El instrumento SHERLOC del rover Perseverance ha detectado carbono macromolecular en el cráter Jezero, que refuerza la hipótesis de que en el pasado el Planeta Rojo pudo albergar vida

Desde 2021, el rover Perseverance de la NASA recorre el fondo de lo que hace 3.700 millones de años fue un lago en el interior del cráter Jezero, en Marte. Durante este tiempo ha recogido muestras, analizado minerales y enviado datos suficientes para varias carreras científicas. Hoy, en un nuevo artículo publicado en Science Advances, el equipo del instrumento SHERLOC describe lo que sus propios autores califican como «la detección orgánica más sólida realizada hasta la fecha en el cráter Jezero»: cientos de puntos de carbono macromolecular (MMC) distribuidos en dos lodolitas de la formación Bright Angel, la primera vez que este tipo de carbono complejo se detecta en una superficie rocosa natural marciana.

Qué es el carbono macromolecular y por qué importa

El carbono macromolecular no es una molécula orgánica simple. Es una estructura de anillos de carbono enlazados entre sí, similar en su complejidad a la que forma el carbón o, en contextos biológicos, a la de algunos polímeros producidos por microorganismos. No hay una única forma de producirlo: puede originarse en procesos geológicos puramente abióticos (como el calentamiento de rocas ricas en carbono por flujos de magma), pero también puede ser un producto de la actividad biológica o de la preservación de materia orgánica de origen biológico a lo largo de miles de millones de años.

Lo que lo hace especialmente interesante para la búsqueda de vida es su resistencia. El MMC puede sobrevivir a condiciones extremas de temperatura, radiación y tiempo geológico que destruyen moléculas orgánicas más frágiles. Si alguna vez hubo vida microbiana en Marte, el carbono macromolecular sería exactamente el tipo de huella química que podría preservarse en la roca durante miles de millones de años.

La detección: SHERLOC y el espectrómetro Raman

El instrumento SHERLOC (Scanning Habitable Environments with Raman and Luminescence for Organics and Chemicals) usa espectroscopía Raman para identificar moléculas en las rocas sin necesidad de tocarlas. Cuando un láser impacta sobre una molécula, la dispersión de luz que produce tiene un patrón espectroscópico único para cada tipo de compuesto, una especie de huella dactilar química. En el caso del carbono macromolecular, la señal característica es la llamada «banda G», un pico espectroscópico que indica la presencia de anillos de carbono aromáticos o grafíticos enlazados en estructuras complejas.

El equipo detectó esa señal en cientos de puntos de dos lodolitas en la formación Bright Angel, en el borde de Neretva Vallis, el antiguo canal de río que alimentaba el delta occidental del cráter Jezero. Una de esas lodolitas es la roca Cheyava Falls, la misma que en 2025 generó un intenso debate científico al mostrar unas manchas con patrón de leopardo asociadas a minerales de hierro y fosforita que algunos investigadores propusieron como posibles biosignaturas. La otra es una roca diferente del mismo afloramiento.

«Las mediciones de dos lodolitas muestran cientos de detecciones orgánicas, convirtiéndose en la detección orgánica más sólida en el cráter Jezero hasta la fecha, y, según nuestro conocimiento, la única detección de carbono macromolecular en una superficie rocosa natural de Marte», escriben los autores en el paper.

El contexto: dos papers distintos, una imagen coherente

El hallazgo de hoy en Science Advances se une a otro trabajo publicado en septiembre de 2025 en Nature que analizó en detalle la geología y la geoquímica de las mismas rocas de Bright Angel. Ese paper documentó texturas nodulares y frentes de reacción química asociados a minerales de hierro (vivianita y greigita) y propuso que el carbono orgánico en las rocas había participado en reacciones redox posteriores a la deposición, produciendo esos minerales de hierro en un proceso que en la Tierra está estrechamente asociado con la actividad bacteriana, aunque también puede ocurrir sin ella.

Juntos, los dos papers describen rocas sedimentarias antiguas con carbono complejo, minerales de hierro de origen potencialmente biogénico, carbonatos, sulfatos y fosfatos (ingredientes esenciales para la vida tal como la conocemos) y texturas compatibles con biosignaturas. Ninguno de los dos papers afirma haber encontrado evidencia de vida. Ambos dicen que el conjunto de características «merece consideración como potencial biosignatura».

Aún no se puede afirmar que hubo vida, pero aumentan las posibilidades

La palabra «biosignatura» es una de las más cargadas de malentendidos en la comunicación científica sobre Marte. Una biosignatura es cualquier característica que podría indicar la presencia de vida pasada o presente, no una prueba de que esa vida existió. El carbono macromolecular en estas rocas es compatible con un origen biológico, pero también con múltiples procesos abióticos bien documentados, como la pirólisis de carbonáceos extraterrestres depositados por meteoritos o la síntesis hidrotermal. Determinar cuál de esas posibilidades es la más probable requiere análisis isotópicos de precisión que solo pueden realizarse en laboratorios terrestres, no con los instrumentos del rover.

Eso remite al estado actual del programa de retorno de muestras de Marte. Perseverance ha recogido muestras de estas y otras rocas de Jezero en tubos sellados depositados en la superficie marciana para ser recuperados en el futuro. Pero la misión Mars Sample Return de la NASA, que debía traerlos a la Tierra en torno a 2033, ha sido declarada «financieramente insostenible» por la administración Trump en su propuesta presupuestaria de 2026. En este momento, la posibilidad más concreta de que esas muestras lleguen a un laboratorio terrestre dentro de este siglo la ofrece la misión china Tianwen-3, programada para lanzarse no antes de 2028 y con destino a un sitio diferente al de Perseverance.

«Esta es también la primera detección de MMC en una lodolita en Marte fuera del cráter Gale, lo que sugiere que la disponibilidad de orgánicos puede haber sido generalizada en todo el planeta hace miles de millones de años», señaló Kyle Uckert, subdirector principal de SHERLOC en el Laboratorio de Propulsión a Reacción de la NASA. Que el mismo tipo de química orgánica aparezca en dos cráteres separados por 3.500 kilómetros, en tipos de roca diferentes, es el hallazgo con más peso para la astrobiología: no señala un fenómeno local, sino una química potencialmente planetaria.

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