Un nuevo estudio revela que los rayos matan a las plantas parásitas y árboles competidores, favoreciendo a especies resistentes como la Dipteryx oleifera.

Los rayos, esas descargas eléctricas que viajan desde las nubes hacia el suelo, pueden liberar cientos de millones de voltios en cuestión de milisegundos. Aunque normalmente asociamos un rayo con destrucción, algunos árboles tropicales, como los de la especie Dipteryx oleifera, parecen no solo sobrevivir estos embates, sino incluso beneficiarse. Esta especie vive en selvas húmedas y densas, donde debe competir constantemente por la luz solar y los nutrientes del suelo. Además, muchos árboles se ven invadidos por lianas, enredaderas que se alimentan de sus recursos.

En principio, que te caiga un rayo encima no suena precisamente a buena suerte, pero para algunos árboles en los trópicos, puede ser una bendición disfrazada de chispa. Un nuevo estudio publicado en la revista New Phytologist demuestra que ciertas especies, en particular la Dipteryx oleifera, no solo toleran ser alcanzadas por rayos, sino que incluso podrían haber evolucionado para atraerlos… y sacar ventaja de ello.

La investigación fue liderada por Evan Gora, ecólogo forestal del Cary Institute of Ecosystem Studies, quien lleva años estudiando cómo los rayos afectan la biodiversidad y el almacenamiento de carbono en los bosques tropicales de Panamá. Aunque los rayos matan cientos de millones de árboles cada año, Gora quedó sorprendido al encontrar en 2015 un ejemplar de Dipteryx oleifera que no solo había sobrevivido un impacto directo, sino que lo hizo con apenas rasguños. Más aún: el rayo había eliminado una liana parásita de su copa y causado la muerte de más de una docena de árboles vecinos.

El técnico César Gutiérrez sube a una torre para detectar y localizar rayos en la zona de estudio. Tras la detección, los drones y los equipos sobre el terreno controlan el impacto del rayo. Créditos: Evan Gora / Instituto Cary de Estudios de Ecosistemas

El técnico César Gutiérrez sube a una torre para detectar y localizar rayos en la zona de estudio. Tras la detección, los drones y los equipos sobre el terreno controlan el impacto del rayo. Créditos: Evan Gora / Instituto Cary de Estudios de Ecosistemas

“Ver árboles alcanzados por rayos que siguen tan campantes fue algo que nos dejó alucinando”, recuerda Gora. Con el tiempo, el equipo encontró más casos similares y decidió investigar a fondo.

En 2022, Gora y sus colegas ya habían demostrado que no todos los árboles tienen la misma capacidad para sobrevivir un rayo. Pero en esta nueva publicación, dan un paso más allá: muestran que ciertos árboles se benefician de estos golpes eléctricos.

Los árboles que sobrevivieron al rayo

El estudio se llevó a cabo en el Monumento Natural de Barro Colorado, en el centro de Panamá, donde el equipo utilizó un sistema especial para detectar la ubicación exacta de los rayos. Con esa información, siguieron durante entre dos y seis años a 93 árboles alcanzados por rayos, analizando su supervivencia, el estado de sus copas y troncos, la cantidad de lianas y la mortalidad de los árboles vecinos. De ellos, nueve eran Dipteryx oleifera y el resto pertenecía a otras especies.

Los resultados fueron sorprendentes: los nueve Dipteryx sobrevivieron con daños mínimos. En cambio, los árboles de otras especies perdieron, en promedio, 5,7 veces más hojas en sus copas, y un 64% murió en los dos años posteriores al impacto.

Cuando un Dipteryx recibía un rayo, la onda eléctrica viajaba a través de lianas o ramas tocándose entre sí, matando en promedio a 9,2 árboles cercanos. Además, las infestaciones de lianas en los Dipteryx se reducían en un 78%, liberando a los árboles de estas plantas parásitas que compiten por luz y nutrientes.

Este patrón no solo se observó en los árboles alcanzados por rayos, sino también a nivel poblacional. Al analizar datos de los últimos 40 años, el equipo descubrió que los árboles vecinos a un Dipteryx tenían un 48% más de probabilidad de morir que aquellos no cercanos a esta especie. Todo apunta a que el impacto indirecto de los rayos, canalizado a través de estas conexiones entre árboles, da una ventaja competitiva clara a la Dipteryx.

Para confirmar esta hipótesis, los científicos usaron drones para crear modelos tridimensionales de la altura del dosel del bosque. Así descubrieron que los Dipteryx suelen ser unos cuatro metros más altos que sus vecinos, probablemente porque estos últimos murieron a causa de los rayos. Menos competencia por la luz, más espacio para crecer.

“El estudio ofrece la primera evidencia de que algunos árboles pueden beneficiarse de ser alcanzados por un rayo”, escriben los autores. O como lo resume Gora con humor: “Le va mejor a un Dipteryx oleifera si le cae un rayo que si no”.

Según los cálculos del equipo, los Dipteryx, gracias a su altura y a la amplitud de sus copas, tienen hasta un 68% más de probabilidad de ser alcanzados por un rayo que otros árboles de altura y forma media. Estiman que un ejemplar recibe un impacto directo cada 56 años, pero como pueden vivir cientos o incluso más de mil años, podrían soportar varios a lo largo de su vida. De hecho, durante el estudio, uno de estos árboles fue alcanzado dos veces en solo cinco años.

La capacidad de sobrevivir a los rayos y aprovechar sus efectos secundarios (como la eliminación de parásitos y competidores) da a esta especie una ventaja significativa. Los científicos calculan que esta tolerancia eléctrica multiplica por 14 la probabilidad de que un Dipteryx tenga descendencia en comparación con especies menos resistentes.

El siguiente paso de la investigación será descubrir qué características eléctricas o estructurales permiten a estos árboles resistir los rayos. Además, se buscará saber si otras especies también presentan esta adaptación.

Lo que ya está claro es que los rayos tienen un papel mucho más importante de lo que se pensaba en la dinámica de los bosques tropicales. Y, con el aumento de tormentas eléctricas debido al cambio climático, su impacto podría crecer, favoreciendo a especies como la Dipteryx oleifera. Comprender esta relación podría ser clave para prever cambios en la biodiversidad y el almacenamiento de carbono, e incluso para diseñar mejores estrategias de reforestación en los trópicos.

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