China prohibió comprar más de un piso, entonces vinieron los divorcios

pisos en China

La restricción de compra de vivienda de 2010 en China causó divorcios estratégicos que explican por sí solos casi una quinta parte del aumento nacional.

En 2010, el gobierno chino impuso restricciones de compra de vivienda en las ciudades con mayor escalada de precios. La norma limitaba a uno o dos los inmuebles que un hogar registrado podía adquirir, con el objetivo de frenar la especulación y aplacar una burbuja inmobiliaria que amenazaba con descontrolarse. Lo que nadie anticipó es que miles de parejas encontrarían una vía de escape en el código civil.

Bastaba divorciarse sobre el papel para volver a ser, cada uno, un comprador individual con derechos plenos de adquisición. Los economistas Yunjie Chen, Yongzheng Liu y Hailun Wei, de la Universidad Renmin de China, han cuantificado esa distorsión en un estudio publicado en el Review of Economics and Statistics.

Índice
  1. La limitación que transformó el mercado
  2. El divorcio como estrategia de compra
  3. El 19,9 % del aumento nacional de divorcios
  4. La lección para el diseño de políticas públicas
  5. REFERENCIA

La limitación que transformó el mercado

La política de restricción de compra (conocida en China como 限购, xiànggòu) se aplicó a partir de 2010 en decenas de ciudades con mercados inmobiliarios recalentados, entre ellas Pekín, Shanghái, Shenzhen y Guangzhou. Cada municipio fijó sus propias condiciones, aunque el principio común era el mismo: los hogares con residencia registrada podían comprar un máximo de una o dos propiedades; los hogares sin empadronamiento local tenían vedado el mercado salvo que acreditasen años de cotizaciones sociales. La medida consiguió su objetivo inmediato en varias ciudades, moderando los precios durante los años de aplicación más estricta. La consecuencia no calculada tardó algo más en hacerse visible.

El divorcio como estrategia de compra

La ley definía el "hogar" como unidad de compra. Una pareja casada contaba como un único hogar y, por tanto, solo podía comprar dentro de los límites fijados. Al divorciarse, cada cónyuge pasaba a ser un hogar unipersonal con sus propias cuotas de adquisición. La aritmética resultaba sencilla. Una pareja con una vivienda en propiedad no podía adquirir una segunda sin saltar la norma; divorciados, cada uno podía comprar una más. El trámite era reversible. Una vez cerrada la operación inmobiliaria, los ex cónyuges podían volver a casarse. Este ciclo de divorcio, compra y reconciliación recibió el nombre popular de 假离婚 (jiǎ líhūn, "divorcio falso") y se convirtió en un fenómeno ampliamente documentado por los medios chinos durante la primera mitad de la década de 2010.

El 19,9 % del aumento nacional de divorcios

Los autores aplicaron un modelo de diferencias en diferencias comparando los municipios que adoptaron las restricciones con los que no lo hicieron, cruzando los datos con registros civiles de toda China. Los resultados muestran que la política aumentó la tasa de divorcios en las ciudades afectadas en 0,436 puntos por mil, un efecto estadísticamente robusto. De manera corroborante, la tasa de "restauración matrimonial" (parejas divorciadas que se volvieron a casar) creció también en 0,195 puntos por mil en los mismos municipios, la huella del divorcio estratégico seguido de reconciliación. En conjunto, el efecto de la restricción de compra explica el 19,9 % del incremento total de divorcios registrado en China durante el período analizado, lo que convierte a la política inmobiliaria en uno de los factores más relevantes del cambio en las estadísticas matrimoniales del país.

La lección para el diseño de políticas públicas

El caso chino es un ejemplo de libro de lo que los economistas llaman "respuesta de elusión conductual", el patrón por el que los agentes buscan formas creativas de sortear una restricción generando costes colaterales que a menudo superan a los previstos. Chen, Liu y Wei señalan que sus hallazgos tienen implicaciones directas para el diseño de políticas de enfriamiento del mercado inmobiliario, especialmente en países donde el derecho de familia y el derecho fiscal están desacoplados.

China intentó cerrar el agujero con nuevas medidas a partir de 2013, exigiendo períodos mínimos tras el divorcio antes de poder comprar como soltero, con resultados desiguales. Más allá de China, el estudio aporta evidencia cuantitativa sólida de algo que los economistas conocen bien en teoría. Las regulaciones bien intencionadas producen a veces efectos secundarios que alteran el tejido social de formas difíciles de prever desde el despacho donde se redacta la ley.

REFERENCIA

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