Un estudio muestra que ajustar el ángulo del pie al andar reduce el dolor de rodilla tanto como los fármacos y retrasa la degeneración del cartílago.

El dolor crónico de rodilla es el más frecuente, sobre todo debido a la artrosis, una enfermedad degenerativa de las articulaciones en la que el cartílago, el tejido que amortigua y facilita el movimiento, se desgasta progresivamente. Las personas que lo padecen pueden aliviar el dolor con analgésicos, pero ¿y si hubiera una forma de hacerlo solo con cambiar el paso?

Un nuevo estudio internacional encabezado por investigadores de la Universidad de Utah, la Universidad de Nueva York y la Universidad de Stanford ha demostrado que pequeños cambios en la forma de caminar pueden tener un gran impacto en personas con artrosis de rodilla. Ajustar el ángulo del pie hacia dentro o hacia fuera durante la marcha consiguió reducir el dolor de forma comparable al uso de medicamentos analgésicos y, lo más prometedor, ralentizó la degradación del cartílago en la articulación.

El ensayo clínico, cuyos resultados se publicaron en The Lancet Rheumatology, es el primero controlado con placebo que avala la eficacia de una intervención biomecánica en esta enfermedad. Los participantes eran personas con artrosis leve a moderada en la parte interna de la rodilla, la zona que suele soportar más carga y deteriorarse con mayor rapidez.

La clave del éxito fue la personalización. Mediante cámaras de captura de movimiento, los investigadores midieron cómo caminaba cada persona y calcularon qué ajuste en el ángulo del pie reducía mejor la carga en su rodilla. De este modo, a algunos se les recomendó girar ligeramente el pie hacia dentro, y a otros, hacia fuera, con ángulos de entre 5° y 10°. Con ayuda de un dispositivo que emitía vibraciones en la pierna tras cada paso, los voluntarios aprendieron a mantener esta nueva forma de caminar.

Cambiar el ángulo del pie entre 5 y 10 grados

Mediante cámaras de captura de movimiento, los investigadores registraron el grado en que los participantes caminaban con los dedos de los pies apuntando hacia dentro o hacia fuera. A continuación, los investigadores pudieron calcular la carga que soportaban las rodillas de los participantes y prescribir el cambio en el ángulo del pie que reducía la carga de cada individuo. Durante las visitas semanales de entrenamiento de la marcha, los participantes recibían vibraciones en la parte inferior de la pierna después de cada paso, lo que les enseñaba a caminar con precisión con el ángulo del pie prescrito.

Mediante cámaras de captura de movimiento, los investigadores registraron el grado en que los participantes caminaban con los dedos de los pies apuntando hacia dentro o hacia fuera. A continuación, los investigadores pudieron calcular la carga que soportaban las rodillas de los participantes y prescribir el cambio en el ángulo del pie que reducía la carga de cada individuo. Durante las visitas semanales de entrenamiento de la marcha, los participantes recibían vibraciones en la parte inferior de la pierna después de cada paso, lo que les enseñaba a caminar con precisión con el ángulo del pie prescrito.

De los 68 participantes, la mitad recibió un tratamiento placebo: caminar con el mismo ángulo natural de sus pies. El resto siguió las indicaciones personalizadas para descargar la rodilla. Ambos grupos acudieron a seis sesiones de entrenamiento en laboratorio y luego continuaron practicando en su vida diaria al menos 20 minutos al día.

Al cabo de un año, las diferencias fueron claras. El grupo que modificó su forma de caminar no solo reportó un descenso notable del dolor (similar al que proporcionan medicamentos como el ibuprofeno o incluso algunos analgésicos más fuertes), sino que además las resonancias magnéticas mostraron una progresión más lenta del daño en el cartílago. Para los pacientes, el beneficio fue también psicológico: varios expresaron satisfacción por no depender de fármacos ni dispositivos externos, sino de una estrategia integrada en su propio cuerpo.

Los investigadores destacan que esta intervención podría cubrir un vacío terapéutico importante. Muchas personas con artrosis son diagnosticadas en la cuarentena o cincuentena, cuando aún es demasiado pronto para plantear una prótesis de rodilla pero deben convivir con el dolor durante décadas. El reentrenamiento de la marcha podría ofrecerles una alternativa segura y sostenible.

Después de un año, todos los participantes informaron sobre su experiencia con el dolor de rodilla y se sometieron a una segunda resonancia magnética para evaluar cuantitativamente el daño en el cartílago de la rodilla. Los investigadores observaron una degradación más lenta de un marcador de la salud del cartílago en el grupo de intervención.

Después de un año, todos los participantes informaron sobre su experiencia con el dolor de rodilla y se sometieron a una segunda resonancia magnética para evaluar cuantitativamente el daño en el cartílago de la rodilla. Los investigadores observaron una degradación más lenta de un marcador de la salud del cartílago en el grupo de intervención.

Sin embargo, antes de que esta técnica llegue a las clínicas, será necesario simplificar el proceso. La prescripción personalizada requiere por ahora costosos sistemas de captura de movimiento y análisis detallados en laboratorio. El equipo trabaja en trasladar la tecnología a dispositivos portátiles, como sensores en zapatillas inteligentes o incluso cámaras de teléfono móvil, que permitirían evaluar y entrenar a los pacientes en consultas de fisioterapia o mientras caminan por su propio barrio.

Scott Uhlrich, profesor de ingeniería mecánica en la Universidad de Utah y autor principal, subraya que el hallazgo abre una vía realista y no invasiva para mejorar la calidad de vida de millones de personas. “Sabemos que cuanto mayor es la carga sobre la rodilla, más rápido progresa la artrosis. Ajustar el ángulo del pie es una forma sencilla de reducir esa carga y, ahora, hemos demostrado que también se traduce en menos dolor y menor deterioro del cartílago”, explica.

Los investigadores ya planean estudios adicionales que permitan validar y expandir la intervención. Si las nuevas tecnologías portátiles se confirman eficaces, en el futuro podría bastar con una visita al fisioterapeuta para recibir una “receta de marcha” personalizada y, paso a paso, mantener las rodillas en mejor estado por más tiempo.

REFERENCIA

Personalised gait retraining for medial compartment knee osteoarthritis: a randomised controlled trial

Foto: Antes de que esta intervención pueda aplicarse clínicamente, será necesario optimizar el proceso de reeducación de la marcha. La técnica de captura de movimiento utilizada para determinar la prescripción original del ángulo del pie es costosa y requiere mucho tiempo; gracias al uso de una nueva tecnología de sensores móviles, los investigadores prevén que esta intervención pueda prescribirse finalmente en una clínica de fisioterapia y que la reeducación pueda realizarse mientras las personas dan un paseo por su barrio.

Fuente: Universidad de Utah