El doctor Justo Menéndez es facultativo de la Unidad de Medicina del Viajero y Enfermedades Tropicales en el Hospital Universitario HM Sanchinarro, y pone en perspectiva el reciente brote de ébola
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado el brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) y Uganda como una emergencia de salud pública de interés internacional. Hasta el 17 de mayo de 2026, se reportan al menos 88 muertes y más de 300 casos sospechosos, principalmente en la provincia de Ituri, en el este de la RDC. El brote es causado por el virus Bundibugyo, una de las cepas menos comunes del ébola para la cual no existen vacunas ni tratamientos aprobados. La transmisión se ha visto agravada por el conflicto activo en la región de Ituri y los desplazamientos de población, lo que ha llevado al director de los Centros para el Control de Enfermedades de África a declarar que está en «modo de pánico».
Este brote es especialmente preocupante por varias razones clave. En primer lugar, la falta de herramientas médicas específicas para esta cepa limita drásticamente las opciones de respuesta, obligando a depender de medidas básicas de control de infecciones. En segundo lugar, ya se han confirmado casos en las capitales de ambos países: Kampala (Uganda) y Kinshasa (RDC), lo que eleva enormemente el riesgo de propagación urbana y transfronteriza.
A esto se suma la incertidumbre sobre la verdadera magnitud del brote, ya que la OMS advierte que podría ser «mucho mayor de lo que se está detectando», y la confirmación de un caso en la ciudad de Goma, en una zona bajo control de milicias respaldadas por Ruanda. La combinación de alta letalidad, ausencia de vacunas, inestabilidad política y movilidad de personas hace que la situación sea crítica y requiera una movilización global inmediata.
Darío Pescador: ¿El ébola es un virus que está contenido geográficamente?
Doctor Justo Menéndez: Sí, la verdad es que es un virus presente en pocos países, todos de África, fundamentalmente África Central, algún país de África Occidental y también de África Oriental, pero no llegan a una docena de países. El país que con diferencia tiene más brotes históricamente es la República Democrática del Congo que concentra más del 80%. Lo que pasa es que recordarán que en 2014 hubo un brote terrible de ébola virus con casi 30.000 personas afectadas y más de 11.000 muertos en una zona donde nunca había habido brotes y nunca más ha vuelto a haber que es Sierra Leona, Guinea y Costa del Marfil.
DP: ¿En este caso reciente Uganda también es una excepción?
DJM: En este brote en concreto, en Uganda solo ha habido hasta ahora dos casos de personas que habían volado procedentes quizás de la República Democrática del Congo y que resultaron infectados. Se está investigando ahora si pudieron contactar con otras, pero por el momento en Uganda no es un foco importante que se sepa. La inmensa mayoría, sino casi la totalidad de casos, están en la República Democrática del Congo.
DP: Este virus se conoce por su elevada mortalidad, pero al mismo tiempo el mecanismo de contagio no es tan fácil
DJM: Efectivamente los diferentes tipos de virus ébola que hay, cinco de los cuales cuatro producen enfermedad en humanos, tienen una mortalidad elevada en todos los casos, y en algunos muy elevada. La variante actual es el Bundibugyo, con una letalidad que no es de las mayores. La mayor es la variante denominada Zaire con entre el 30 y el 80% de letalidad. Efectivamente es un virus muy letal, con una mortalidad muy alta. La transmisión que se hace por contacto directo de persona a persona, por contacto con fluidos de distintos tipos, saliva, sangre, vómitos, etc. No se transmite por vía aérea. Eso dificulta un poco una grandísima difusión, junto con el hecho de que la mayoría de los brotes ocurren en zonas rurales, poco pobladas.
En África ocurre que, por ejemplo, el cuidado de los enfermos suele ser a cargo de las familias y los ritos funerarios implican contacto directo con los cadáveres y eso facilita muchísimo la difusión de la enfermedad cuando hay algún brote. Hay otro factor que influye y es que en las primeras fases de la enfermedad, los síntomas son muy inespecíficos, fiebre, malestar general, y se pueden confundir con malaria o con cualquier otra cosa, por lo que no se adoptan de entrada esas medidas de prevención que luego son vitales. Esto ha ocurrido ahora en este caso, como en el anterior brote o incluso en el primero de los brotes identificados históricamente en 1970.
DP: ¿La letalidad tiene que ver con el acceso a la asistencia sanitaria en estos países? Si este virus viajara a Europa, ¿tendría una mayor tasa de supervivencia?
DJM: Sí, sin duda. El virus no tiene tratamiento específico, aunque ahora para la variante Zaire, que no es la de este brote actual, hay una vacuna, lo cual facilita muchísimo el manejo. Pero para el virus actual son medidas de soporte.
Es lo mismo que con lo que vimos con el hantanvirus. Eso quiere decir que países que tengan sistemas sanitarios robustos, con centros de tratamiento de alto nivel, pueden dar soporte vital a los pacientes mucho más eficazmente que en aquellos lugares donde eso no existe y, por tanto, la mortalidad es menor.
DP: ¿Cuál sería la mortalidad del ébola comparada con el covid?
DJM: La tasa de letalidad del coronavirus estuvo entre el 1,8% y el 3,2% aproximadamente, y en algún caso llegó al 4%. Y aquí estamos hablando de letalidades que se mueven entre el 30% y hasta el 80% en algunos brotes. En concreto, en el gran brote de África occidental de 2014-2015, que murieron 11.000 y pico personas, la tasa de letalidad fue del 39,5%. O sea que bastante más de 10 veces la del coronavirus.
DP: ¿Son efectivas las medidas de control de las personas?
DJM: Las medidas de contención de un brote que se pueden aplicar en países desarrollados y en núcleos urbanos son muy superiores. Piense por ejemplo, ¿qué ocurre cuando se cierran las fronteras para el paso de viajeros? Pues que en muchos de estos lugares de África la gente viaja a través de fronteras informales, donde no hay controles, porque estamos hablando de la selva o de entornos de sabana. Entonces es muy fácil pasar de un sitio a otro.
Por esa razón la Organización Mundial de la Salud desaconseja el cierre de fronteras, porque no impide el tránsito, solo hace que se muevan por circuitos informales. Por el contrario, un brote aquí es fácilmente identificable, rápidamente se pueden localizar los contactos, se les puede aislar, y les podemos dar terapia de soporte. Las cosas son diferentes en países no desarrollados, de entornos rurales y con pocos recursos.