Cuando una célula muere en nuestros organismo deja un rastro de vesículas llamadas «las huellas de la muerte», pero el virus de la gripe y otros pueden esconderse ahí y propagarse

La muerte parece que casi nunca es ordenada, pero la apoptosis, la muerte celular programada, funciona como un reloj: cuando una célula recibe la señal de que debe morir (porque está dañada, porque ha completado su función, o porque el organismo necesita reducir su número), desencadena una cascada de reacciones internas que la llevan a fragmentarse de forma controlada, produciendo vesículas de distintos tamaños. Los macrófagos y otras células del sistema inmune (el equipo de «limpieza» del organismo) reconocen y eliminan las vesículas antes de que su contenido intracelular se vierta al exterior y provoque inflamación.

Ese proceso, que se produce millones de veces al día en el cuerpo humano, se conoce en sus grandes trazos desde los años 1970. Lo que el nuevo estudio del Prof. Ivan Poon y sus colaboradores del Research Centre for Extracellular Vesicles (RCEV) de La Trobe University ha encontrado es un paso del proceso que nadie había identificado: la huella física que la célula deja en el lugar donde murió, que los investigadores han denominado «Footprints of Death» o «las huellas de la muerte».

Las vesículas de la muerte y su doble función

Cuando una célula que está adherida a una superficie (como el endotelio, es decir, la capa interior de un vaso sanguíneo, el revestimiento de un pulmón o una placa de cultivo en el laboratorio) entra en apoptosis y sus fragmentos se desprenden, no deja el sitio precisamente limpio.

El equipo del RCEV identificó, usando microscopía de alta resolución y marcadores fluorescentes, que en el sitio donde la célula estaba adherida permanece un conjunto de vesículas extracelulares grandes (de entre 1 y 10 micrómetros, teniendo en cuenta que una célula ronda los 50 micrómetros de diámetro). Estas vesículas, llamadas F-ApoEVs aparecen como una enorme huella molecular que muestran en su superficie la señal química de «cómeme» (principalmente fosfatidilserina).

Los macrófagos, los glóbulos blancos especializados en comerse todo lo que puede ser perjudicial, reconocen esta señal, acuden al lugar y completan la limpieza del cadáver celular. La función normal de ese mecanismo es útil para el organismo: reduce el tiempo entre la muerte de la célula y su eliminación, minimizando la posibilidad de que el contenido celular inflamatorio quede libre en el tejido y provoque destrozos por inflamación.

Pero los experimentos realizados con células infectadas por el virus de la influenza (responsable de la gripe común) revelaron la trampa: las partículas del virus de la gripe eran capaces de infiltrarse en esas F-ApoEVs, escondiéndose en un empaquetamiento que el sistema inmune interpreta como simple desecho celular normal. Al ser absorbidas por las células vecinas (que también reconocen las F-ApoEVs a través de sus receptores de limpieza), esas partículas virales ocultas podrían infectar nuevas células sin ser detectadas en su trayecto. Es como si usaran el camión de la basura para desplazarse por el cuerpo e infectar otras zonas.

Las implicaciones para el tratamiento de infecciones virales

«Entender este proceso biológico básico podría abrir nuevas vías de investigación para desarrollar nuevos tratamientos que aprovechen estos pasos y ayuden al sistema inmune a combatir mejor la enfermedad», señaló el profesor Poon. El hallazgo sugiere que los virus de la influenza y potencialmente otros virus pueden usar el sistema de limpieza apoptótica del huésped como caballo de Troya, aprovechando la confianza del sistema inmune en las vesículas de apoptosis para diseminarse sin activar las defensas antivirales.

Diseñar fármacos o anticuerpos que bloqueen específicamente la incorporación de partículas virales en las F-ApoEVs podría reducir la dispersión de la infección dentro de los tejidos. El equipo ya trabaja en caracterizar si el mecanismo funciona también para otros virus respiratorios y si las F-ApoEVs tienen distintas propiedades en infecciones graves frente a infecciones leves.

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