El Ozempic funciona, pero aún tienes que hacer ejercicio, y el motivo no es el que crees
Un análisis muestra que un poco de ejercicio reduce el grosor de la pared de las arterias y la inflamación, detrás de las enfermedades cardiovasculares, pero los GLP-1 por sí solos no
El auge de los fármacos GLP-1 como la semaglutida (Ozempic) ha generado una pregunta que la medicina todavía no había respondido con claridad: si alguien pierde una cantidad importante de peso con medicación, ¿necesita también hacer ejercicio para proteger su corazón, o el solo hecho de adelgazar es suficiente? El nuevo análisis del ensayo S-LiTE, publicado en Nature Metabolism por la profesora Signe Sørensen Torekov y su equipo en la Universidad de Copenhague, da una respuesta precisa y en cierta medida incómoda para quienes esperaban que el fármaco hiciera todo el trabajo.
El diseño del ensayo y por qué importa su estructura
El ensayo S-LiTE comenzó con una premisa metodológica poco frecuente: antes de que ningún participante recibiera ningún tratamiento, todos siguieron durante ocho semanas una dieta de muy bajo contenido calórico que les hizo perder una media de casi catorce kilos. Solo entonces, sobre esa base de pérdida de peso ya lograda, los 130 adultos con obesidad severa fueron asignados al azar a cuatro grupos: ejercicio solo, liraglutida sola, ejercicio más liraglutida, o placebo. La liraglútida es un GLP-1 similar a la semaglútida (Ozempic).
Esa fase de pérdida de peso previa es la que hace el experimento especialmente útil. Permite separar los efectos independientes del ejercicio y del fármaco sobre la salud cardiovascular de los efectos que simplemente se derivan de perder kilos, porque todos los participantes ya los habían perdido antes de empezar el periodo de intervención de un año.
Lo que el ejercicio hizo que la medicación no hizo
La medida principal del análisis fue el grosor de la capa íntima-media de la arteria carótida (cIMT, por sus siglas en inglés), una medida estándar de salud vascular que puede obtenerse de forma no invasiva mediante ecografía y que se asocia con el riesgo de aterosclerosis, trombosis e ictus. Cuanto mayor es ese grosor, mayor el riesgo.
Tras un año de intervención, los participantes que hacían ejercicio mostraron una reducción del grosor de la pared carotídea. Los que tomaban liraglutida sola no mostraron ningún cambio respecto al placebo. El ejercicio también redujo los niveles de dos citocinas proinflamatorias clave, la interleucina-6 y el interferón gamma, biomarcadores de la inflamación sistémica crónica que es uno de los principales impulsores del desarrollo de la aterosclerosis. De nuevo, la liraglutida sola no produjo ninguna reducción en esas citocinas.
La combinación de ejercicio y liraglutida añadió un beneficio adicional: mejoró también los marcadores de función endotelial (sICAM-1, sVCAM-1 y tPA), que reflejan el estado de la pared interior de los vasos sanguíneos y su tendencia a generar coágulos. Ese efecto no apareció en ninguno de los grupos que hacían solo una de las dos intervenciones.
Poco ejercicio fue suficiente para marcar la diferencia
Uno de los aspectos más relevantes para la práctica clínica es que el beneficio no requirió un programa de entrenamiento intensivo. Los participantes en los grupos de ejercicio hacían en promedio algo más de dos horas y media a la semana, principalmente spinning en grupo y entrenamiento en circuito. "Lo que resulta llamativo es lo poco que se necesita", señaló Torekov. "Sustituir solo unas pocas horas de tiempo frente a la pantalla cada semana por actividad física mejora la salud cardiovascular."
La adherencia fue alta: más del noventa por ciento de los participantes del grupo de ejercicio alcanzaron la recomendación mínima de la OMS de actividad física moderada-vigorosa.
Una aclaración importante sobre la semaglutida y los fármacos más modernos
Torekov y su equipo fueron explícitos sobre los límites de la generalización. El ensayo usó liraglutida, un fármaco GLP-1 de primera generación que produce una pérdida de peso más moderada que la semaglutida (Wegovy, Ozempic) o la tirzepatida (Mounjaro), los agentes de nueva generación que actualmente dominan la prescripción. Los resultados no pueden extrapolarse directamente a esos fármacos más potentes, aunque el ensayo confirmó que la liraglutida mantuvo la pérdida de peso lograda con la dieta a un nivel comparable al de los participantes que hacían ejercicio.
El hecho de que estudios previos con liraglutida en pacientes con diabetes tipo 2 sí hubieran encontrado reducción del grosor carotídeo con el fármaco tampoco contradice los resultados del S-LiTE: esos estudios partían de participantes con un grosor basal más alto, sin una pérdida de peso previa estandarizada y con una fisiopatología distinta. El S-LiTE examina específicamente lo que ocurre en personas con obesidad sin diabetes que ya han perdido una cantidad sustancial de peso.
El mensaje para quienes toman GLP-1
"La medicación puede ayudar a mantener la pérdida de peso, pero el ejercicio proporciona beneficios adicionales para la salud que no vemos con la medicación sola", señaló Rasmus Sandsdal, primer autor del estudio. "La medicación para adelgazar es una herramienta importante, pero nuestros resultados indican que no puede reemplazar al ejercicio."
La implicación práctica es directa. Para millones de personas que toman o están considerando tomar fármacos GLP-1 para perder peso, los datos sugieren que incorporar actividad física regular no es un complemento opcional sino un componente esencial si el objetivo va más allá de la báscula y aspira también a proteger el corazón y los vasos sanguíneos. El nivel de actividad que produjo los beneficios observados está al alcance de la mayoría de los adultos.
Referencia
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