Un estudio reciente encuentra que los hombres buscan activamente su orgasmo durante el sexo heterosexual, mientras que las mujeres priorizan el placer ajeno

El orgasmo es una respuesta fisiológica intensa que implica la liberación de tensión sexual acumulada, acompañada de sensaciones placenteras. En la sexualidad humana, especialmente en relaciones heterosexuales, se ha documentado una “brecha orgásmica”: los hombres suelen llegar al clímax con más frecuencia que las mujeres. Pero esta diferencia desaparece cuando las mujeres están con otras mujeres o se masturban. Esto sugiere que el problema no es biológico, sino relacional. El nuevo estudio explora la llamada “brecha en la persecución del orgasmo”, un desequilibrio en cómo hombres y mujeres se esfuerzan (o no) por alcanzar y facilitar el orgasmo propio y ajeno. La investigación se basa en la teoría de la interdependencia, que analiza cómo las parejas influyen mutuamente en sus deseos y comportamientos.

El nuevo estudio publicado en el Journal of Social and Personal Relationships se ha centrado en una pregunta que ha rondado tanto la ciencia como las redes sociales: ¿por qué los hombres tienen más orgasmos que las mujeres en el sexo heterosexual? La respuesta, según este trabajo, no tiene tanto que ver con los cuerpos, sino con las prioridades. Los investigadores encontraron que los hombres tienden a perseguir activamente su propio orgasmo y sienten que sus parejas los apoyan en ese objetivo. Las mujeres, en cambio, se enfocan más en el placer del otro y, como resultado, tienen menos orgasmos y menos satisfacción sexual.

Este desequilibrio se ha bautizado como “brecha en la persecución del orgasmo” y se añade a la ya conocida “brecha orgásmica”, que muestra que en el sexo heterosexual los hombres llegan al clímax mucho más a menudo que las mujeres. Lo interesante es que esta brecha desaparece cuando las mujeres tienen sexo con otras mujeres o cuando se masturban. Esto demuestra que el problema no está en el cuerpo femenino, sino en la dinámica relacional con hombres.

La autora principal del estudio, Carly Wolfer, candidata a doctorado en la Universidad de la Ciudad de Nueva York, explica que muchos estudios anteriores se centraban en qué podían hacer las mujeres para tener más orgasmos, lo cual refuerza la idea de que es un “problema femenino”. Pero, como señala, el problema aparece exclusivamente cuando las mujeres tienen sexo con hombres, no en otras circunstancias. Por lo tanto, el asunto no es individual, sino relacional. Wolfer buscó entonces analizar el rol de los hombres en esta dinámica y comprobar si existe una diferencia en cómo ambos géneros priorizan el orgasmo propio y el ajeno.

Para investigar esto, se realizó un estudio diario durante 21 días con 127 adultos heterosexuales en relaciones monógamas de entre tres meses y cinco años de duración. Cada noche, los participantes completaban una encuesta en línea sobre sus experiencias sexuales en las últimas 24 horas. Si habían tenido sexo, respondían si hubo orgasmo, cuán satisfechos quedaron y qué tanto habían buscado su propio clímax o el de su pareja.

Quien lo persigue lo consigue, pero con ayuda

El equipo diseñó una herramienta para medir lo que llamaron “persecución interdependiente del orgasmo”, con tres dimensiones. La primera, “persecución personal del orgasmo”, evaluaba cuánto se esforzaba alguien por llegar al clímax. La segunda, “persecución del orgasmo de la pareja”, medía cuánto intentaban ayudar a su pareja a alcanzar el orgasmo. La tercera era la “percepción del apoyo de la pareja”, es decir, si uno sentía que su pareja estaba haciendo un esfuerzo por su placer.

Los resultados confirmaron lo que muchas mujeres ya intuían: los hombres reportaron alcanzar el orgasmo en el 90% de sus encuentros sexuales, frente a solo el 54% de las mujeres. También indicaron estar más satisfechos con el sexo y con sus orgasmos. Además, los hombres mostraron mayores niveles de persecución personal del orgasmo y sintieron más apoyo por parte de sus parejas. Las mujeres, en cambio, puntuaron más alto en persecución del orgasmo de su pareja, lo que indica que estaban más enfocadas en el placer masculino que viceversa.

“Descubrimos que los hombres tenían 15 veces más probabilidades de alcanzar el orgasmo que las mujeres, y estaban mucho más satisfechos con el sexo”, explicó Wolfer. “Esto se debe a una brecha en la persecución del orgasmo: los hombres reciben más apoyo en sus metas sexuales que las mujeres”.

Wolfer añade que esto también está relacionado con cómo se concibe el sexo: el coito se considera el evento principal (el cual favorece el orgasmo masculino), mientras que la estimulación del clítoris —la forma más confiable para que las mujeres lleguen al clímax— se deja para el “preliminar”, como si fuera opcional.

Además, el estudio reveló que tanto perseguir el propio orgasmo como sentir que la pareja lo apoya están relacionados con mayor probabilidad de alcanzar el clímax y con una mayor satisfacción sexual. De hecho, el apoyo percibido por parte de la pareja resultó ser un factor aún más fuerte que el esfuerzo personal. Sentirse acompañado y priorizado sexualmente tiene un efecto directo sobre el placer.

Cuando los investigadores tomaron en cuenta otras variables como cercanía emocional y sensibilidad de la pareja, descubrieron que el impacto del esfuerzo personal para alcanzar el orgasmo desaparecía si no iba acompañado del apoyo de la pareja. En cambio, sentir ese apoyo seguía teniendo una gran influencia en la satisfacción sexual.

En resumen, intentar llegar al orgasmo solo funciona si también sientes que tu pareja lo desea contigo. Eso, según Wolfer, es lo que suele faltar en las relaciones sexuales entre hombres y mujeres.

Como limitación, el estudio solo recogió datos de una persona por pareja. En próximas investigaciones planean entrevistar a ambas partes para ver si hay diferencias entre la percepción y la realidad del apoyo sexual.

Finalmente, Wolfer señala que el objetivo no debe ser igualar el número de orgasmos, sino lograr una “equidad en el placer sexual”. Esto implica que todos tengan acceso a una definición propia del placer, donde el orgasmo puede ser parte, pero no el único fin. Medir la persecución del orgasmo permite valorar si una persona quiso o intentó llegar al clímax, en lugar de asumir que todos desean lo mismo. La idea no es convertir el sexo en una competición de orgasmos, sino en una experiencia colaborativa donde se priorice el placer mutuo. Especialmente para las mujeres, que históricamente han relegado su placer en favor del masculino.

REFERENCIA

Personal and perceived partner orgasm pursuit: A daily diary study about the gendered orgasm gap