El ʻōʻō de Kauaʻi, el ave que cantó sola hasta extinguirse
En 1987 se grabó al último macho llamando a una hembra que llevaba años muerta. La cinta se conserva y sigue siendo el documento más duro de la conservación moderna.
La grabación dura poco más de un minuto. Se oye un canto de dos notas, limpio, repetido con la insistencia tranquila de quien espera respuesta. Después queda el silencio del bosque, los insectos y algún otro pájaro de fondo. El canto del ʻōʻō de Kauaʻi era un dueto: el macho lanzaba la frase y la hembra la completaba. En esa cinta la segunda mitad no llega nunca.
Un linaje que no era lo que parecía
Moho braccatus vivía solo en la isla de Kauaʻi, la más antigua del archipiélago hawaiano. Medía unos veinte centímetros, era negro con plumas amarillas en los muslos y se alimentaba del néctar de las flores de Metrosideros polymorpha, el árbol dominante del bosque húmedo de la isla.
Durante más de un siglo se clasificó entre los mieleros australasiáticos, por su pico curvo y su lengua adaptada al néctar. En 2008, un equipo del Instituto Smithsonian extrajo ADN de ejemplares de museo y descubrió que el parecido era pura convergencia evolutiva: dos grupos sin parentesco cercano que habían llegado a la misma anatomía porque hacían el mismo trabajo. Los ʻōʻō hawaianos resultaron ser una familia propia, los Mohoidae, emparentada con los ampelis.
El hallazgo tuvo una consecuencia amarga. Al morir el último ʻōʻō de Kauaʻi no se extinguió solo una especie, sino una familia entera de aves, un rango taxonómico que agrupaba a cinco especies y que hoy no tiene ningún representante vivo. Es la única familia completa de aves que se ha extinguido en tiempos modernos.
Qué acabó con él
La caza directa apenas tuvo peso. Lo que acabó con la especie fue una suma de presiones iniciada con la llegada de los europeos, que el propio relieve de la isla fue estrechando.
- El mosquito. Culex quinquefasciatus llegó a Hawái en 1826 en los barriles de agua de un ballenero, y con él la malaria aviar y la viruela aviar. Las aves hawaianas habían evolucionado sin esos patógenos y carecían de defensas.
- La altitud como refugio. El mosquito no prosperaba por encima de los 1.200 metros, así que las poblaciones supervivientes quedaron confinadas a las tierras altas del altiplano de Alakaʻi, el último bosque intacto de la isla.
- Los animales introducidos. Las ratas y los cerdos asilvestrados saqueaban los nidos, que estaban en huecos de árboles viejos.
- Dos huracanes. El Iwa en 1982 y el Iniki en 1992 arrasaron el bosque de altura, el único lugar donde quedaban ejemplares.
El último avistamiento confirmado es de 1985 y la última grabación de 1987. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza declaró la especie extinta en el año 2000, y en 2023 el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos la retiró formalmente de la lista de especies amenazadas, trámite que equivale a un certificado de defunción.
Por qué esa grabación sigue circulando
La cinta se conserva en el archivo Macaulay de la Universidad de Cornell y reaparece cada pocos años en redes sociales, siempre con el mismo efecto. Funciona porque convierte en sonido algo que normalmente llega en forma de cifra, y una cifra de extinciones no se escucha.
Hay un matiz técnico que conviene aclarar, porque suele contarse mal. El macho de la grabación no cantaba sabiendo que estaba solo. Repetía su parte del dueto porque es lo que hace un ʻōʻō macho en época de cría, exactamente igual que lo habría hecho con cien hembras en el bosque. La tragedia está en el silencio que sigue, y ese silencio lo pusimos nosotros.
Lo que queda de aquel bosque
El altiplano de Alakaʻi sigue en pie y continúa albergando aves que no existen en ningún otro sitio, varias de ellas en situación crítica. El calentamiento está desplazando al mosquito hacia cotas más altas y reduciendo el refugio que durante siglo y medio sostuvo a estas especies.
En Hawái se ensaya desde hace unos años una técnica contra ese frente: liberar mosquitos macho portadores de una bacteria que impide que los huevos prosperen, para hundir la población local sin insecticidas. La carrera es contra el reloj, y el ʻōʻō de Kauaʻi es el motivo por el que se corre.
REFERENCIA
- Convergent Evolution of Hawaiian and Australo-Pacific Honeyeaters from Distant Songbird Ancestors. Current Biology, 18(24), 1927-1931, 2008.
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