¿Por qué algunas personas con rasgos psicopáticos repiten errores? Un nuevo estudio sugiere que aprenden de forma diferente, y su cerebro lo confirma.

Los rasgos psicopáticos, como la impulsividad, el encanto superficial o la falta de empatía, no solo aparecen en delincuentes: también están presentes en distintos grados dentro de la población general. Estos rasgos afectan cómo una persona aprende del entorno, especialmente cuando se trata de interpretar recompensas o castigos. El aprendizaje basado en la retroalimentación (es decir, ajustar nuestra conducta en función de las consecuencias) se basa en procesos cerebrales que detectan errores, patrones y cambios en lo que nos rodea.

Cuando estos procesos fallan o se distorsionan, las personas pueden persistir en conductas arriesgadas o ineficaces. El estudio que analizamos hoy explora cómo distintas dimensiones del perfil psicopático alteran mecanismos cognitivos concretos, desde la interpretación de la volatilidad del entorno hasta la respuesta ante estímulos agradables o dolorosos.

Un nuevo estudio publicado en Translational Psychiatry revela que los individuos con niveles elevados de rasgos psicopáticos presentan alteraciones específicas en su manera de aprender a partir de recompensas y castigos. En lugar de tener una dificultad general para procesar retroalimentación, distintos tipos de rasgos psicopáticos se asocian a patrones concretos de aprendizaje disfuncional y expectativas distorsionadas sobre el entorno.

Los rasgos psicopáticos abarcan características como el encanto superficial, la impulsividad, la falta de empatía o el comportamiento antisocial. Aunque suelen asociarse a la criminalidad, estos rasgos existen en un continuo y pueden medirse en cualquier persona.

Encantadores dañinos y sin empatía

Estudios previos ya sugerían que las personas con rasgos psicopáticos tienden a tomar decisiones arriesgadas o dañinas porque no aprenden bien de sus errores. Sin embargo, muchas de estas investigaciones usaban tareas demasiado simples, con opciones limitadas, que no reflejan la complejidad de las decisiones reales. En esta ocasión, los investigadores querían entender mejor cómo estos rasgos afectan el aprendizaje en situaciones más realistas, donde hay que valorar muchas posibilidades.

“Psicopatía suele asociarse con baja sensibilidad al castigo y poca capacidad de adaptación”, explica Dimana Atanassova, autora del estudio y experta en neurociencia cognitiva. “Me interesa entender por qué estas personas no ajustan su comportamiento cuando cambian las consecuencias de sus acciones, por ejemplo, cuando algo que antes era premiado empieza a ser castigado”.

Una de las hipótesis que Atanassova quería explorar era si estas personas tienen dificultades para aprender en contextos volátiles, es decir, cuando hay que detectar y adaptarse a cambios en las asociaciones entre acciones y resultados. “Quizá no tengan problemas para aprender asociaciones simples, pero sí para actualizarlas cuando cambian las reglas del juego”, añade.

Para investigar esto, se reclutó a 108 adultos de entre 19 y 54 años. Los participantes realizaron una tarea de toma de decisiones inspirada en situaciones de búsqueda de recursos, donde debían decidir si mantenían una opción conocida o exploraban nuevas. Los resultados podían ser recompensas o pérdidas monetarias, o bien recompensas personales y descargas eléctricas calibradas para resultar desagradables.

Mientras realizaban la tarea, se registraba la actividad cerebral mediante electroencefalografía (EEG), centrándose en una señal llamada negatividad relacionada con la retroalimentación (feedback-related negativity o FRN), que se activa ante resultados inesperados. Además, se midieron los rasgos psicopáticos de cada participante a través de un cuestionario estándar que evalúa dimensiones interpersonales, afectivas, de estilo de vida y antisociales.

Se utilizó un modelo computacional llamado Hierarchical Gaussian Filter para analizar cómo los participantes generaban predicciones sobre el entorno y las ajustaban en función de la retroalimentación. Este modelo distingue entre el aprendizaje basado en resultados inmediatos y el aprendizaje basado en patrones más amplios de cambio ambiental, lo que se conoce como seguimiento de la volatilidad.

