Matías Costa es fotógrafo, escritor y comisario. Su trabajo ha sido reconocido internacionalmente con importantes premios, entre los que destacan el World Press Photo, en dos ocasiones y Descubrimientos PHotoEspaña en su primera edición en 1998.

Este año participa en la FUJIKINA Madrid 2026 con una doble mirada: como fotógrafo, a través de la exposición Lo que nace, y como comisario de una programación que invita a reflexionar sobre la fotografía desde la creación, la práctica y el encuentro con el público. La exposición estará abierta en el COAM desde el 29 de abril al 24 de mayo.

En “Lo que nace” se revisa parte de su evolución como fotógrafo. ¿Qué descubre un autor de sí mismo cuando vuelve a mirar su propio archivo con distancia?

En realidad, mi trabajo es una constante revisión de cada momento vital, ya que se ocupa de la memoria y la identidad, si bien es cierto que procuro hacer este ejercicio de introspección sirviéndome de historias ajenas. De alguna manera utilizo la ventana como espejo y viceversa; hablo de mí a través de los otros.

Matías Costa

Matías Costa

Esta exposición es especialmente reflexiva, porque supone un cierre de ciclo desde mi obtención del premio Descubrimientos PhotoEspaña en su primera edición de 1998, hasta el momento actual en el que tanto mi trabajo como la propia fotografía han experimentado una evolución significativa.

Una exposición no es solo una suma de fotografías: también es una forma de construir pensamiento. ¿Cómo decide qué imágenes deben convivir entre sí y cuáles deben quedarse fuera?

Concibo una exposición como una forma de relato, y como toda narración, necesita de un hilo conductor y una coherencia que acompañe al visitante y le facilite la lectura. En mi trabajo doy mucha importancia a la forma en que las imágenes se vinculan entre sí, y a la idea o emoción que resulta de ese vínculo. La fotografía es una disciplina que oculta más de lo que muestra y funciona mejor con la evocación que con la descripción. Por eso, articular una exposición o un libro de fotografía implica poner a dialogar imágenes que solo cuando se asocian alcanzan todo su potencial y llevan a una reflexión más compleja, a una narración más elaborada. Este es el criterio que sigo cuando estoy seleccionando imágenes para una exposición concreta.

Matías Costa

Matías Costa

En una época dominada por la imagen rápida y el consumo inmediato, ¿qué papel tiene una exposición fotográfica para mirar despacio?

Justamente por el momento en el que estamos y la accesibilidad universal a la producción y consumo de imágenes, hoy en día visitar una exposición de fotografía o ver fotografías en un libro- ambas experiencias fuera de las pantallas- son vivencias que se alejan del uso habitual de la imagen rápida y efímera e invitan a otro tipo de emoción. Para mí, hay claramente dos tipos de imágenes hoy: las que están destinadas a funcionar como mensaje, prueba o constatación, se producen y difunden
desde el móvil, con una existencia fugaz, y las que nacen con una intencionalidad que va más allá de ese uso y son susceptibles de funcionar como relato o creación, pudiendo trascender la pantalla y alcanzar otros soportes.

Matías Costa

Narva es la tercera localidad más poblada de Estonia, con 60.000 habitantes, de los cuales el 97% son rusófonos, lo que la convierte en la mayor ciudad ruso hablante de Europa. Matías Costa

Como fotógrafo y comisario, ¿qué le interesa más de una exposición: que emocione, que incomode, que haga pensar o que cambie la forma en la que recordamos una imagen?

Cualquiera de ellas. Lo que desde luego no me interesa de una exposición es que me muestre imágenes bonitas o técnicamente virtuosas que no me aporten nada más. A la fotografía se le puede y se le debe exigir lo mismo que a cualquier otra forma de creación artística: que nos conmueva de una u otra manera, que nos mueva algo dentro de nosotros y nos haga pensar o sentir de una forma distinta al menos por un rato. Hay un gran equívoco con la fotografía, y es pensar que como cualquiera puede hacer fotos, la fotografía es algo fácil y de asimilación ligera. Eso nos lleva a lecturas superficiales que no siempre dan el justo valor a una imagen, y muchas veces pasamos por alto su complejidad. Por otro lado, soy de los que prefieren las cosas dichas de una forma sencilla, en tono menor, sin afectación.

Hijos del vertedero / Rubbish dump children. Matías Costa

Hijos del vertedero / Rubbish dump children. Matías Costa

Personalmente, las exposiciones que me interesan, al igual que los libros o películas, son aquellas que me invitan a mirar con los ojos del artista que lo está contando, y esa mirada no tiene por qué ser espectacular o demasiado original, pero sí muy personal, auténtica, me tiene que sacar de mi mirada y prestarme otra por un rato.

En un encuentro como FUJIKINA Madrid 2026, donde expones “Lo que nace” y eres comisario ¿hacia dónde cree que se dirige la fotografía en los próximos años? ¿más emocional o más híbrida entre ambas?

Creo que la fotografía ha necesitado este primer cuarto de siglo para volver a encontrar un lugar propio que de alguna forma había perdido con la llegada de la imagen digital y los dispositivos móviles. Para ello ha necesitado explorar más allá de los márgenes de la propia imagen, invitando a dialogar a otras disciplinas, y desligarse definitivamente de la idea de lo real que la ha acompañado desde el comienzo, más como estigma que como virtud. Gracias a la ingente producción de imágenes y la masiva difusión inmediata y universal, la fotografía se ha liberado, como le ocurrió a la pintura con la llegada de la propia fotografía, de ese mandato de lo real, para adentrarse en su propio universo, con sus códigos y su lenguaje puramente fotográfico.

 

Creo que la fotografía como herramienta creativa y forma de expresión vive uno de sus
mejores momentos desde su nacimiento.

En un momento en el que la inteligencia artificial y las nuevas herramientas visuales están transformando la creación de imágenes, ¿qué valor diferencial conserva la mirada del fotógrafo?

La propia mirada del fotógrafo es el valor diferencial. Al fin y al cabo, la Inteligencia Artificial no hace más que recrear esa mirada. La identificación y la conexión entre humanos sigue siendo una necesidad biológica, y en el acto de crear y de encontrar resonancias con el otro hay algo exclusivamente humano.

La IA es una herramienta más, no veo amenaza, las cosas se van acomodando, y ya se percibe una coexistencia entre ambas necesidades. Imagino que pronto existirán canales específicos para imágenes libres de IA, y tendrán su público, menos masivo, como siempre ha ido ocurriendo con las irrupciones tecnológicas.