Un avance que abre nuevas puertas para investigar sus propiedades terapéuticas y desarrollar versiones más seguras de este compuesto psicoactivo

La ibogaína es un alcaloide psicoactivo extraído de la planta africana Tabernanthe iboga que produce profundos y duraderos efectos psicodélicos. En los últimos años ha despertado mucho interés por su potencial para tratar adicciones y depresión. Sin embargo, su obtención a partir de la planta es limitada y conlleva riesgos cardíacos para personas sensibles. Ahora, su síntesis total en laboratorio, como la lograda por científicos de la Universidad de California, Davis, permite producirla sin depender de las plantas y explorar variantes más seguras y efectivas.

Investigadores del Instituto de Psicodélicos y Neuroterapéutica de la Universidad de California, Davis (UC Davis IPN), han logrado sintetizar completamente la ibogaína y varios compuestos relacionados a partir de la piridina, una sustancia química barata y ampliamente disponible. Los resultados, publicados en Nature Chemistry, podrían revolucionar la investigación sobre este compuesto, conocido por sus propiedades anti-adictivas y antidepresivas.

En un estudio publicado en Nature Chemistry, investigadores de la UC Davis informan del éxito de la síntesis total de ibogaína, análogos de ibogaína y compuestos relacionados a partir de piridina, una sustancia química relativamente barata y ampliamente disponible. Aquí vemos una neurona tratada con el análogo de la ibogaína (-)-10-fluoroibogamina, que mostró efectos excepcionales sobre el crecimiento y la conexión neuronales. Crédito
Andy Domokos/UC Davis

En un estudio publicado en Nature Chemistry, investigadores de la UC Davis informan del éxito de la síntesis total de ibogaína, análogos de ibogaína y compuestos relacionados a partir de piridina, una sustancia química relativamente barata y ampliamente disponible. Aquí vemos una neurona tratada con el análogo de la ibogaína (-)-10-fluoroibogamina, que mostró efectos excepcionales sobre el crecimiento y la conexión neuronales. Crédito: Andy Domokos/UC Davis

El equipo consiguió sintetizar cuatro alcaloides naturales relacionados con la ibogaína, así como varias versiones modificadas, con rendimientos de entre un 6% y un 29% en solo seis o siete pasos, un avance significativo frente a intentos previos.

«La estructura química de la ibogaína es compleja, lo que dificulta su producción en grandes cantidades. Esto ha limitado el desarrollo de versiones mejoradas», explica David E. Olson, autor principal del estudio y director del IPN. «Con la síntesis total, podemos fabricarla sin depender de toneladas de material vegetal y crear nuevas versiones con propiedades interesantes».

A pesar del riesgo cardíaco asociado a la ibogaína, su popularidad ha crecido como tratamiento para trastornos por consumo de sustancias, lesiones cerebrales traumáticas y otras afecciones. «Algunas personas buscan formas de administrarla con mayor seguridad, con monitoreo cardíaco y suplementación con magnesio», señala Olson. «Pero quizás necesitemos una ‘ibogaína 2.0’, una versión mejorada sin riesgos cardíacos pero con los mismos efectos terapéuticos».

Análogos prometedores

Entre las versiones sintetizadas, Olson destaca dos compuestos de especial interés. El primero es una versión en «imagen especular» de la ibogaína, lo que en química se conoce como quiralidad, un fenómeno en el que ciertas moléculas son como manos izquierda y derecha: parecidas pero no superponibles. «La naturaleza solo produce una versión de la ibogaína», explica Olson. «Si sus efectos terapéuticos dependen de su interacción con otra molécula quiral, como una enzima o un receptor, solo la versión natural funcionaría. Si no, ambas deberían tener efecto».

Al probar la ibogaína y su imagen especular en neuronas, descubrieron que solo la versión natural promovía el crecimiento neuronal. «Esto sugiere que su acción se debe a la interacción con un receptor específico», añade Olson. «Aún no sabemos exactamente cuál, pero esta molécula nos ayuda a investigarlo».

El segundo análogo es el (-)-10-fluoroibogamina, que en experimentos mostró efectos excepcionales en la estructura y función neuronal, promoviendo crecimiento y reconexión. También tuvo un impacto significativo en los transportadores de serotonina, proteínas clave en la regulación de este neurotransmisor. «El transportador de serotonina es el blanco de muchos antidepresivos y se cree que es relevante en la eficacia terapéutica de la ibogaína», explica Olson.

Los investigadores consideran que el (-)-10-fluoroibogamina debería ser estudiado más a fondo como posible tratamiento para trastornos por consumo de sustancias, depresión y enfermedades neuropsiquiátricas relacionadas.

Hacia medicamentos más seguros y eficaces

El trabajo del equipo de UC Davis es el resultado de 10 años de investigación y exploración de distintas rutas sintéticas con diversos grados de éxito. «Muchas versiones de la ibogaína no se pueden producir fácilmente porque requieren materiales costosos o difíciles de obtener», comenta Olson. «Nuestro enfoque se basa en sustancias abundantes y baratas, ensamblando las piezas en solo unos pocos pasos. Nuestro objetivo era hacer el proceso más eficiente».

Los científicos esperan que esta estrategia de síntesis total sirva como una hoja de ruta para que otros investigadores desarrollen análogos de la ibogaína, con el fin de crear tratamientos más seguros y eficaces para enfermedades neuropsiquiátricas.

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