ¿Cómo quiero yo que el turismo impacte a mi tierra? Bhutan, por ejemplo, no acepta más de 5.000 turistas al año. No les interesa porque quieren un turista que sea curioso, respetuoso, dispuesto a entrar y a entender cómo funcionan. Es como tu casa. En tu casa no tienes que dejar a entrar a todo el mundo.

Costa Rica, en su momento, quiso elevar el nivel de los viajeros, pero es algo que se produce desde una visión como estado, de cómo quiero yo que sea mi país. Cuando tú empoderas a la gente de abajo y dices: tú no tienes por qué permitir que pase todo.

DP: España es uno de los países que más turistas recibe del mundo, y sufre las consecuencias del turismo depredador. ¿Hay una lección aquí para España y otros países con una historia de turismo sobre cómo gestionar ese capital?

KP: Cuando tú no valoras lo que tienes y lo expones a la masa, pierde valor. Cuando yo genero algo porque sé lo que vale, porque yo le pongo precio a mi experiencia, a mi tradición, a mi cultura, y conecto con esa persona que está dispuesta a pagarlo, ahí es donde hay un mercado real. Como diría Marcel Proust, ir a descubrir no significa ir a ver cosas nuevas, sino ver lo antiguo con ojos nuevos. España es un país que tiene las capas de historia más profundas que hay. Pero si tú no lo sabes contar, si no lo sabes promover, y si no sabes a quién se lo quieres contar, pues vamos a seguir siendo masificados.

Nosotros hacemos viajes fuera de los circuitos tradicionales porque, donde hay este turismo de preservación, hay mucho más dinero para el habitante local. España es un país que no sabe lo que tiene. Nosotros como latinoamericanos alucinamos, cuando llegamos de un paseo en bicicleta por la Rioja y vemos estos viñedos, o terminamos en un taller de escritura medieval en el monasterio de Yuso. El patrimonio no es solamente el natural, es el cultural. Aquí hay mucho por descubrir.

DP: Pero al final el turismo es un mercado y en los mercados se intenta atender a todos los segmentos de consumidores. ¿Cómo convive el turismo más selecto, de mayor precio, más respetuoso, con la demanda real de turistas británicos que quieren la cerveza más barata posible?

KP:  Yo creo que en la medida que los viajeros van evolucionando y en la medida que tú tengas la capacidad de tener nichos bien definidos de lo que puedes ofrecer como país, como tú dices, es un mercado, y decides cuál es el producto que quieres vender. Decides si quieres sol y playa o algo más. Desde el punto de vista de marketing es entender a quién le quieres hablar, conocer claramente sus expectativas, y como dicen ustedes, ir a por ello.

Pasa en Italia, estuve y mi hija no pudo ver la Fontana de Trevi ni montada en los hombros de su papá, ni tirar su monedita para pedir un deseo de toda la cola gente que había. Pero, por ejemplo, Venezuela llegó a un punto en que era uno de los países más interesantes de observación de aves, y ahí compites con Costa Rica. Hay que estudiar qué hay en el mercado y qué necesidades no están cubiertas. Creo que el turismo puede ser una herramienta muy poderosa para poder preservar y visibilizar el patrimonio y la cultura de cualquier país.

DP: Siempre he dicho que hay turistas que van dentro de una burbuja de su propia cotidianeidad. Se llevan la comida de casa, están hablando con compatriotas suyos que quizá viven en el mismo barrio, son amigos, y dentro del autobús que los lleva de un sitio a otro es como si fueran astronautas que bajan a la superficie de un planeta extraño, no tienen ningún contacto y vuelven enseguida.

KP:  Lo que dices es tan cierto: el turista burbuja, me encantó esto. Te lo voy a robar. Mira, es una decisión de vida. Los seres humanos que viven en una burbuja no salen de ella porque tienen pánico a enfrentarse con su propio yo y con su silencio. No importa donde los pongas, en el lugar más maravilloso, no van a salir.  Y tienes el otro que asume el riesgo de salir, y escuchar, y tocar, y probar.  Por eso, cuando yo me siento delante de una persona como tú, le voy a decir: hoy te voy a dar a probar gusanos de moriche, típicos de esta zona de Kamarata. Y los hago a la brasa.

DP: ¿Por qué falta irse al otro lado del mundo? Hay muchos descubrimientos que están al lado de casa.

KP: La gente siempre cree que lo de afuera está mejor, y la hierba del vecino es más verde, pero lo tienes aquí. Lo tienes en la conversación, cuando vas a la Alpujarra profunda y haces una caminata con el último vaquero que existe, que pastorea su ganado en la Sierra Nevada. Conectas con esos saberes, con ese sentir, y en ese señor, en sus ojos, ves una paz que quizás tú nunca has sentido.