Terapia hormonal para la menopausia: a pesar de lo que se decía, es segura para el corazón
Un estudio israelí con 12 años de seguimiento no encontró más infartos, ictus ni trombos en las mujeres que empezaron terapia hormonal antes de los 60
Durante más de dos décadas, millones de mujeres renunciaron a tratar los sofocos, el insomnio o la sequedad vaginal de la menopausia por miedo a que las hormonas les provocaran un infarto, según les decían sus médicos. Ahora, un estudio con más de 52.000 mujeres israelíes, presentado en las Sesiones Científicas de la Asociación Americana del Corazón (AHA), aporta nuevos datos. Las mujeres que empezaron una terapia hormonal moderna entre los 45 y los 59 años no tuvieron más problemas cardiovasculares que las que no la usaron, ni siquiera tras años de tratamiento.
Para entender la polémica hay que volver a 2002. Ese año, el ensayo estadounidense Women's Health Initiative (WHI) se detuvo antes de tiempo al detectar más infartos, ictus y trombos en las mujeres que tomaban una combinación de estrógenos y progestágenos en pastillas. La noticia dio la vuelta al mundo y el uso de la terapia hormonal se desplomó.
El problema es que muchas participantes de aquel estudio tenían más de 60 o 70 años y habían pasado la menopausia hacía mucho. Los análisis posteriores dieron forma a la llamada hipótesis de la ventana de oportunidad. Según esta idea, los estrógenos protegen los vasos sanguíneos cuando se empiezan a tomar pronto, mientras que en arterias ya envejecidas y con placas de colesterol pueden resultar perjudiciales.
Doce años de historiales médicos
El nuevo trabajo, dirigido por Ronen Arbel, investigador de Clalit (la mayor aseguradora sanitaria de Israel) y del Sapir College, analizó los historiales médicos de 52.330 mujeres de entre 45 y 59 años sin antecedentes de enfermedad cardiaca, trombos ni cáncer. La mitad empezó una terapia hormonal, sobre todo en pastillas o parches, aunque también en gel. La otra mitad había ido recientemente al ginecólogo y no la empezó. Los investigadores emparejaron a cada usuaria con otra mujer similar en edad, peso, tensión arterial, colesterol, diabetes, tabaquismo y nivel socioeconómico.
El seguimiento duró de media 12 años, y en algunos casos hasta 23. Al final de ese periodo, el 4,4 % de las mujeres que usaron la terapia hormonal había sufrido un infarto, un ictus u otro problema cardiovascular, frente al 4,6 % de las que no la usaron. La proporción de muertes antes de los 80 años fue del 1,3 % y el 1,2 %, respectivamente. Los trombos, uno de los efectos secundarios más temidos, afectaron exactamente al mismo porcentaje en los dos grupos, un 0,33 %. Los resultados fueron similares con pastillas, parches y geles.
"Nuestros resultados indican que, en mujeres de entre mediados de los cuarenta y finales de los cincuenta sin antecedentes de enfermedad cardiaca o trombos, las terapias hormonales disponibles actualmente no parecen aumentar el riesgo de infarto, ictus, trombos o muerte prematura, incluso tras un uso prolongado", resume Arbel.
Un miedo que frena el tratamiento
Según el investigador, la preocupación por el corazón es una de las razones más frecuentes por las que las mujeres rechazan la terapia hormonal, y también la causa de que algunos médicos duden en ofrecerla. El clima ha cambiado en los últimos años. En noviembre de 2025, la agencia estadounidense del medicamento (FDA) retiró de estos productos la advertencia de recuadro negro, la más seria de su etiquetado, tras revisar la evidencia más reciente. El Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos recomienda empezar el tratamiento en los 10 años siguientes al inicio de la menopausia y antes de los 60.
Para la cardióloga Stacey Rosen, expresidenta de la AHA y ajena al estudio, este trabajo "se suma a las crecientes pruebas de que las opciones actuales de terapia hormonal pueden no aumentar el riesgo de enfermedad cardiaca, ictus o trombos en mujeres sanas que empiezan el tratamiento en torno a la menopausia".
Un triunfo más para la terapia hormonal
Los resultados deben leerse con cierta cautela. Se trata de un estudio observacional, de modo que no puede demostrar causa y efecto. Las mujeres que eligen la terapia hormonal pueden diferir de las demás en aspectos que los investigadores no midieron, como el ejercicio, la dieta o la intensidad de sus síntomas.
Tampoco significa que todas las formas de terapia hormonal sean iguales. Investigaciones anteriores han relacionado los estrógenos en pastillas con un mayor riesgo de trombos que los parches o geles, que se absorben a través de la piel y evitan el paso por el hígado. Los resultados solo se aplican a mujeres sanas que empiezan antes de los 60.
En cualquier caso, el mensaje de fondo coincide con el de Rosen. Estos datos pueden ayudar a que cada mujer hable con su médico de los beneficios y riesgos del tratamiento según su situación, sin que el miedo heredado de 2002 decida por ella.
REFERENCIA
- Long-term study finds modern hormone replacement therapy not linked to heart disease risk. Arbel R, et al. Resumen presentado en las Sesiones Científicas 2026 de la American Heart Association, noviembre de 2026.
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