Un viraje a un azul tenue intriga a los astrónomos tras un fogonazo de brillo junto al Sol, en un cometa que en julio era rojo y en septiembre verde
Ya en la escuela nos enseñaban que los cometas provienen de la nube de Oort, una capa esférica de objetos helados que rodea el sistema solar. Pero la llegada del Oumuamua y Borisov nos demostraron que hay objetos de otros sistemas estelares que pueden colarse en el nuestro.
El último de estos intrusos es 3I/ATLAS, descubierto en julio, un objeto que no deja de confundir a los astrónomos. Su brillo y su aspecto parecen cambiar a medida que se acerca al Sol, y cada color cuenta una historia química distinta. Las variaciones cromáticas ya se habían visto en cometas del sistema solar, pero que un visitante interestelar encadene tres cambios tan seguidos resulta poco común.
Las observaciones más recientes, obtenidas mientras 3I/ATLAS cruzaba por detrás del Sol, le dan un tinte azulado. Antes, el cometa ya había dado otros sustos: se encendió de forma súbita, mucho antes de lo que podría explicar la cercanía al Sol. Ese fogonazo ocurrió justo antes del perihelio, el 29 de octubre, cuando el objeto pasó a unos 210 millones de kilómetros del Sol, aproximadamente 1,4 veces la distancia del Sol a la Tierra. Los datos llegaron de coronógrafos y cámaras heliosféricas en naves como STEREO-A, SOHO y el satélite meteorológico GOES-19, instrumentos diseñados para estudiar la corona solar, pero que también capturan cometas que se cuelan en su campo de visión.
Sin embargo, en julio, las primeras medidas mostraron un tono rojizo, típico de una coma (la nube de gas y polvo que rodea el núcleo helado del cometa y que se forma cuando este se acerca al Sol) cargada de polvo. A principios de septiembre, las imágenes de aficionados revelaron un halo verdoso, señal de la presencia de moléculas como el dicarbono o compuestos de cianógeno que brillan al descomponerse por la radiación del Sol.
Rojo, verde y azul
Ahora, el análisis de color de esos instrumentos espaciales sugiere que 3I/ATLAS es «claramente más azul que el Sol». Los autores del estudio proponen que gases como el monóxido de carbono o el amoníaco, liberados con fuerza cerca del perihelio, podrían explicar ese viraje al azul.
No todos los cambios han perdurado. Ni el rojo ni el verde se mantuvieron mucho tiempo, y no está claro si el azul lo hará. En los cometas, la superficie puede fracturarse, exponer hielos frescos y activar chorros que cambian la mezcla de polvo y gas casi de un día para otro. En el caso de 3I/ATLAS, además, hablamos de un cuerpo que ha navegado durante miles de millones de años entre estrellas. Su piel helada puede haberse endurecido por los rayos cósmicos, lo que complica leer en ella la química de su sistema natal.
Más rarezas. El 3I/ATLAS viaja a más de 210.000 km/h y ya mostró un exceso de dióxido de carbono y pérdidas abundantes de agua, junto con una “anticola”, una estela que parece apuntar hacia el Sol por un efecto de perspectiva y formada por partículas muy finas. Ese comportamiento alimentó especulaciones extravagantes, como ocurrió con el Oumuamua, sobre si el objeto era inteligente. Pero la mayoría de expertos insisten en que se comporta como un cometa, solo que muy activo y observado con una batería de ojos e instrumentos que antes no teníamos.
A partir de ahora, la Tierra vuelve a tenerlo a tiro. Tras el paso por detrás del Sol, el cometa se desplaza hacia el cielo del hemisferio norte y los telescopios en tierra podrán seguirlo mejor. No se verá a simple vista, pero con un buen telescopio o unos prismáticos astronómicos de calidad es posible avistarlo. El 19 de diciembre pasará a su mínima distancia de nuestro planeta, unos 270 millones de kilómetros, todavía demasiado lejos para verlo sin ayuda óptica, aunque perfecto para que los científicos midan con detalle su coma, su cola y, con suerte, este nuevo tono azulado.
En el estudio que describe el fogonazo de brillo inicial, los autores recopilan fotometría de varias naves y muestran que la luminosidad de 3I/ATLAS creció con mucha rapidez según se acercaba al Sol. Ese patrón, unido a la señal de color, refuerza la idea de que el gas ganó peso en el brillo visible cerca del perihelio. Si se confirma desde tierra, la secuencia rojo-verde-azul de 3I/ATLAS se convertirá en una pista única sobre cómo despiertan los hielos de un cometa nacido en otro vecindario estelar.
REFERENCIA
Rapid Brightening of 3I/ATLAS Ahead of Perihelion
Imagen: Nuevas observaciones revelan que 3I/ATLAS podría estar volviéndose azul. Crédito: NASA/ESA