Los usuarios de fármacos GLP-1 como Ozempic o Wegovy comen menos ultraprocesados, pero siguen deseándolos
Los medicamentos GLP-1 (agonistas del péptido similar al glucagón tipo 1) están revolucionando el tratamiento del sobrepeso y la obesidad. Inicialmente desarrollados para la diabetes tipo 2, estos fármacos imitan una hormona intestinal que regula el apetito y el azúcar en sangre, ayudando a reducir el peso corporal de manera significativa. Al provocar una sensación de saciedad prolongada y disminuir los impulsos alimentarios, han ganado popularidad como tratamientos para adelgazar. Nombres como Ozempic, Wegovy o Mounjaro se han vuelto comunes, y su uso ha crecido rápidamente. Pero ahora, científicos están descubriendo que, además de ayudar a perder peso, también están cambiando los patrones alimentarios a nivel social.
Un nuevo estudio nacional realizado por el Arkansas Agricultural Experiment Station ha revelado que las personas que toman medicamentos GLP-1 para bajar de peso tienden a consumir menos alimentos y bebidas ultraprocesadas, aunque siguen deseándolos. Este fenómeno, además de evidenciar una transformación en los hábitos alimenticios, está empujando a las empresas de alimentos y bebidas a replantearse sus estrategias de mercado.
Brandon McFadden, profesor y presidente de la cátedra Tyson en Economía de Políticas Alimentarias de la Universidad de Arkansas, fue uno de los autores principales del estudio. McFadden explicó que ya se ha notado un cambio en la manera en que las compañías de alimentos comercializan sus productos. “Los precios de las acciones de las empresas de alimentos envasados han bajado, mientras que las farmacéuticas que producen estos medicamentos han subido”, comentó.
Como ejemplo del cambio de estrategia empresarial, McFadden señaló que poco después de presentar los datos de su investigación ante una audiencia internacional, una importante compañía alimentaria lanzó una barrita «comida completa» dirigida a usuarios de GLP-1. Incluso la cadena Smoothie King se adelantó y creó una sección en su menú llamada «GLP-1 Support», diseñada específicamente para quienes toman estos medicamentos.
Cambia el apetito, cambian los gustos
El estudio no solo se centró en los efectos conocidos de los GLP-1 —como la reducción del apetito y la preferencia por alimentos grasos—, sino que también exploró cómo cambian los patrones de consumo entre diferentes categorías de alimentos. Se encuestó a 1.955 personas, incluyendo usuarios actuales, antiguos, futuros y no usuarios de GLP-1, para obtener un panorama más amplio.
Los resultados revelaron que un número significativamente mayor de encuestados redujo su consumo de alimentos procesados, refrescos, carnes rojas y cereales refinados. En concreto, el 70 % más de participantes dijeron consumir menos comida procesada que los que dijeron consumir más, y un 50 % más reportó beber menos refrescos o comer menos carne de vaca, granos refinados y cerdo. También se observó una caída en el consumo de vegetales ricos en almidón, alcohol, zumos de fruta y leche de vaca.
Curiosamente, a pesar de que estos usuarios comían menos estos productos, muchos reportaron seguir deseándolos. Esta diferencia entre consumo y deseo alimentario podría indicar que los GLP-1 afectan la conducta más que los gustos, ayudando a las personas a resistir impulsos sin eliminar del todo sus preferencias.
En contraste, alimentos como frutas, verduras de hoja verde y agua fueron los únicos con un aumento en el consumo general. Otros alimentos como pollo, café, pescado, frutos secos, huevos, carnes vegetales, cereales integrales y leches vegetales también mostraron una leve reducción en su consumo, pero en mucha menor proporción.
Andrew Dilley, estudiante de posgrado del Colegio Bumpers y autor principal del estudio, colaboró junto a McFadden y otros investigadores como Saroj Adhikari, Pratikshya Silwal y Jayson Lusk, decano de la División de Ciencias Agrícolas y Recursos Naturales de la Universidad Estatal de Oklahoma.
Lusk destacó que “la adopción de los agonistas GLP-1 cambia tanto la cantidad como los tipos de alimentos que las personas consumen. Esto tiene implicaciones importantes para la industria alimentaria. Si el uso de GLP-1 sigue creciendo, las empresas deberán adaptarse a una menor demanda de alimentos procesados, pero tendrán oportunidades en el aumento de demanda de frutas y verduras”.
La investigación también podría ayudar a crear estrategias de comunicación más efectivas, diseñar nuevos productos adaptados a estos consumidores y desarrollar recomendaciones de estilo de vida que complementen el uso de GLP-1.
Dado que el 42 % de la población estadounidense es obesa y otro 31 % tiene sobrepeso, el impacto social de estos medicamentos es enorme. Actualmente, cualquier adulto con un índice de masa corporal (IMC) de 30 o más, o de 27 o más con una condición asociada como hipertensión o diabetes tipo 2, puede ser candidato a una prescripción de GLP-1. Solo entre 2020 y 2022, su uso aumentó un 300 %, y en 2024 se estima que decenas de miles de nuevos usuarios comienzan a tomarlo cada semana.
A medida que la investigación continúa —con un nuevo estudio centrado en los efectos secundarios reportados por los usuarios—, queda claro que los GLP-1 no solo están cambiando cuerpos, sino también las dinámicas del mercado alimentario y nuestras complejas relaciones con la comida.
REFERENCIA
Characteristics and food consumption for current, previous, and potential consumers of GPL-1s.