Tres especies de garrapatas en EE. UU. podrían causar el síndrome alfa-gal, una misteriosa alergia a la carne roja

Aunque parezca increíble, una simple picadura de garrapata puede desencadenar una alergia grave a la carne roja. Esta afección, conocida como síndrome alfa-gal, ocurre cuando el sistema inmunitario reacciona a una molécula llamada galactosa-alfa-1,3-galactosa (alfa-gal), presente en productos de mamíferos como la carne de vaca, cerdo y cordero. Esta molécula puede entrar al cuerpo humano a través de la saliva de algunas especies de garrapatas, activando una respuesta inmune descontrolada. Lo curioso es que los síntomas pueden aparecer horas después de consumir carne, lo que complica su diagnóstico. Aunque tradicionalmente se ha asociado con la garrapata estrella solitaria, nuevas investigaciones revelan que otras especies también podrían provocarlo.

Cathy Raley no esperaba que una caminata con su perro Jake acabara en el hospital. Todo comenzó en 2017, cuando, tras varios episodios de urticaria y una reacción alérgica severa con hinchazón de lengua y dificultad para respirar, fue trasladada de urgencia en ambulancia. A pesar de las inyecciones de epinefrina, sus síntomas apenas mejoraron hasta recibir tratamiento intensivo en el hospital. Lo desconcertante era que, a sus 61 años, nunca había tenido alergias.

El misterio se resolvió tras consultar con el alergólogo William Butler en Seattle, quien revisó su historial clínico en detalle. Aunque no había consumido alimentos inusuales, en ambas ocasiones había cocinado para invitados carne roja: tacos de ternera y salchichas de cerdo. Entonces Raley mencionó algo que parecía irrelevante: “Hace dos meses me picó una garrapata.” Eso bastó para que Butler sospechara del síndrome alfa-gal.

Este síndrome es una alergia a la carne roja que se desencadena tras la picadura de ciertas garrapatas, que inyectan en el cuerpo la molécula alfa-gal. El diagnóstico se confirmó mediante análisis, pero algo no cuadraba: la garrapata tradicionalmente relacionada con esta condición, la estrella solitaria (Amblyomma americanum), no vive en el estado de Washington, donde reside Raley.

Este enigma, junto a otro caso similar en Maine, llevó a investigadores a publicar dos estudios en Emerging Infectious Diseases que apuntan a otras posibles culpables: la garrapata de patas negras del oeste (Ixodes pacificus) y la garrapata de patas negras común (Ixodes scapularis), también conocida como garrapata del ciervo. Según Hanna Oltean, epidemióloga del Departamento de Salud de Washington, estas investigaciones “ofrecen evidencia bastante definitiva de que otras garrapatas podrían estar implicadas, aunque parece ser algo raro”.

La clave está en la saliva de la garrapata, que contiene alfa-gal y posiblemente otras sustancias que alteran el sistema inmunitario. Si una persona desarrolla sensibilización a esta molécula, su cuerpo puede reaccionar de forma alérgica la próxima vez que consuma carne roja o productos de mamíferos como gelatina o leche. Las reacciones varían mucho entre individuos: desde anafilaxia, como en el caso de Raley, hasta síntomas digestivos como dolor abdominal, vómitos o diarrea, como se observó en el caso de Maine.

Basta con una picadura

Johanna Salzer, epidemióloga de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), destaca que el síndrome puede manifestarse de maneras muy diferentes, lo que complica su diagnóstico. Sarah McGill, gastroenteróloga de la Universidad de Carolina del Norte, señala que muchos médicos no lo consideran porque las alergias alimentarias suelen aparecer en la infancia. Pero esta es una excepción: adultos sanos pueden desarrollarla de la noche a la mañana tras una picadura.

McGill lamenta que muchos pacientes sean ignorados por el personal médico, que a veces incluso se niega a realizar pruebas. Esto le recuerda el caso del celiaquismo, que durante años fue malinterpretado. “Veo ese mismo patrón con el síndrome alfa-gal”, afirma.

Aunque no existe una cura, algunas personas pueden volver a tolerar la carne roja con el tiempo. No obstante, muchos deben adaptar su dieta drásticamente. Raley, por ejemplo, evita caldos, salsas con grasa animal o postres con gelatina. Además, toma precauciones como tratar su ropa con repelente y administrar a su perro medicación antiparásitos durante todo el año.

Pese a su gravedad potencial, el síndrome alfa-gal sigue siendo poco conocido. Un estudio de 2023 reveló que el 42% del personal sanitario en EE. UU. no había oído hablar de él. Incluso entre quienes sí lo conocían, muchos no sabían cómo se adquiría ni qué pruebas pedir. “Hay grandes vacíos en el conocimiento médico”, advierte Salzer.

Desde 2010 hasta 2022 se han detectado unos 110.000 casos sospechosos, aunque los autores del estudio creen que la cifra real podría acercarse a los 450.000. Las zonas más afectadas son el sur, el medio oeste y el Atlántico medio de Estados Unidos, regiones donde la garrapata estrella solitaria es común. Pero los nuevos casos en Washington y Maine sugieren que su distribución podría estar ampliándose.

La mejor forma de prevenir esta condición es evitar las picaduras de garrapatas. Oltean insiste en que, a diferencia de otras enfermedades transmitidas por garrapatas como la enfermedad de Lyme, no es necesario que la garrapata permanezca mucho tiempo adherida para causar el síndrome alfa-gal. “Una sola picadura, incluso si se quita enseguida, podría ser suficiente”, dice.

Los científicos aún tienen muchas preguntas sin resolver. ¿Por qué algunas personas desarrollan la alergia y otras no? ¿Cuánto tiempo debe estar adherida la garrapata? ¿Y por qué algunas especies provocan más reacciones que otras? El síndrome alfa-gal fue descrito por primera vez en 2009, por lo que su estudio aún está en pañales.

Mientras tanto, Raley continúa con su vida, cuidando lo que come y alerta en cada paseo con Jake. Ella ha notado que, en los últimos años, la presencia de garrapatas ha aumentado en su zona. “Algo parece haber cambiado”, concluye. Y, con ello, quizás también nuestra relación con las garrapatas.