Una única cápsula con microbiota de donantes sanos redujo cintura, grasa e inflamación en jóvenes, con mejoras cardiometabólicas que siguieron visibles durante más de cuatro años.
Un trasplante de microbiota fecal, o FMT por sus siglas en inglés, introduce bacterias beneficiosas de un donante sano en el intestino de otra persona con el objetivo de restablecer el equilibrio microbiano. La, ejem, caca, se puede traspasar mediante un enema, una colonoscopia, o incluso con pastillas de materia fecal liofilizada.
Pues bien, un único trasplante de microbiota fecal en adolescentes con obesidad ha sido capaz de producir beneficios metabólicos duraderos. Las cinturas se redujeron, la grasa corporal bajó y la inflamación se moderó. Cuatro años después, los marcadores de riesgo cardiovascular seguían siendo positivos.
La terapia puede no ser un buen tema para comentar durante la comida, pero el auge de la investigación sobre el microbioma intestinal y la búsqueda de alternativas a los agonistas de GLP-1 como Ozempic, ha vuelto a poner de moda intervención. La idea es sencilla, si cambias los habitantes de tu intestino, cambias cómo funciona tu metabolismo.
Hace ocho años, 87 adolescentes participaron en un estudio dirigido por la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda. Todos tenían obesidad y recibieron una única intervención de FMT para tratarla. Ahora, el equipo de investigadores publica los resultados del seguimiento realizado más de cuatro años después.
“Lo impresionante es que solo un tratamiento de FMT produjo una reducción drástica del síndrome metabólico que duró al menos cuatro años”, dijo Wayne Cutfield, médico, profesor de Endocrinología Pediátrica en el Liggins Institute de la Universidad de Auckland y coautor corresponsal del estudio. “Esto significa que los participantes tienen un riesgo mucho menor de desarrollar diabetes y enfermedad cardiaca a largo plazo”.
Los 87 jóvenes tenían entre 14 y 18 años. La mitad recibió cápsulas de FMT, sí, por vía oral, elaboradas a partir de donantes sanos y delgados. La otra mitad recibió cápsulas placebo. Los del grupo tratado tragaron 28 cápsulas en dos días, cada una con bacterias intestinales procedentes de cuatro donantes. Durante los primeros seis meses, el ensayo fue doble ciego, aleatorizado y controlado con placebo. Después, se desenmascaró, los participantes supieron qué habían recibido, y se les siguió hasta la evaluación a los cuatro años.
Cuatro años de mejora de la salud con una sola pastilla
Pasados unos cuatro años y medio, 55 participantes, el 63% del grupo original, volvieron para las pruebas. Se realizaron escáneres corporales DEXA, analíticas de sangre, tomas de tensión arterial y cuestionarios de dieta y actividad. También entregaron muestras de heces para analizar su microbioma. La DEXA, que usa rayos X de baja dosis, permite medir con precisión la grasa total, la masa magra y la densidad ósea.
Los investigadores no observaron diferencias significativas en el peso ni en el IMC entre los grupos de FMT y placebo. Aun así, quienes recibieron FMT presentaron cinturas más pequeñas, de media 10 centímetros, menos. Además, mostraron aproximadamente un 5% menos de grasa corporal total en el seguimiento. La puntuación de gravedad del síndrome metabólico fue más baja, la inflamación descendió de forma marcada y el colesterol HDL aumentó. No se vieron diferencias relevantes en el control de la glucosa ni en la mayoría de los otros lípidos.
“Más de uno de cada tres de los adolescentes del estudio tenía síndrome metabólico”, dijo Cutfield. “El síndrome metabólico tiene consecuencias graves, incluidas el doble de riesgo de muerte por enfermedad cardiaca o ictus y un riesgo cinco veces mayor de diabetes tipo 2”.
El efecto no se quedó en la clínica, también se observó en la ecología interna del intestino. El FMT provocó cambios duraderos en bacterias y virus intestinales. A los cuatro años, seguían presentes cepas bacterianas y virales derivadas de los donantes en quienes habían recibido el tratamiento. Algunos participantes conservaron muchas cepas del donante, otros muy pocas, lo que sugiere que la respuesta depende de cada huésped.
“Realmente nos hace pensar en los plazos en los que buscamos los efectos de los tratamientos basados en el microbioma”, dijo el otro autor corresponsal, Justin O’Sullivan, profesor y director del Liggins Institute. “Imagina poder programar tu microbioma para reducir el riesgo de enfermedades antes de que ocurran. Este trabajo está allanando el camino para probióticos de nueva generación que apunten a condiciones específicas mediante cambios sostenidos del microbioma”.
La meta final es comercializar un tratamiento microbiano para el síndrome metabólico. “Nuestro santo grial es desarrollar una súper mezcla de bacterias que pueda tomarse para prevenir o moderar el síndrome metabólico”, dijo Cutfield. “El primer paso es demostrar que nuestra combinación a medida de bacterias realmente funciona”.
Quedan preguntas por resolver, como quién responde mejor, cuánto dura el efecto más allá de los cuatro años o si se necesitan refuerzos. También interesan los mecanismos, qué cepas hacen qué y en qué contexto dietético funcionan. Aun así, los datos apuntan a que una intervención única puede reordenar el metabolismo durante años.
Para unos adolescentes que solo tuvieron que tomar 28 cápsulas en dos días, el balance suena tentador. Menos barriga, menos inflamación y mejor perfil cardiometabólico sin cirugía ni fármacos crónicos.
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