Rubén Baler, neurocientífico: "Somos víctimas de un modelo de negocio que hackea nuestro cerebro y da beneficios escalofriantes"
Rubén Baler es neurocientífico y experto en salud pública del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de EE.UU. y una autoridad internacional en adicciones, tanto las que se asocian al consumo de drogas, como las que producen nuestras conductas, en especial en el mundo digital. Tuvimos ocasión de hablar con él con motivo del Congreso de Patología Dual, uno de los más importantes a nivel europeo en el ámbito de la salud mental, celebrado en Valencia.
Darío Pescador: ¿Qué es lo que cambia en el cerebro? ¿Qué es lo que hace que algunas personas puedan tomar sustancias consideradas adictivas de forma ocasional sin volverse adictos y que otras personas desarrollen una adicción? ¿Qué diferencia hay en el cerebro de unas y otras?
Rubén Baler: Hay muchas diferencias. Hay diferencias a nivel genético, hay diferencias a nivel de actitud anal, psicológica, de temperamento, de personalidad, de experiencias, de memorias, que hacen que ese uso pueda ser, no diría benigno, que no tenga consecuencias. Siempre tiene consecuencias.
Pero lo que el cerebro hace realmente es utilizar, reclutar mecanismos de plasticidad constantemente. Estamos aprendiendo y desaprendiendo cosas y cada cerebro tiene su estilo, su método, su mecanismo para aprender y desaprender. La adicción es un mecanismo de aprendizaje, aprendizaje mal adaptativo a una experiencia.
Cuando la persona, en rasgos generales, una persona tiene una vida feliz, una vida plena, satisfactoria, entonces no tiene ese riesgo. Este es uno de los riesgos que estoy mencionando, que creo que es de los más importantes. Entonces es muy difícil que la habite en forma tan patológica, tan profunda, para rellenar esos huecos que la gente tiene a veces en la vida con cosas como la droga, que realmente son esas conductas evitativas, que hacen que evitemos todo lo que nos meten esos agujeros de depresión, de falta de cariño, de soporte social.
Entonces la gente que tiene todo eso se puede dar el lujo de gozar, digamos, entre comillas, lo que las drogas nos brindan, como el alcohol, por ejemplo, ese vaso, esa experiencia de desinhibición que tiene aspectos, digámoslo francamente, placenteros, y por eso la gente gravita hacia ellos. Y lo mismo con todas las drogas. Si no existe un vacío en el cual podemos caer como una piedra, un vacío psicológico de soporte social, entonces esas drogas, esas sustancias, pueden llenar todo ese vacío y volverse totalmente inevitables y tener un poder de atracción al que no se puede rechazar.
Esas personas caen con gran posibilidad en una adicción que es como un agujero negro. Así que depende de todo lo que hay en la vida de esa persona. Es lo que va a ser que la ecuación funcione para un lado o para el otro.
DP: Hay un caso que se menciona con frecuencia, que es el de los soldados estadounidenses que estaban en Vietnam, tenían acceso a morfina y la utilizaban, pues, porque estaban en una situación muy difícil, para contrarrestar el dolor psicológico que les proporcionaba. Pero, claro, hubo miedo de que cuando regresaran después de la guerra las calles se llenaran de adictos, pero resulta que no fue así, que muchos regresaron a sus familias. Entonces, realmente estamos hablando de que hay una causa psicológica subyacente en las adicciones.
RB: Sí, claro. El ejemplo que citás es un ejemplo hermoso de un experimento natural, naturalista, que se ha llevado a cabo y que deja plasmado este concepto de forma muy muy clara, que también se verifica con estudios mucho más controlados en animales. Si a una rata le ofrecés solamente cocaína que está en una jaula, va a seguir apretando la palanquita una y otra vez hasta que se muera de cansancio para que se le administre la heroína o la cocaína en el cerebro.
Pero si a esa misma rata le ofrecés una salida social, juegos, un campo de diversión, es el equivalente en el mundo roedor, digamos, de amigos o hembritas para tener sexo, si se lo pone en un lugar que tiene estímulo social y estímulo ambiental, esa rata va a elegir, en la gran mayoría de los casos, el estímulo social y la vida normal y no la droga. O sea que mucho de la ciencia de los 60, de los 70, de animales está basada en animales que estaban en jaulas, prácticamente prisioneros. Es como hacer experimentos inhumanos en una cárcel, donde no hay otro tipo de estímulo alternativo.
Entonces estaba muy sesgada la visión de lo que era la adicción. Realmente faltaba todo ese aspecto para el cual hemos evolucionado. El ser humano gravita naturalmente hacia la interacción social, es lo que más nos produce placer.
Dependemos de nuestro ambiente, de nuestro entorno social, de nuestra familia y nuestra comunidad. Y si eso falta en los experimentos, falta un aspecto muy muy importante de la ecuación.
