Una revisión de estudios revela que la dieta cetogénica podría reducir la frecuencia e intensidad de la migraña al reequilibrar el uso de energía en el cerebro y frenar la inflamación.

La dieta cetogénica se conoce desde hace siglos. Consiste en reducir el consumo de carbohidratos (azúcares y almidón) al mínimo, obligando al cuerpo que recurra a convertir las grasas en unos compuestos llamados cuerpos cetónicos o cetonas para conseguir energía. El cerebro es uno de los órganos que parece que funciona mejor usando cetonas. Uno de los primeros usos de la dieta cetogénica fue, de hecho, el tratamiento de la epilepsia en niños, una terapia que se sigue utilizando hoy en día con éxito y que reduce en un 90% los ataques sin ningún efecto secundario.

Quedándonos en el cerebro, la migraña es mucho más que un dolor de cabeza. Es una enfermedad neurológica compleja con raíces genéticas, vasculares y metabólicas. Durante años, estudios han mostrado que el cerebro de quienes la padecen sufre desequilibrios energéticos, como exceso de lactato y episodios de hipoglucemia. Estos hallazgos despertaron el interés en terapias metabólicas como la dieta cetogénica, que podría corregir la hipometabolismo cerebral y restablecer la energía perdida.

El trabajo analizó un siglo de literatura científica, con especial énfasis en estudios de las últimas dos décadas, que ofrecen metodologías más rigurosas y datos más claros sobre los mecanismos implicados. Se incluyeron desde relatos históricos y series de casos hasta ensayos clínicos controlados y observacionales. Además de la dieta cetogénica en sí, se estudiaron estrategias afines como la restricción calórica, suplementos de triglicéridos de cadena media y cetonas exógenas. Los resultados medidos incluyeron la frecuencia mensual de crisis, la intensidad del dolor, la necesidad de analgésicos, los niveles de cetonas en sangre y la tolerabilidad de las intervenciones.

La dieta cetogénica y el cerebro

Los beneficios de la dieta cetogénica parecen estar ligados a múltiples mecanismos. Los cuerpos cetónicos, en particular beta-hidroxibutirato y acetoacetato, producen más moléculas de ATP que la glucosa, lo que significa más energía disponible para un cerebro vulnerable. Al mismo tiempo, promueven la biogénesis mitocondrial, mejoran la fosforilación oxidativa y reducen la formación de radicales libres, neutralizando así los déficits energéticos básicos. También actúan sobre la inflamación: el beta-hidroxibutirato, uno de los cuerpos cetónics, inhibe la activación del inflamasoma, disminuye la liberación de citoquinas (las proteínas inflamatorias en el organismo) y estimula genes antiinflamatorios. A nivel de neurotransmisores, aumentan el GABA y reducen el glutamato, dos mensajeros químicos que equilibran la excitabilidad en la corteza cerebral y reducen la probabilidad de crisis.

Como efecto secundario interesante, la dieta cetogénica mejora la sensibilidad a la insulina y facilita la pérdida de peso, factores que pueden reducir la frecuencia de migrañas en personas predispuestas. Sin embargo, la evidencia clínica no es uniforme. Muchos estudios carecen de detalles sobre la composición de macronutrientes y muestran variabilidad en la adherencia de los pacientes. Pese a ello, varios ensayos reportan que quienes siguen la dieta para adelgazar experimentan mejoras espontáneas en la migraña. Un ensayo de 2025, controlado y aleatorizado, encontró que las dietas bajas en calorías reducían más rápido los días de dolor y el consumo de analgésicos.

Existen alternativas menos estrictas. Los suplementos de triglicéridos de cadena media como el aceite MCT elevan los niveles de cetonas con rapidez, pero los resultados son mixtos: un ensayo pequeño reportó una reducción del 53% en la frecuencia mensual de crisis, mientras otro no mostró diferencias frente a placebo y causó molestias gastrointestinales. Las cetonas exógenas, en forma de sales o ésteres logran aumentar los niveles circulantes, aunque sin reproducir todos los efectos de la dieta. Esto apunta a que la reprogramación metabólica inducida por la dieta, más que la simple cetosis, es la clave para la mejoría clínica.

En conjunto, la dieta cetogénica se perfila como una alternativa no farmacológica prometedora para la prevención de la migraña crónica, al atacar el problema desde varios frentes: metabolismo energético, inflamación y neurotransmisión. Sin embargo, los estudios actuales adolecen de tamaños de muestra pequeños, mediciones imprecisas de cetonas y seguimientos demasiado cortos. Se necesitan ensayos clínicos grandes y prolongados para definir la mejor composición nutricional, su eficacia real y su seguridad. Pese a los desafíos en la tolerancia y los posibles efectos secundarios, la dieta cetogénica podría convertirse en una herramienta útil, ya sea como complemento o como alternativa a las terapias convencionales.

REFERENCIA

The hypometabolic state of the migraine brain: Is a ketogenic diet the answer?