El riesgo hereditario de depresión altera el patrón de movimientos oculares de los niños cuando observan caras con distintas expresiones emocionales

La depresión mayor es la enfermedad mental más prevalente del mundo, y uno de los mayores desafíos clínicos es identificar a las personas vulnerables antes de que desarrollen su primer episodio, cuando la intervención preventiva es más eficaz.

El riesgo familiar (tener un padre o madre con depresión) multiplica por tres la probabilidad de desarrollar depresión a lo largo de la vida, pero la mayoría de los hijos de personas con depresión no desarrollan la enfermedad: entre el riesgo genético heredado y la aparición de los síntomas hay un largo período en que la vulnerabilidad existe pero aún no se ha manifestado. Identificar marcadores biológicos o cognitivos de esa vulnerabilidad latente es una de las prioridades de la investigación en psiquiatría preventiva.

El experimento y los resultados

El equipo de la Queen’s University Belfast reclutó 103 niños de entre 7 y 12 años, divididos en dos grupos según el historial de depresión de sus padres: un grupo de «alto riesgo» (al menos un padre con diagnóstico confirmado de trastorno depresivo mayor) y un grupo de «bajo riesgo» (sin antecedentes familiares de depresión).

Los niños de alto riesgo miraban los ojos y la boca de las caras con expresión de tristeza durante más tiempo

Todos los niños tenían salud mental normal en el momento del estudio. La prueba consistió en mostrar a los niños una serie de caras con expresiones emocionales (felicidad, tristeza, enojo, miedo, neutralidad) mientras un sistema de seguimiento ocular de alta precisión registraba en qué partes de la cara miraban y durante cuánto tiempo. Los resultados mostraron diferencias significativas entre los dos grupos que dependían del historial familiar pero no de los síntomas actuales.

Los niños de alto riesgo familiar mostraban un sesgo atencional hacia las caras tristes: miraban los ojos y la boca de las caras con expresión de tristeza durante más tiempo que los niños de bajo riesgo. Los niños de bajo riesgo, por contra, mostraban una reducción de la atención a la tristeza respecto al grupo de alto riesgo, posiblemente reflejando una forma de regulación emocional diferente.

Esas diferencias en el patrón de movimiento ocular son estadísticamente robustas y son un marcador potencial de vulnerabilidad depresiva que es detectable antes de que aparezcan síntomas clínicos. El equipo ya trabaja en un estudio longitudinal que seguirá a estos niños durante 5 años para determinar si los que mostraron el patrón de alto riesgo tienen efectivamente mayor probabilidad de desarrollar depresión en la adolescencia.

Las implicaciones para la prevención de la depresión en la infancia

La detección precoz de la vulnerabilidad depresiva en niños tiene un potencial preventivo considerable. Los programas de intervención cognitivo-conductual diseñados específicamente para hijos de padres con depresión (como el programa «Offspring of Parents with Affective Disorders» de David Brent en Pittsburgh) han demostrado reducir el riesgo de inicio depresivo en adolescentes con antecedentes familiares. Pero esos programas son costosos, requieren tiempo clínico cualificado y resultan difíciles de escalar a poblaciones grandes.

Si el análisis del patrón de movimiento ocular ante caras emocionales pudiera convertirse en una prueba de cribado automatizada (el seguimiento ocular es una tecnología disponible en tablets y ordenadores modernos con las cámaras adecuadas), sería posible identificar a los niños con mayor necesidad de intervención preventiva sin necesitar evaluaciones clínicas costosas.

El equipo de la Queen’s University Belfast ya trabaja en la validación de un protocolo simplificado que pueda administrarse de forma remota y automatizada, con el objetivo de que pueda eventualmente ser utilizado en entornos escolares o por pediatras de atención primaria como herramienta de cribado de riesgo mental en la infancia.

REFERENCIA

Transactional relations between attentional biases for affective stimuli and depressive symptoms in offspring of mothers with and without major depressive disorder