Un nuevo estudio muestra que la sombra de los árboles puede bajar hasta 17 ºC, pero su efecto refrigerante es limitado en el aire desértico de Las Vegas.

El calentamiento urbano es un fenómeno creciente que agrava las olas de calor en las ciudades. Los árboles ayudan a mitigar este efecto mediante dos mecanismos principales: la sombra, que reduce directamente la temperatura superficial, y la transpiración, que refresca el aire al liberar vapor de agua a través de las hojas.

Las Vegas ha batido récords de temperatura año tras año, y con más de 500 muertes por calor extremo en el sur de Nevada solo en 2024, la urgencia por soluciones climáticas urbanas es crítica. Entre las opciones disponibles, la plantación de árboles callejeros figura como una medida prometedora. Ahora, una investigación publicada el 17 de junio en Environmental Research: Climate aporta una visión más precisa sobre los beneficios y límites de esta estrategia en climas desérticos.

El estudio, liderado por los investigadores Juan Henao y John Mejía del Desert Research Institute (DRI), usó simulaciones computacionales detalladas del entorno urbano de Las Vegas para medir cómo los árboles influyen en la temperatura. El análisis reveló que los árboles pueden generar zonas de sombra que llegan a estar hasta 17 ºC más frescas que las áreas circundantes bajo el sol directo. Sin embargo, esta sensación de alivio térmico no se traduce de manera proporcional en una reducción general de la temperatura del aire.

“Los árboles realmente pueden mejorar nuestra sensación térmica porque sentimos la diferencia al ponernos debajo de uno,” explicó Juan Henao, investigador postdoctoral en modelado atmosférico del DRI. “Pero ese confort va más allá de la temperatura: también notamos la disminución en la radiación solar que nos alcanza. Uno de los hallazgos importantes es que la temperatura del aire no es el único factor relevante.”

La clave está en cómo responden los árboles a la sequedad extrema del desierto. En condiciones áridas, muchos árboles cierran los estomas —los poros de sus hojas— para evitar la pérdida de agua. Este mecanismo limita la transpiración, reduciendo así su capacidad de enfriar el aire. Estudios anteriores ya indicaban que en regiones cálidas y secas, el enfriamiento por evaporación de los árboles puede ser un 40% menor que en climas templados y húmedos.

Por tanto, la elección de especies es fundamental. No todos los árboles se comportan igual en un entorno tan hostil como el de Las Vegas. El estudio comparó diferentes especies y encontró que los cerezos, por ejemplo, ofrecían un mayor enfriamiento del aire —alrededor de 0,7 ºF (unos 0,4 ºC) durante el día—, tres veces más que el roble bur. Sin embargo, ese beneficio vino acompañado de un coste: los cerezos requerían tres veces más agua para lograrlo.

No solo árboles, también agua

Estas diferencias revelan la necesidad de sopesar cuidadosamente los beneficios térmicos frente al consumo de agua, especialmente en un lugar donde este recurso es escaso. “Creo que hay cierto consenso, que también hemos confirmado aquí, de que en climas áridos y calurosos, la sombra es el beneficio más importante de los árboles, y no necesariamente la refrigeración por transpiración”, señaló Henao.

Otro aspecto que destaca el estudio es que, aunque los árboles no sean una solución mágica para reducir el calor urbano, sí aportan múltiples ventajas. Además de la sombra, contribuyen a la captura de carbono, mejoran el paisaje urbano y hacen que las calles sean más agradables para caminar. Pero su impacto real depende de cómo y dónde se planten.

Las simulaciones del estudio analizaron el efecto de una única especie de árbol plantada por toda la ciudad, lo que limita la extrapolación de resultados a escenarios más diversos y realistas. Aun así, los autores consideran que esta información puede ayudar a orientar las estrategias de forestación urbana, priorizando zonas con tráfico peatonal, como aceras soleadas y paradas de autobús.

“Los árboles urbanos no son una solución milagrosa para enfriar nuestras ciudades, especialmente en lugares como Las Vegas,” dijo Henao. “Pero proporcionan una sombra significativa y, por supuesto, otros beneficios. Personalmente, prefiero ver árboles. Solo debemos recordar que, para enfriar el aire, necesitan liberar vapor de agua, y para eso necesitan agua. Cualquier ciudad caliente y seca debe tener en cuenta estos intercambios y estudiar bien qué especies plantar.”

John Mejía, climatólogo del DRI y coautor del estudio, añadió: “Los árboles en la calle son una parte importante de la solución al sobrecalentamiento urbano. Pero para equipar a los planificadores urbanos con más herramientas, nuestra investigación también explora otras estrategias de mitigación del calor, como materiales reflectantes en techos, muros y pavimentos; cubiertas verdes; y eficiencia energética en edificios.”

Concluye así que la lucha contra el calor en ciudades desérticas no depende de una sola solución, sino de un enfoque combinado que tenga en cuenta las particularidades del clima, los recursos disponibles y las necesidades de la población. Y aunque un árbol no puede hacer llover, sí puede hacer la espera del autobús mucho más llevadera.

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