Un estudio en ratones revela los neurotransmisores que permiten al cerebro asignar emociones positivas o negativas a las experiencias sociales, y cómo este equilibrio se rompe en trastornos como el autismo.

Un equipo de científicos del Hospital Mount Sinai ha identificado por primera vez los mecanismos neuronales que permiten al cerebro clasificar una interacción social como positiva o negativa. Este proceso, conocido como asignación de valencia social, es esencial para que los humanos (y otros animales sociales) puedan navegar por su entorno interpersonal. El estudio, publicado en la revista Nature, también reveló cómo un desequilibrio en esta valoración emocional puede estar en la raíz de trastornos como el autismo (TEA) y la esquizofrenia. Además, el equipo consiguió restaurar la percepción positiva de una experiencia social en un modelo de ratón con TEA mediante la activación de un receptor específico de serotonina, lo que ofrece una pista prometedora para futuras terapias.

“La capacidad de reconocer y distinguir interacciones agradables de las desagradables es esencial para desenvolverse en un entorno social”, afirma la doctora Xiaoting Wu, profesora asistente de Neurociencia en la Escuela de Medicina Icahn del Mount Sinai y autora principal del estudio. “Hasta ahora no sabíamos cómo el cerebro asigna esa valencia a las experiencias sociales, ni cómo puede actualizar esa información en un entorno cambiante”.

La región clave implicada es el hipocampo, una estructura en lo profundo del lóbulo temporal del cerebro que está relacionada con la formación de recuerdos, el aprendizaje y las emociones. Dentro del hipocampo, los investigadores identificaron una subregión llamada CA1 ventral, donde se libera serotonina y neurotensina, dos neuromoduladores que regulan emociones y plasticidad neuronal. Cada uno de estos neurotransmisores actúa sobre un tipo distinto de neuronas mediante receptores específicos: el receptor 1B para la serotonina y el receptor 1 de neurotensina. Según explican los autores, la serotonina genera una valencia positiva en una experiencia social, mientras que la neurotensina produce una negativa.

En el experimento, los investigadores diseñaron un nuevo paradigma de interacción social para ratones. Primero expusieron a los animales a dos tipos de encuentros: uno negativo, con un ratón agresivo, y otro positivo, con un posible compañero sexual. Después, los ratones podían elegir con qué individuo pasar más tiempo. Sin experiencia previa, no mostraban preferencia. Pero tras los encuentros, aprendían a evitar al ratón agresivo y a acercarse al compañero potencial. Esta respuesta sugiere que los ratones desarrollan una asociación emocional —una valencia— en función de la experiencia social vivida.

Lo más relevante del estudio es que este mecanismo de valencia puede manipularse. En un modelo de ratón con TEA, que suele tener alteraciones en la percepción social, los investigadores activaron el receptor de serotonina 1B. El resultado fue sorprendente: se restauró la percepción positiva en las experiencias sociales. Esta intervención directa sobre el circuito emocional del cerebro apunta a posibles tratamientos farmacológicos para corregir déficits sociales en humanos con trastornos del espectro autista.

“Identificamos un receptor neuromodulador específico que puede ser dirigido para rescatar los déficits cognitivos sociales en un modelo de autismo”, explica la doctora Wu. “A mayor escala, nuestro trabajo ofrece una comprensión crítica sobre los comportamientos sociales complejos, y revela dianas terapéuticas que podrían utilizarse para mejorar la cognición social en varios trastornos psiquiátricos comunes”.

El estudio recibió apoyo de varias instituciones, incluyendo los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU., el premio BRAINS del NIMH, y fundaciones como Alkermes y NARSAD.

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