Miedo al entorno

Los resultados mostraron que las personas con rasgos antisociales elevados tendían a creer que el entorno era mucho más inestable de lo que realmente era. Esta percepción exagerada de volatilidad hacía que las señales del entorno perdieran valor como guía para el comportamiento, lo que explicaría por qué estas personas persisten en conductas ineficaces aunque la situación cambie.

“Me sorprendió ver que estas personas, sin necesidad de tener antecedentes penales, ya percibían el mundo como extremadamente impredecible”, comentó Atanassova. “Eso dificulta la creación de asociaciones estables entre acciones y consecuencias”.

Por otro lado, los rasgos psicopáticos interpersonales —como el encanto superficial o la tendencia a manipular— se relacionaron con un menor aprendizaje a partir de recompensas personales. Estas personas respondían menos ante resultados que, en teoría, deberían motivarlas, lo que sugiere una baja sensibilidad al refuerzo positivo.

En contraste, los rasgos afectivos psicopáticos —como la frialdad emocional o la falta de empatía— se asociaron con una respuesta reducida ante castigos dolorosos. Estas personas no ajustaban su conducta tras recibir una descarga eléctrica, como si el castigo no tuviera el efecto esperado. Curiosamente, sí mostraban una buena capacidad de aprendizaje ante recompensas personalizadas, lo que sugiere que ciertos tipos de incentivos podrían ayudar a superar parte de estas dificultades.

Además, la señal cerebral de la FRN no reflejaba simplemente si un resultado era bueno o malo, sino cuán inesperado era en relación con las expectativas sobre el entorno. Esta señal también varió en intensidad según los rasgos psicopáticos del participante, lo que sugiere que estos rasgos no solo afectan la conducta, sino también los procesos cerebrales básicos del aprendizaje.

El estudio ofrece una visión matizada sobre cómo los rasgos psicopáticos influyen en el aprendizaje. No se trata de una insensibilidad general al castigo, sino de que distintos rasgos se asocian con diferentes alteraciones del aprendizaje. Los rasgos antisociales distorsionan la percepción de estabilidad del entorno. Los rasgos interpersonales reducen el poder motivador de las recompensas. Los rasgos afectivos atenúan el efecto del castigo, especialmente el físico, aunque dejan intacto el aprendizaje basado en recompensas.

“No todas las personas con rasgos psicopáticos aprenden de la misma forma”, concluye Atanassova. “Algunas responden más al castigo, otras más a la recompensa. Por ejemplo, los individuos más manipuladores respondían bien a castigos dolorosos, pero no se motivaban con recompensas. En cambio, los menos empáticos eran menos sensibles al castigo, pero sí se movían por recompensas”.

Estas diferencias también se reflejan en el cerebro, especialmente en cómo las personas detectan y se adaptan a cambios en las consecuencias de sus actos. Los resultados cuestionan la idea de que todas las personas con rasgos psicopáticos son insensibles al castigo y abren la puerta a intervenciones personalizadas que utilicen motivadores adecuados según el perfil.

El estudio, sin embargo, tiene limitaciones. Se realizó con personas de la población general, no con individuos diagnosticados clínicamente ni con antecedentes penales. Aunque los rasgos psicopáticos están presentes en todos los niveles de la sociedad, sería interesante explorar si estos patrones se repiten en contextos clínicos o judiciales.

“Estudiar estos rasgos en personas comunes nos ayuda a entender cómo afectan el aprendizaje y la conducta a gran escala”, afirma Atanassova. “En próximas investigaciones queremos averiguar si estas alteraciones tienen una base genética o biológica, y cómo se ven afectadas por experiencias tempranas en la vida”.

REFERENCIA

Exploring when to exploit: the cognitive underpinnings of foraging-type decisions in relation to psychopathy