¿Los años te han cambiado la personalidad? Mucho más de lo que crees

personalidad con los años

Una encuesta revela que la gente cree que la personalidad es de las cosas que menos cambian en la vida, pero es exactamente al revés

El psicólogo William James afirmó que la personalidad queda "fijada como el yeso" en torno a los 30 años. Era una metáfora poderosa, y resultó ser errónea. Décadas de investigación longitudinal han demostrado que los rasgos de personalidad siguen cambiando a lo largo de toda la vida adulta, de formas predecibles y a menudo sustanciales.

Lo que no ha cambiado es lo que la mayoría de la gente cree. Un nuevo estudio acaba de medir la brecha entre creencia y realidad con la mayor base de datos longitudinal utilizada para esta pregunta hasta la fecha, y la brecha es mayor de lo que los propios investigadores esperaban.

Índice
  1. Lo que 887 personas creían
  2. Lo que 166.971 personas realmente experimentaron
  3. Cómo cambia cada rasgo
  4. Por qué la gente subestima su propio cambio
  5. Por qué importa creer que la personalidad puede cambiar
  6. REFERENCIA

Lo que 887 personas creían

El equipo de Amanda J. Wright (Universidad de Zúrich), junto con las investigadoras Christopher Hopwood y Wiebke Bleidorn, comenzó encuestando a 887 adultos estadounidenses representativos de la población. Les pidieron que estimaran cuánto cambian los "Big Five", los cinco grandes rasgos de personalidad (extraversión, amabilidad, responsabilidad, neuroticismo y apertura a la experiencia) en distintos tramos de la vida, desde los 15 hasta los 90 años.

Junto a esa tarea, los participantes también puntuaron el cambio de otros aspectos vitales: satisfacción con la vida, salud física, ingresos, calidad de las relaciones, situación laboral, ocio y más de una docena de otros dominios.

La personalidad quedó en los últimos puestos de prácticamente todas las listas. Los participantes consideraban que cambiaba menos que los ingresos, menos que la salud, menos que las relaciones personales, menos que casi cualquier otra dimensión de la vida que se les preguntó. El modelo mental más extendido sobre la personalidad es el de una sustancia que se asienta pronto y ya no se mueve. Los resultados del estudio, publicado en la revista Communications Psychology, muestran que ese modelo no resiste el contraste con los datos.

Lo que 166.971 personas realmente experimentaron

La segunda parte del trabajo usó ocho grandes estudios longitudinales de Estados Unidos, Alemania, Australia y los Países Bajos, que en conjunto siguieron a 166.971 personas durante años o décadas con mediciones repetidas de personalidad. Los investigadores calcularon dos tipos de cambio. El cambio neto captura la dirección general del movimiento de cada rasgo de un punto al siguiente: sube o baja la extraversión entre los 25 y los 50 años.

El cambio acumulado captura cada subida y bajada a lo largo del tiempo, incluyendo los que se compensan entre sí y no dejan huella en el resultado final. Alguien que se volvió mucho más ansioso durante una década difícil antes de recuperarse puede mostrar poco cambio neto, pero un cambio acumulado muy alto.

En ambas métricas, los cambios reales en personalidad fueron notablemente mayores que lo que la gente había predicho. Las personas subestimaron el cambio de personalidad en el 90% de las comparaciones año a año. En las comparaciones que abarcaban el arco completo de la vida adulta, de los 15 a los 90 años, subestimaron el cambio en todos los casos, en los cinco rasgos, sin ninguna excepción.

La magnitud de los cambios reales fue también llamativa: cuando los investigadores estandarizaron los datos para permitir comparaciones directas, los cambios en los rasgos del Big Five resultaron comparables a los cambios en satisfacción vital, salud física, ingresos y calidad de las relaciones, y en muchos períodos mayores que ellos. La gente creía que la personalidad era de las cosas menos cambiantes de su vida. Los datos mostraron que estaba entre las más cambiantes.

Cómo cambia cada rasgo

Los datos longitudinales ofrecen también un mapa específico de cómo evoluciona cada rasgo con la edad. El neuroticismo, la tendencia a las emociones negativas intensas y la ansiedad reactiva, tiende a declinar a lo largo de casi toda la vida adulta. Las personas se vuelven emocionalmente más estables con la edad, y ese descenso continúa hasta bien entrada la vejez. La responsabilidad aumenta desde la vida adulta temprana hasta los cincuenta o sesenta años, empujada por las demandas del trabajo, la familia y las finanzas.

La amabilidad también tiende a aumentar, aunque con mayor variabilidad individual. La apertura a la experiencia muestra una trayectoria más compleja: se mantiene estable o crece en la madurez y tiende a declinar en la vejez, con variaciones según el nivel educativo. La extraversión presenta las trayectorias más variables entre estudios e individuos. Estas son medias poblacionales: la variación individual alrededor de esas tendencias es enorme, y no todos siguen el patrón medio.

Por qué la gente subestima su propio cambio

Los investigadores identifican varios mecanismos que producen este error sistemático. El primero es lo que la psicología llama la ilusión del fin de la historia: la tendencia documentada a reconocer que uno ha cambiado mucho en el pasado mientras se cree simultáneamente que la versión actual de uno mismo es ya bastante definitiva. Alguien a los 45 puede ver con claridad lo diferente que era a los 20, pero tiende a asumir que quien es a los 45 es aproximadamente quien seguirá siendo.

El futuro yo que habrá hecho el cambio no existe todavía como referencia mental, así que resulta difícil de imaginar. El segundo es que la personalidad se siente estable desde dentro. La variación cotidiana es pequeña; los cambios que se acumulan a lo largo de una década suceden tan despacio que son prácticamente invisibles cuando uno los vive desde dentro. El tercero es cultural: los sistemas populares de clasificación de personalidad más conocidos, MBTI, Eneagrama, signos astrológicos, asignan a las personas categorías fijas. El lenguaje mismo de la autoayuda refuerza la estabilidad, con frases del tipo "sé tú mismo" que asumen una esencia inmutable.

Por qué importa creer que la personalidad puede cambiar

La brecha entre lo que se cree y lo que ocurre tiene consecuencias prácticas. Si alguien cree que su personalidad es esencialmente fija, tiene menos probabilidades de intentar cambiarla cuando sus patrones actuales le están causando problemas. El neuroticismo, por ejemplo, está asociado a peores resultados de salud a lo largo de la vida, y hay intervenciones documentadas que lo reducen y producen mejoras reales en el bienestar.

Si alguien interpreta que su alto neuroticismo es simplemente quien es, sin embargo, resulta difícil que intente o sostenga esas intervenciones. Los propios autores señalan que comunicar mejor la maleabilidad de la personalidad podría tener consecuencias reales para quienes podrían beneficiarse del cambio.

El estudio también señala un límite en cómo los científicos comunican su propia investigación. Cuando describen la personalidad en términos de diferencias individuales estables, lo están haciendo de forma precisa en escalas cortas de tiempo. Ese mismo lenguaje, proyectado sobre toda una vida, alimenta la creencia de que la personalidad es permanente. Los autores concluyen con un mensaje que resulta a la vez empírico y algo liberador: el yo que crees que estás llegando a ser es probablemente menos permanente de lo que piensas.

REFERENCIA

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