Un nuevo brote de virus del Ébola ha reactivado la búsqueda urgente de una cura, la respuesta inmune de quienes sobrevivieron al virus puede ser la clave para encontrar la cura

El virus del Ébola sigue siendo uno de los desafíos más letales y temidos de la medicina moderna, durante años, ha sido sinónimo de miedo, alta mortalidad y brotes difíciles de controlar, pero la ciencia también ha aprendido a mirar la enfermedad desde otro ángulo: el de las personas que lograron sobrevivir. La clave para una cura definitiva podría encontrarse fluyendo por las venas de quienes lograron derrotar la enfermedad, cuyas muestras de sangre pueden ayudar a entender mejor la respuesta inmunitaria y, a largo plazo, orientar nuevas terapias.

Mientras la investigación avanza, los brotes siguen apareciendo. Actualmente, el mundo observa con preocupación el nuevo brote de Ébola en la República Democrática del Congo y Uganda y la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha declarado el brote como una emergencia de salud pública de interés internacional. Como explica el Dr. Justo Menéndez, especialista en enfermedades tropicales del Hospital Universitario HM Sanchinarro, en una entrevista para Quo, esta variante es particularmente problemática porque no existen vacunas ni tratamientos específicos aprobados para ella, lo que obliga a depender de medidas básicas de control de infecciones.

En 2024, la inmunóloga Jennifer Serwanga viajó durante horas por carreteras escarpadas en las montañas de Bundibugyo para reencontrarse con las comunidades que vivieron aquel episodio devastador, con el objetivo de analizar si el sistema inmunitario de los supervivientes conserva huellas que puedan servir para desarrollar tratamientos contra distintas variantes del virus.

La desigualdad del Ébola

A diferencia de lo que muchos creen, el ébola no se transmite por el aire, sino por contacto directo con fluidos corporales, aunque su letalidad sigue siendo devastadora. Mientras que la tasa de letalidad del COVID-19 se situó entre el 1,8% y el 4%, el ébola puede alcanzar hasta un 80% en algunos brotes.

Sin embargo, el ébola no es un virus omnipresente, históricamente ha circulado en menos de una docena de países africanos, y la República Democrática del Congo concentra más del 80% de los brotes registrados, pero eso no significa que el virus no pueda aparecer en otras zonas, como recordó la devastadora epidemia de 2014 en África Occidental, casi 30.000 infectados y más de 11.000 muertos en Guinea, Sierra Leona y Liberia.

«La mortalidad del ébola sería mucho menor en países desarrollados», Dr. Justo Menéndez.

En Europa o Estados Unidos, un paciente puede recibir soporte vital avanzado, hidratación intensiva, control de electrolitos y vigilancia continua, mientras que, en muchas regiones africanas, estas herramientas simplemente no existen.

El 26 de mayo, equipos de Médicos Sin Fronteras reforzaron las barreras perimetrales alrededor de una zona restringida de aislamiento por ébola, designada para pacientes sospechosos, en el Hospital General de Referencia de Mongbwalu, República Democrática del Congo.

El 26 de mayo, equipos de Médicos Sin Fronteras reforzaron las barreras perimetrales alrededor de una zona restringida de aislamiento por ébola, designada para pacientes sospechosos, en el Hospital General de Referencia de Mongbwalu, República Democrática del Congo. Fotógrafo: Michel Lunanga

Lo más preocupante en este brote es el contexto geopolítico. La provincia de Ituri, epicentro del brote, está inmersa en un conflicto armado activo, los desplazamientos de población y la presencia de milicias en zonas como Goma, donde ya se ha confirmado un caso, hacen mucho más complicado el rastreo de contactos y la contención del virus. La OMS advierte de que el alcance real del brote podría ser considerablemente mayor de lo que reflejan las cifras oficiales.

Estudiar la sangre para encontrar la cura

Al analizar el plasma de las personas que superaron la infección, los investigadores han descubierto anticuerpos potentes capaces de neutralizar el virus, una biblioteca biológica viva que ofrece un mapa de ruta para que el propio sistema inmunitario humano enseñe a la ciencia médica cómo ganar la batalla. Cuando una persona sobrevive al Ébola, su cuerpo retiene una memoria celular, ahora los científicos están aislando estos anticuerpos específicos para diseñar terapias de inmunización pasiva y tratamientos monoclonales de última generación.

La investigación de Serwanga revela que el sistema inmunitario humano es capaz de aprender y mejorar con el tiempo. Los supervivientes aún poseen anticuerpos que han madurado y se han vuelto más eficaces décadas después de la infección inicial. El objetivo final es encontrar anticuerpos monoclonales de amplio espectro que no solo ataquen una cepa de ébola, sino que protejan contra toda la familia de filovirus, incluyendo el virus de Marburgo.

No es una idea nueva, ya durante el brote de 2014, Médicos Sin Fronteras exploró el uso de suero de convaleciente, plasma extraído de supervivientes rico en anticuerpos, como tratamiento de emergencia. La evidencia entonces era mixta, pero el principio sigue siendo válido y la tecnología para aprovecharlo ha avanzado enormemente.  Los científicos esperan que estas pistas ayuden a combatir no solo una variante, sino varias. El ébola no es un único virus, existen cinco tipos, cuatro de ellos capaces de infectar a humanos. La variante Zaire es la más letal, el brote actual, Bundibugyo, es menos agresiva pero igualmente peligrosa.

Este enfoque ha dado lugar a terapias experimentales como la MBP134, que ya ha mostrado resultados prometedores protegiendo contra las tres principales especies de ébola en experimentos con animales, ahora deben buscar un solo tratamiento capaz de bloquear toda una familia de patógenos, para conseguir un avance histórico al lograr una terapia universal.

REFERENCIAS

Resilience and residuals beyond containment – The hidden burden of Bundibugyo Ebola virus survivorship sixteen years on: A cross-sectional observational study

Uganda Virus Research Institute