DP: Esto enlaza con las nuevas teorías sobre el cerebro, que hablan de que el cerebro sólo funciona si está conectado al cuerpo y al entorno. Que en realidad lo que nos rodea es una extensión de nuestro cerebro, se comporta como si fueran órganos sensoriales del cerebro, y en este caso el entorno nos está determinando más de lo que pensamos.
RB: Absolutamente. Somos un aparato que integra, que interpreta. El cerebro está en una caja negra, en realidad no sabe, no tiene acceso directo a la realidad. Y todos nuestros sentidos, inclusive nuestro cuerpo, que nos ayuda a traducir todos esos inputs que vienen del medio ambiente, simplemente traduce señales físico-químicas, ondas de sonido, ondas de luz, y trata de recrear una realidad basada en esas interfaces sensoriales. Eso es todo lo que hace el cerebro. Vive en una bañadera oscura, con agua, que no tiene acceso directo a nada.
DP: Vamos a hablar de la adicción no necesariamente a sustancias, porque la adicción es una palabra que se usa con bastante ligereza. En los últimos tiempos se habla de la adicción a los videojuegos, de la adicción al sexo, de la adicción, por supuesto, al juego, que ya está conocida y estudiada. ¿Hay cosas que en el lenguaje de la calle o en los medios de comunicación se encuadran dentro de esta adicción, esta palabra adicción, y que en realidad no son adicciones?
RB: Bueno, yo creo que la gente está mucho más adelantada que los psiquiatras en ese aspecto. La ciencia es muy lenta para categorizar en forma válida lo que es una adicción, y tiene que llenar muchos casilleros, tiene que haber mucha evidencia, mucha ciencia para que una conducta o una sustancia califique como una adicción. Ha sido muy difícil, por ejemplo, que los videojuegos o el uso problemático de internet, por ejemplo, o el gambling, la ludopatía, se consideren como adicciones, pero poco a poco algunas de esas categorías conductuales han sido incluidas en la Biblia psiquiátrica, que es el DSM-5 ahora.
Yo creo que la gente de alguna manera entiende que hay que ampliar los conceptos de adicción para incluir muchas cosas que son realmente adictivas, pero que todavía no han entrado en el canon científico, y todavía falta un poco, porque los científicos requieren evidencia mucho más rigurosa. Pero creo que en ese sentido, por algo que digo es muy provocativo, creo que la gente está siendo por delante de la ciencia en ese sentido. Hay cosas que son claramente adicciones, pero que los científicos tienen un poco de prurito de definirlas de esa manera.
DP: ¿Cuál es tu distinción? ¿Cuál es la norma para trabajar con adicciones que utilizas? ¿Tiene que ver con si la conducta o la sustancia está afectando a la vida normal de la persona, si le impide tener una vida normal?
RB: Exactamente, yo creo que para calificar una adicción, la tabla de los casilleros que hay que tachar ya están definidos. Básicamente, si a una persona le cuesta mucho dejar una actividad, una conducta, sobre todo cuando le produce y le crea problemas en su vida profesional o social o familiar, si no lo puede dejar, entonces eso es una dependencia que está creando problemas y necesita ser de alguna manera identificada, reconocida y corregirla. Eso es una adicción.
Si te está creando realmente problemas físicos, sobre todo con la justicia, de eso no hablemos. Pero lo que califica como una adicción para la heroína, no veo cuál es el problema. Es muy fácil hoy, por ejemplo, ver a los chicos adolescentes que se vuelven ansiosos, se vuelven agresivos con los padres cuando les quitan el celular, por ejemplo.
Eso es un signo clínico clásico de una respuesta mal adaptativa a una situación que obviamente no pueden ya controlar. Eso es una adicción. Por supuesto no está categorizada de esa manera en el manual psiquiátrico, pero eso es a todas luces una adicción y como eso hay muchas cosas.
DP: Vamos a hablar de ese ejemplo concreto de las redes sociales porque, por un lado, es un gran negocio que está explotando debilidades en nuestro cerebro, nuestros sistemas de recompensa y, por otro lado, también se considera como algo quizá inocuo porque todo el mundo las está usando. Los padres pueden dar un pobre ejemplo a sus hijos y les dicen que no usen los dispositivos móviles para acceder a las redes sociales porque ellos mismos lo están haciendo todo el tiempo. Estamos hablando de una sustancia adictiva legal, o sea, un producto adictivo legal como podría ser el alcohol, que quizá lo estamos tolerando pero eso no quiere decir que no sea dañino.
RB: Yo creo firmemente que esa es la situación, que hemos sido víctimas de un capitalismo desbocado. Yo no es que no sea capitalista, pero hay muchas formas de capitalismo y estamos frente a corporaciones que han sido capaces de hackear nuestro cerebro, tanto de los adultos como de los chicos. Los chicos son más fáciles porque están en desarrollo y es mucho más vulnerable, mucho más plasmable, más maleable a esa edad.
