La protagonista es una tortuga gigante de Galápagos de más de 100 años que ha puesto huevos por primera vez en su vida. ¡Y todos han nacido sanos!
Las tortugas gigantes de Galápagos son reptiles endémicos del archipiélago ecuatoriano que se caracterizan por su longevidad, su tamaño impresionante y su lento metabolismo. Una de sus subespecies, la tortuga gigante occidental de Santa Cruz (Chelonoidis niger porteri), está catalogada como “en peligro crítico” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). La cría en cautividad es una estrategia clave para garantizar la supervivencia de estas especies, cuya población ha sido diezmada por la actividad humana y por especies invasoras introducidas en su hábitat natural.
Una tortuga gigante de Galápagos que lleva casi un siglo en el Zoo de Filadelfia se ha convertido en madre por primera vez, desafiando todas las expectativas biológicas y dejando boquiabiertos a los especialistas en conservación. La protagonista se llama “Mommy” y pertenece a la subespecie Chelonoidis niger porteri, también conocida como tortuga gigante occidental de Santa Cruz. Su edad exacta no se conoce, pero vive en el zoológico desde 1932, por lo que se calcula que tiene al menos 100 años.
El acontecimiento es doblemente histórico: no solo se trata de la primera vez que esta especie logra reproducirse en el Zoo de Filadelfia, sino que además Mommy es ahora la hembra de su especie más longeva en tener crías por primera vez. «Este es un hito significativo en la historia del Zoo de Filadelfia, y no podríamos estar más emocionados de compartir esta noticia con nuestra ciudad, nuestra región y el mundo», declaró Jo-Elle Mogerman, presidenta y directora ejecutiva del zoo.
Más de 260 kilos de amor reptiliano
Estas tortugas gigantes pueden alcanzar longitudes de hasta 1,8 metros y pesar más de 260 kilos. Los machos suelen ser más grandes que las hembras. Aunque los científicos no están completamente seguros de cuál es la esperanza de vida máxima de estas criaturas, se ha registrado al menos un individuo que alcanzó los 171 años.
La historia de amor reptiliana comenzó cuando Mommy fue emparejada con Abrazzo, un macho de su misma edad, llegado en 2020 desde el Riverbanks Zoo and Garden en Carolina del Sur. Este zoo ya había conseguido criar con éxito esta subespecie en 2019. En noviembre de 2024, Mommy puso 16 huevos, que fueron cuidadosamente recogidos e incubados artificialmente por los cuidadores del zoo.
En el caso de las tortugas de Galápagos, el sexo de las crías no se determina genéticamente, sino por la temperatura a la que se incuban los huevos. Si se incuban por debajo de los 28 °C, nacerán machos; por encima de los 29,5 °C, serán hembras. Los cuidadores intentaron equilibrar la proporción incubando la mitad a temperaturas “masculinas” y la otra mitad a “femeninas”, pero de momento solo han eclosionado huevos incubados en temperaturas altas, por lo que todas las crías nacidas hasta ahora son hembras.
La llegada de estas nuevas tortuguitas es una bocanada de esperanza para la subespecie, que apenas cuenta con 44 individuos en todos los zoológicos de Estados Unidos. “Estas nuevas crías representan una nueva línea genética y una ayuda muy necesaria para la población de la especie”, afirmó Ashley Ortega, coordinadora del programa de supervivencia de la especie en el zoológico Gladys Porter de Texas. Añadió que la hazaña de Mommy la convierte en “la hembra de su especie más longeva en reproducirse por primera vez, lo que hace que este logro sea aún más impresionante”.
La reproducción en reptiles como las tortugas no suele estar limitada por la edad una vez alcanzada la madurez sexual. Aun así, que una tortuga de 100 años tenga crías por primera vez es algo sin precedentes en el mundo de la conservación. El equipo del zoológico espera que este éxito sirva de modelo para otros programas de cría en cautividad. “Estamos emocionados por aprender más sobre cómo podemos replicar este éxito en otros zoológicos acreditados, ya que el equipo de Filadelfia ha logrado algo que parecía imposible”, concluyó Ortega.
Con un poco de suerte, esta historia no solo será recordada como una curiosidad zoológica, sino como el inicio de una nueva etapa en la recuperación de una de las criaturas más emblemáticas y longevas del planeta.
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