Después del asteroide que mató a los dinosaurios no hubo que esperar mucho para que la evolución de la vida volviera con fuerza: solo unos 2.000 años

El asteroide que mató a los dinosaurios, Chicxulub, también acabó con el 75% de las especies que vivían en nuestro planeta cuando cayó hace 66 millones de años. Si ocurriera un cataclismo parecido, y la mayor parte de la vida en la Tierra desapareciera de repente, incluyéndonos a nosotros, ¿cuánto tardarían en recuperarse los ecosistemas? No mucho.

El asteroide Chicxulub apagó la fotosíntesis y barrió ecosistemas enteros. Hasta hace poco se pensaba que la recuperación habría tardado cientos de miles de años y que la evolución natural habría necesitado muchísimo tiempo para reanudarse.

Ahora, un nuevo cálculo sugiere que el océano no esperó tanto. El protagonista de esta revisión es un grupo de fósiles marinos diminutos llamados foraminíferos planctónicos, organismos unicelulares que flotaban en el mar antiguo y construían pequeñas conchas minerales. En geología, su primera aparición tras la extinción funciona como una señal horaria, el equivalente a encontrar la primera bombilla encendida después de un apagón.

La vida volvió pronto tras el asteroide que mató a los dinosaurios

Esa “señal” biológica tiene un nombre difícil, Parvularugoglobigerina eugubina, y suele marcar el inicio de la recuperación del ecosistema oceánico. Una estimación de 2011 situó su debut unos 30.000 años después del impacto. Los investigadores midieron el grosor de las capas de roca entre la frontera de extinción y el primer fósil, y con tasas medias de sedimentación, extrapolaron el tiempo transcurrido.

Christopher Lowery, paleoceanógrafo en la Universidad de Texas en Austin, aceptó ese número sin darle demasiadas vueltas, hasta que empezó a chirriar con otros indicios. Al trabajar con testigos de sedimento extraídos del propio cráter de Chicxulub, él y su equipo buscaron un “reloj” más fiable para el caos de los primeros años. Lo encontraron en el helio-3, una forma rara de helio que llega a la Tierra en cantidades casi constantes gracias al polvo interplanetario.

La idea es elegante. Si sabes cuánto helio-3 cae por unidad de tiempo, puedes estimar cuánto tardó en acumularse una determinada capa de sedimento, incluso cuando el registro geológico resulta confuso. Con ese método, los datos apuntaban a una sorpresa: P. eugubina habría evolucionado en torno a 6.000 años tras la catástrofe. Lowery dudó, porque a nadie le apetece ser el mensajero de un terremoto cronológico.

Así que el grupo amplió el enfoque. En lugar de apoyarse solo en Chicxulub, revisaron datos publicados de otros lugares donde se había medido helio-3 y se habían identificado los primeros foraminíferos posteriores a la extinción, pero sin combinar ambas piezas para recalibrar el calendario. Al promediar seis yacimientos, incluido el cráter y depósitos marinos de Italia, España y Túnez, la película se aceleró.

Una especie de plancton marca el reinicio de la evolución

De media, P. eugubina aparece 6.400 años después del impacto. Otras especies nuevas surgen en solo uno o dos milenios. Luego llega una oleada de diversidad que llena nichos ecológicos vacíos, tras una extinción que eliminó cerca de tres cuartas partes de la vida, incluidos muchos de los propios plancton marinos que sostenían la cadena alimentaria.

El resultado no convierte el Paleoceno temprano en una reparación instantánea, pero sí en un laboratorio de innovación mucho más veloz de lo que se creía. Lowery lo resume así: “Esto realmente nos ayuda a entender lo rápido que pueden evolucionar las especies”, y añade que ofrece una rara “oportunidad en el pasado geológico para entender cómo pueden recuperarse los ecosistemas de estos cambios rápidos y severos”.

Y aún hay más prisa en el horizonte. El paleobiólogo Brian Huber, del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian, obtuvo señales de temperatura atrapadas en conchas de foraminíferos y concluyó que algunas especies nuevas podrían haber surgido en apenas décadas. Su trabajo depende de modelos climáticos para inferir tiempos, no de tasas directas de acumulación de sedimentos, pero si acierta, como dice él, “madre mía, es incluso más rápido de lo sugerido”. “Es una auténtica revelación.”

Vivi Vajda, paleobióloga del Museo Sueco de Historia Natural, lo expresa con sencillez: “La vida realmente empieza a recuperarse en cuanto hay alguna posibilidad”. Eso sí, el propio Lowery pone el freno final. La especiación puede correr, pero la recuperación completa tarda millones de años, y “nada parecido a los dinosaurios volvió jamás”.

REFERENCIA

New species evolved within a few thousand years of the Chicxulub Impact