Una nueva investigación con el pueblo indígena Aché de Paraguay pone en duda que cantar canciones de cuna a los bebés o bailar sean comportamientos humanos innatos

Desde la antropología hasta la psicología evolutiva, se ha asumido durante décadas que ciertas expresiones como el canto dirigido a bebés (nanas) o el baile son universales, es decir, que aparecen de forma natural en todas las culturas humanas. Estas conductas se consideran expresiones «biológicas» porque se cree que surgen sin necesidad de aprendizaje formal, como reírse o sonreír. Sin embargo, algunos comportamientos que parecen tan básicos pueden no estar tan «programados» como pensamos.

Durante más de cuatro décadas, un equipo de antropólogos ha trabajado con los Aché del norte de Paraguay, y su extenso registro etnográfico ahora sirve como base para una afirmación impactante: esta comunidad no baila ni canta canciones dirigidas a bebés. El estudio, publicado en Current Biology, fue realizado por Manvir Singh, profesor asistente de antropología en la Universidad de California, Davis, junto con Kim Hill, antropólogo de la Universidad Estatal de Arizona.

“Aparte del canto en iglesias introducido por misioneros, los adultos Aché del norte cantan solos y en muy pocos contextos”, afirma Singh. “Hasta donde sabemos, los antropólogos nunca han observado ni danza ni canciones dirigidas a bebés entre los Aché del norte”.

Este hallazgo desafía una idea muy arraigada en las ciencias sociales: que ciertas prácticas musicales y corporales como la danza o las nanas son parte inherente de la condición humana. Según Singh, esto obliga a repensar cómo evolucionaron la música y el comportamiento humano. “La danza y el canto para bebés se han considerado ampliamente universales, una idea respaldada incluso por mis propias investigaciones anteriores”, admite. “Esa conclusión ha servido de base para teorías evolutivas sobre los orígenes de la música”.

En lugar de considerar estos comportamientos como innatos, el estudio apunta a que se trata de conductas aprendidas y transmitidas culturalmente. Es decir, alguien tuvo que inventarlas y otras personas tuvieron que aprenderlas, modificarlas y mantenerlas vivas a lo largo del tiempo.

Entre 1977 y 2020, Kim Hill vivió más de 120 meses repartidos en varias visitas con los Aché, documentando aspectos fundamentales de su vida cotidiana. Uno de los puntos más sorprendentes de su trabajo fue observar que, aunque los Aché cantan, lo hacen en solitario y en situaciones muy específicas. Los hombres suelen cantar sobre la caza, conflictos sociales o eventos actuales, mientras que las mujeres suelen cantar sobre personas fallecidas. A veces los niños imitan estas canciones, pero no se ha documentado ningún tipo de canción especial dedicada a calmar bebés.

La tribu que no canta nanas

“No es que los Aché no necesiten calmar a sus bebés”, aclara Singh. “Los padres Aché sí calman a sus hijos cuando lloran, pero lo hacen con palabras juguetonas, caras graciosas, sonrisas y risitas. Dado que las nanas han demostrado ser eficaces para calmar a los bebés, uno pensaría que serían útiles también para los Aché”.

Curiosamente, el propio Singh sostenía previamente que las nanas y la danza eran universales. Fue Hill quien le contactó con sus observaciones sobre los Aché, lo que llevó a Singh a replantear sus ideas. “Me parecieron observaciones fascinantes e inmensamente importantes, y le animé a publicarlas”, relata Singh. “Como no sabía cómo hacerlo, acabamos escribiendo el artículo juntos”.

El estudio también considera que estas prácticas podrían haberse perdido a lo largo del tiempo. Las poblaciones Aché sufrieron una drástica reducción demográfica en el pasado, lo que podría haber causado la desaparición de diversas tradiciones, como el chamanismo, la horticultura o incluso la capacidad de hacer fuego. También es posible que la pérdida se acelerara cuando los Aché fueron asentados en reservas, un proceso que coincidió con la desaparición de otras costumbres como las ceremonias de pubertad o la magia relacionada con la caza.

Los autores no descartan que la danza y las canciones para bebés hayan sido reintroducidas en años recientes, especialmente con el aumento de la influencia misionera a partir de 2020, año en que concluyó el trabajo de campo de Hill.

El mensaje central de esta investigación es claro: las canciones infantiles y la danza no parecen ser como la sonrisa, que aparece incluso en bebés ciegos. Son más parecidas a hacer fuego: requieren ser inventadas, aprendidas y enseñadas. “Esto no quiere decir que los humanos no hayan evolucionado para responder a las nanas o para disfrutar del baile”, aclara Singh. “Pero sí significa que la transmisión cultural es mucho más importante para mantener estas conductas de lo que muchos investigadores, yo incluido, habíamos imaginado”.

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