Una investigación genética sugiere que este “agujero revolucionario” comenzó como una salida de esperma que terminó fusionándose con el intestino

Los animales más avanzados, incluidos los humanos, tienen un sistema digestivo con dos aberturas: boca y ano. Esta disposición, llamada “intestino completo” o “a través del cuerpo”, permite una digestión mucho más eficiente. Pero no siempre fue así: algunos animales primitivos, como las medusas, solo tienen una abertura por donde comen y expulsan residuos. Comprender cómo surgió el ano puede ayudarnos a entender el origen de la organización corporal de todos los animales complejos. La nueva teoría que lo relaciona con un orificio reproductivo conocido como gonoporo, usado para liberar esperma, es un ejemplo fascinante de cómo la evolución reutiliza estructuras existentes para nuevas funciones.

Un nuevo estudio sobre genética del desarrollo podría haber resuelto uno de los grandes misterios de la evolución animal: ¿cómo surgió el ano? La respuesta, según un equipo liderado por el biólogo Andreas Hejnol de la Universidad de Bergen en Noruega, podría estar en un agujero ancestral que originalmente servía para expulsar esperma. Este orificio, conocido como gonoporo masculino, habría acabado fusionándose con el intestino, dando lugar a la estructura que hoy llamamos ano.

“Una vez que tienes un agujero, puedes usarlo para otras cosas”, resume Hejnol con humor. La hipótesis refleja una idea muy común en biología evolutiva: la reutilización de estructuras ya existentes con nuevos propósitos, lo que se conoce como “exaptación”.

Desde hace tiempo se piensa que en los primeros animales el sistema digestivo comenzó con una boca y un intestino, sin ano. Ejemplos vivos de este modelo son animales como las medusas, que tienen una sola abertura que cumple doble función: ingieren alimentos y expulsan los desechos por el mismo sitio. Eso les obliga a terminar completamente la digestión y vaciar el “sistema” antes de poder volver a comer.

Una teoría previa sostenía que el ano podría haber surgido de una división de la boca, pero estudios anteriores de Hejnol ya apuntaban en otra dirección. En 2008, descubrió que los genes que controlan el desarrollo de la boca son distintos a los que rigen el desarrollo del intestino posterior, lo que sugiere que el ano tiene un origen independiente.

Para seguir explorando esta pista, Hejnol y su equipo han estado analizando un animal marino llamado Xenoturbella bocki, una criatura parecida a un gusano que vive en el fondo del mar. Tiene una boca y un intestino, pero no un ano. Por eso se cree que podría representar una forma intermedia en la evolución entre los animales sin ano (como las medusas) y los que sí lo tienen.

La clave del nuevo hallazgo es que X. bocki sí posee un gonoporo masculino, una abertura separada que usa para expulsar esperma. Curiosamente, no tiene una abertura femenina: los huevos se liberan por la boca. Lo más revelador es que varios de los genes que en otros animales están involucrados en el desarrollo del intestino posterior también participan en la formación del gonoporo en X. bocki. Esta coincidencia genética sugiere una conexión evolutiva directa.

“Lo que creemos que ocurrió es que ese agujero ya existía, y el sistema digestivo estaba cerca. Luego se fusionaron. Se conectaron entre sí y formaron una abertura común”, explica Hejnol.

El estudio ha sido recibido con entusiasmo por parte de otros expertos. “Los datos son bellísimos y muy convincentes”, opina Max Telford, investigador del University College London. “He trabajado con Xenoturbella durante mucho tiempo y el hecho de que nunca hayamos notado que tiene un gonoporo es extraordinario”.

Comprender cómo y cuándo surgió el ano no es solo una cuestión de curiosidad evolutiva. La aparición de un “intestino completo”, con entrada y salida diferenciadas, podría haber sido el punto de partida para el diseño corporal de la mayoría de los animales actuales. “La existencia de casi todos los animales que vemos a nuestro alrededor podría deberse a la invención de un intestino con principio y fin”, afirma Telford.

Sin embargo, no todos están de acuerdo con que X. bocki represente el paso previo a la aparición del ano. Telford cree que los animales de este grupo originalmente sí tenían ano, pero lo perdieron en algún momento de su evolución. Es decir, en su visión, X. bocki no sería un fósil viviente que conserva una etapa anterior, sino un retroceso evolutivo posterior.

Hejnol defiende que su interpretación es más probable, pero reconoce que por ahora no hay forma definitiva de cerrar este debate evolutivo. Lo que sí está claro es que el ano, ese humilde orificio tan decisivo para la evolución, sigue generando más preguntas de las que responde.

REFERENCIA

The xenacoelomorph gonopore is homologous to the bilaterian anus

Imagen: DALL-E