Entonces es mucho más fácil hackearlo. Pero han encontrado un modelo de negocio que da ganancias escalofriantes y que está totalmente descavitado, no hay ningún tipo de regulación. Es muy efectivo entrometerse con esos mecanismos de abajo hacia arriba, moleculares de nuestros mecanismos de aprendizaje por refuerzo que mencionábamos antes y le están sacando ganancias.
Obviamente proveen de un elemento, de un commodity, de un bien que es muy conveniente, que es muy atractivo pero que crea adicción en la gente vulnerable. Eso para mí no me cabe ninguna duda y es una sustancia, es un elemento que puede causar adicción. Así está diseñado, está diseñado para captar nuestra atención.
Eso es lo que hace el bien hoy en día en nuestra atención y no hay duda que en muchos casos se pierde el control.
DP: ¿Estás por tanto a favor de que haya una mayor regulación como se está proponiendo por ejemplo en España, un límite de edad para acceder a estas aplicaciones y a estas redes?
RB: Absolutamente. Yo diría una moratoria y una prohibición de los algoritmos más dañinos, más tóxicos, hasta tanto y cuanto se pueda regular o entender un poquito más cuáles son los aspectos de estas conductas, porque no todos los aspectos son tóxicos o letales o negativos. Hay algunos aspectos de estas tecnologías que pueden ser beneficiosos, hasta terapéuticos diría, pero está todo mezclado de una manera que es sumamente peligrosa sobre todo para el cerebro en desarrollo me parece a mí.
Así que el problema es que los científicos de vuelta tienen esa tendencia, estamos educados, entrenados en una manera de pensar que lleva mucho tiempo llegar a una conclusión y que eso se traduzca en políticas o regulaciones que tengan un efecto en la sociedad. No tenemos ese tiempo, las tecnologías se mueven a una velocidad mucho mucho más rápida, realmente alucinantemente más rápida y si vamos a esperar a terminar todos los estudios clínicos que hacen falta para llegar a conclusiones categóricas, vamos a perder esta carrera cada vez.
DP: Hablando de la velocidad a la que se desarrollan las tecnologías pues voy a tener que preguntarte sobre la inteligencia artificial, porque es algo que nos ha pillado a todos por sorpresa, se ha desarrollado muy rápidamente en un par de años y ya hay consecuencias. Hay un fenómeno que ya se está documentando que se llama la rendición cognitiva, que es que estamos delegando tareas que antes hacíamos de forma habitual y que la inteligencia artificial nos hace por nosotros. ¿Eso puede tener consecuencias a largo plazo? ¿Algo que tú puedas prever en los siguientes años, sobre todo en los jóvenes que como dices tienen todavía su cerebro en desarrollo?
RB: Como dicen los sabios, el futuro es muy difícil de predecir. Es lo que dice la gente que sabe, no lo puedo predecir, pero obviamente están pasando cosas a velocidad alucinante y me preocupa muchísimo que estemos dándonos, como vos decías, como por vencido y yo veo en mi propia conducta, en mi propia profesión, en mi propio trabajo, cosas que como que se van desgastando y que se van perdiendo y es una lucha que parece muy muy cuesta arriba deshacerla. Por eso no está claro, no solamente para mí, sino para nadie.
Escuchás a la gente que está en este campo, que viene del campo de la inteligencia artificial, la gente está muy muy preocupada de que estamos como dándole luz verde a una tecnología que realmente no sabemos qué es lo que va a ocurrir. El problema es que si, aunque haya un 5% de una extinción de especie por una tecnología como esta, no estamos tomando el recaudo necesario como para de alguna manera protegernos de alguna de las consecuencias más nefastas de esta tecnología. Estamos realmente, yo veo la civilización como zombies, estamos totalmente dormidos y despreocupados tal vez por la conveniencia y lo atractivo, lo sexy que son estas tecnologías, pero yo veo el panorama de acá un año, de acá cinco años, realmente muy muy oscuro y peligroso.
Tendríamos que tomar otros recaudos, pero lamentablemente parece que no hay la decisión o el deseo de poner algún tipo de resguardo y mucho me temo que ya sea tarde.
DP: Caminamos como los lemmings hacia el abismo y no sabemos por qué, pero no podemos frenar.
RB: Así parece, así parece.
DP: Bueno, esperemos entonces que despertemos y que nuestros cerebros sirvan para algo y nos protejan esta vez de lo que viene.
RB: Tal cual, esperemos, eso cabe. Yo creo que trabajando con las generaciones más jóvenes hay alguna posibilidad. Yo creo que los adultos hoy en día no me dan mucha promesa, no me dan mucha esperanza de que cambie algo.
Por eso me dedico más que nada, me enfoco en la gente más joven, en los adolescentes, en los pre-adolescentes, en los cuales recibo algún tipo de eco y los veo últimamente mucho más maduros, como queriendo luchar un poquito más contra estas tecnologías que atentan contra lo más humano que tenemos.
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