Un estudio con adultos con trastorno de ansiedad generalizada encontró mejoras rápidas y sostenidas con 100 y 200 microgramos de LSD, sin efectos adversos
El trastorno de ansiedad generalizada se caracteriza por una preocupación excesiva y persistente sobre muchas áreas de la vida. Los tratamientos habituales incluyen psicoterapia y antidepresivos como los ISRS, fármacos que aumentan la serotonina, un neurotransmisor relacionado con el estado de ánimo. Los psicodélicos, entre ellos el LSD, también actúan sobre la serotonina y podrían potenciar la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para reorganizar conexiones y formar nuevos patrones de pensamiento. En los ensayos clínicos se compara el fármaco con un placebo, una pastilla inerte, para distinguir el efecto real de la expectativa. La remisión suele definirse con una puntuación muy baja en escalas de síntomas, señal de que la ansiedad ha quedado prácticamente apagada.
Una sola dosis del psicodélico LSD parece reducir la ansiedad sin efectos secundarios duraderos. “El nuestro es el primer ensayo moderno que mira específicamente el LSD, o cualquier psicodélico, para el trastorno de ansiedad generalizada”, dice Dan Karlin, de la biotecnológica MindMed en Nueva York.
El trastorno se define por una preocupación excesiva sobre asuntos variados, desde el trabajo hasta las relaciones. El tratamiento de primera línea incluye fármacos que mejoran el estado de ánimo, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y otros antidepresivos, además de terapias de conversación.
Aproximadamente la mitad de las personas no responde a estas opciones. “Para mucha gente, los ISRS no son muy eficaces, tienen efectos secundarios intolerables, como sentirse emocionalmente insensible, porque hay que tomarlos a diario, y solo funcionan mientras los tomas”, señala Karlin.
Estudios previos habían sugerido que el LSD podía ser una alternativa. Se usa de forma recreativa por sus efectos alucinógenos y de alteración de la conciencia. Karlin explica que se cree que aumenta la serotonina en el cerebro, lo que algunas personas describen como una experiencia emocional profunda.
Añade que también podría mejorar la capacidad del cerebro para reorganizarse y crear nuevos patrones de pensamiento. Sin embargo, hasta ahora ningún ensayo con placebo había explorado si la sustancia beneficia a quienes tienen trastorno de ansiedad generalizada.
Para cubrir ese hueco, Karlin y su equipo reclutaron a 198 adultos con este diagnóstico. Los participantes redujeron de forma gradual los medicamentos para la ansiedad que tomaban, aunque quienes recibían psicoterapia siguieron con sus sesiones.
Mediante un cuestionario clínico habitual, los participantes calificaron la gravedad de 14 síntomas. Debían puntuar de 0 a 4 aspectos como sentirse preocupado, tenso o con dificultad para concentrarse. Con un máximo de 56, la media inicial fue de 30, por encima del umbral de 24 que indica ansiedad grave.
Después, el equipo los dividió al azar en cinco grupos. Recibieron LSD en dosis de 25, 50, 100 o 200 microgramos, o un placebo, sin saber qué se les había administrado. Un día más tarde, quienes tomaron 100 y 200 microgramos ya reportaban mejoría, comenta Karlin.
Una sola dosis de 100 microgramos
Al mes, los grupos de 100 y 200 microgramos mostraron reducciones medias de 21 y 19 puntos, respectivamente, en la escala de ansiedad. La mejoría se mantuvo hasta el final del estudio, tres meses después de la dosis.
Alrededor del 46 por ciento de estas personas entró en remisión, definida como una puntuación de 7 o menos. Es un descenso notable si se parte de una media de 30. No es magia, es estadística que invita a mirar dos veces.
Mientras tanto, el grupo placebo y los de dosis bajas registraron reducciones de entre 14 y 17 puntos. En torno al 20 por ciento alcanzó la remisión. Esto sugiere que las dosis más bajas no aportaron alivio adicional frente al placebo.
El beneficio observado con las dos dosis más altas representa una mejora sustancial sobre el placebo, afirma Sunjeev Kamboj, de University College London. “Es una mejora clínicamente significativa en términos de deterioro y malestar”, dice.
La mejoría en el grupo placebo, fenómeno habitual en los ensayos de ansiedad, probablemente se debió a una mezcla de factores. Sentirse atendido y cuidado durante el estudio puede influir. La expectativa también juega sus cartas.
El equipo observó que la mayoría pudo adivinar con acierto si había tomado LSD o placebo. Con psicodélicos esto es común porque, para muchas personas, producen efectos alucinógenos perceptibles. En todos los grupos, algunos participantes sufrieron náuseas y dolor de cabeza durante las 12 horas posteriores al tratamiento.
Quienes recibieron dosis bajas y quienes tomaron placebo reportaron cambios visuales, como alucinaciones, a tasas mucho menores que los de dosis altas. Esto complica separar cuánto del beneficio se debe a la expectativa según las sensaciones y cuánto al efecto directo del fármaco en el cerebro, apunta Kamboj.
Pese a esa salvedad, el estudio aporta algunas de las mejores pruebas hasta la fecha de que el LSD podría ser útil contra la ansiedad. “Es un hallazgo muy prometedor, se puede lograr un efecto muy rápido en la reducción de síntomas, lo que sería extremadamente significativo para los pacientes”, afirma.
Los resultados han sido lo bastante prometedores como para que la Agencia de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos designe la formulación de LSD de MindMed como Terapia Innovadora, una vía que acelera el desarrollo de medicamentos. Karlin adelanta que el equipo ya lleva a cabo ensayos más grandes.
Esos estudios evaluarán si los beneficios persisten más allá de tres meses y medirán resultados a más largo plazo. Los investigadores esperan tener datos en los próximos años. Hasta entonces, conviene mantener la curiosidad, y los pies en la tierra.
REFERENCIA
Single Treatment With MM120 (Lysergide) in Generalized Anxiety Disorder