Una investigación nacional en EE. UU. concluye que construir más carreteras fomenta más desplazamientos en coche a largo plazo.

Aunque solemos pensar que más carreteras aliviarán el tráfico, el fenómeno conocido como demanda inducida sugiere lo contrario. Este término se refiere al aumento del uso del coche cuando se amplía la capacidad vial. En lugar de reducir los atascos, las nuevas infraestructuras atraen más vehículos, ya que facilitan y estimulan el uso del automóvil. Otro concepto relevante es el VMT (Vehicle Miles Traveled), que mide la distancia total recorrida por todos los vehículos en una zona. Este indicador es clave para entender la relación entre infraestructura y movilidad.

Un nuevo estudio titulado Road Capacity as a Fundamental Determinant of Vehicle Travel, publicado por el Instituto de Estudios del Transporte de la Universidad de California, ha vuelto a confirmar un patrón conocido pero a menudo ignorado en la planificación urbana: cuantas más carreteras se construyen, más se conduce. Utilizando datos nacionales de Estados Unidos, los investigadores han analizado qué factores influyen en la cantidad de kilómetros recorridos por vehículo, conocido como VMT (Vehicle Miles Traveled). Los resultados son claros: la capacidad vial tiene un mayor impacto sobre el VMT per cápita que otros factores tradicionales como los ingresos o el precio del combustible.

Esto no significa simplemente que más carreteras generen más tráfico. La investigación destaca que la oferta vial no solo afecta la velocidad del tráfico o la facilidad para conducir, sino que influye directamente en cómo se estructura el entorno urbano. La forma en que se conectan los barrios a pie, la viabilidad del transporte público, la densidad urbana, y la localización de viviendas y empleos están condicionadas por el diseño vial. Así, ampliar carreteras no solo cambia cómo nos movemos, sino también cómo vivimos.

Uno de los hallazgos más importantes del estudio es que el uso del coche por persona alcanzó su punto máximo a principios del siglo XXI. Desde entonces, los factores económicos como los ingresos o el precio del combustible han perdido peso como determinantes del uso del vehículo. En cambio, la capacidad de las carreteras ha pasado a ser el elemento clave. En otras palabras, aunque tengamos menos dinero o los precios de la gasolina suban, si hay más carreteras disponibles, la gente tiende a conducir más.

Esto tiene implicaciones profundas para las políticas de movilidad y sostenibilidad. Si se quiere reducir el uso del coche y cumplir con objetivos de reducción del VMT —fundamentales para mitigar el cambio climático y mejorar la calidad de vida urbana—, no basta con incentivar el transporte público o los vehículos eléctricos. Según el estudio, será necesario repensar la expansión vial, e incluso considerar la reducción de la capacidad de las carreteras existentes.

Los autores del estudio subrayan que este patrón de «más carreteras, más tráfico» se manifiesta especialmente a largo plazo. En el corto plazo, puede parecer que las nuevas infraestructuras alivian la congestión. Pero con el tiempo, el aumento de la capacidad genera más desplazamientos, nuevas urbanizaciones dependientes del coche y menos inversión en alternativas como el transporte público o la movilidad peatonal y ciclista.

Este fenómeno no solo se limita a Estados Unidos. En ciudades de todo el mundo, desde Madrid hasta Ciudad de México o Buenos Aires, se ha observado cómo grandes inversiones en carreteras terminan por generar más coches y, finalmente, más atascos. El estudio de California aporta evidencia robusta para lo que muchos urbanistas y expertos en transporte ya sabían por experiencia: no se puede salir de un atasco construyendo más carreteras.

Si el objetivo es una movilidad más sostenible, menos contaminante y más equitativa, será necesario tomar decisiones valientes y quizás impopulares: limitar la expansión vial, rediseñar espacios urbanos para fomentar otras formas de transporte, y asumir que el coche no puede seguir siendo el rey de la ciudad.

REFERENCIA

Road Capacity as a Fundamental Determinant of Vehicle Travel