Aunque es extremadamente difícil, el astrofísico Cosimo Bambi sostiene que una misión interestelar para enviar una pequeña nave espacial al agujero negro más cercano no es imposible.
La decisión podría eliminar los únicos satélites federales diseñados para medir gases de efecto invernadero. Científicos califican la medida como absurda y peligrosa para la lucha climática.