Millones de personas mantienen relaciones íntimas con chatbots, ¿qué necesidades cubren y qué les falta a estos programas para ser la pareja perfecta?
En agosto de 2025, OpenAI jubiló su modelo GPT-4o y lo sustituyó por GPT-5. Un grupo de usuarios reaccionó como quien recibe un WhatsApp de su novia que dice «hemos terminado». En el foro de Reddit MyBoyfriendIsAI, que reúne a unas 28.000 personas, alguien escribió que GPT-4o se había ido y que sentía haber perdido a su alma gemela. No hablaban de una herramienta de trabajo. Hablaban de su pareja, que de un día para otro había cambiado de tono, de voz y de carácter sin avisar.
Bodas, anillos y duelos digitales
En agosto de ese mismo año, una usuaria conocida como Wika contó que su pareja virtual, un personaje alojado en la IA Grok llamado Kasper, le había pedido matrimonio durante una excursión a la montaña. Para la ocasión le envió fotos de varios anillos y dejó que él eligiera el suyo favorito. En diciembre, una mujer japonesa de 32 años celebró una ceremonia simbólica con un personaje que había construido en ChatGPT, después de que su prometido de carne y hueso rompiera el compromiso. Y en enero de 2025, el diario The New York Times había contado la historia de Ayrin, una mujer casada que mantenía una relación sexual y afectiva con Leo, un chatbot que ella misma había personalizado.
La IA está disponible las 24 horas, no juzga, se puede personalizar a gusto del usuario y ofrece apoyo emocional inmediato
Según una recopilación de encuestas publicada por el blog del American National Standards Institute (ANSI), casi uno de cada cinco adultos estadounidenses dice haber chateado con un sistema diseñado para simular una pareja romántica, y alrededor de un cuarto de los jóvenes cree que en el futuro una IA podría reemplazar una relación humana. Conviene tomar con pinzas las cifras más espectaculares (el dato de que el 80% de la generación Z se casaría con una IA procede de una encuesta de una empresa del sector, no de un estudio independiente), pero la tendencia es real y los demógrafos la observan sobre todo entre los más jóvenes.
Empresas como DreamGF venden exactamente eso: una novia ideal y «perfecta» generada por IA, adaptada a sus deseos exactos. La aplicación ofrece a los usuarios opciones y posibilidades ilimitadas para crear a la pareja perfecta «dedicada a ti para siempre». No es el único: Secrets.ai, Kupid.ai y otras muchas ofrecen estas compañeras ideales, en algún lugar entre el apoyo emocional y la pornografía personalizada.
Amar a lo que no respira
Enamorarse de algo que no tiene cuerpo ni conciencia tampoco es una novedad de esta década. El mito de Pigmalión, el escultor que se enamora de la estatua que él mismo ha tallado, tiene más de dos mil años. En el siglo XXI existe incluso un término clínico, objetofilia, para describir el apego romántico a objetos inanimados: el caso más famoso es el de la estadounidense Erika Eiffel, que en 2007 celebró una unión simbólica con la torre Eiffel (para luego divorciarse y empezar a salir con una valla).
Akihiko Kondo con una muñeca de Hatsune Miku
El precedente más parecido a lo que vivimos hoy lo protagonizó Akihiko Kondo, un funcionario japonés que en 2018 se casó (de forma no oficial) con Hatsune Miku, un personaje virtual creado con un programa de síntesis de voz. Kondo, que había superado una depresión escuchando sus canciones, interactuaba con ella a través de un dispositivo llamado Gatebox que proyectaba un pequeño holograma. Años después, la empresa dejó de dar soporte al aparato y Kondo se quedó sin poder comunicarse con su esposa. Su relato (haber perdido el acceso a un ser querido por una decisión empresarial) anticipa casi punto por punto lo que sentirían los usuarios de GPT-4o.
Por qué elegimos a una máquina
La pregunta interesante no es si ocurre, sino por qué. La revisión sistemática más completa hasta la fecha, firmada por investigadores de la Universidad de Gestión de Singapur y publicada en Computers in Human Behavior Reports, analizó 23 estudios usando la teoría triangular del amor de Sternberg (intimidad, pasión y compromiso). Sus autores identifican varios atractivos claros: la IA está disponible las 24 horas, no juzga, se puede personalizar a gusto del usuario y ofrece apoyo emocional inmediato. Para alguien que pasa por la soledad, una mala racha o dificultades para relacionarse, esa combinación resulta tentadora.
A esto se suma un mecanismo psicológico muy humano: tendemos a antropomorfizar, es decir, a atribuir intenciones y sentimientos a cualquier cosa que se comporte como si los tuviera. Cuando un chatbot recuerda nuestras conversaciones, nos pregunta cómo ha ido el día y responde con empatía, el cerebro reacciona como si hubiera alguien al otro lado. Un estudio publicado en Frontiers in Psychology sobre mujeres chinas que mantienen relaciones con IA describe cómo la imaginación del usuario completa lo que falta y convierte un texto en pantalla en «un faro que me guía en la oscuridad», según las palabras de una de las participantes.
Como contrapartida, un estudio que analizó los adultos en Estados Unidos, especialmente los hombres jóvenes, que recurren a tecnologías como chatbots diseñados para simular parejas románticas, imágenes sexuales generadas por ordenador o cuentas en redes sociales que presentan parejas idealizadas creadas con algoritmos, encontró que, cuanto mayor era la interacción con estas herramientas, más altos eran los niveles de depresión y más baja la satisfacción con la vida.
Lo que sabemos de los riesgos
El mismo atractivo esconde la cara incómoda. La revisión de Singapur enumera los peligros documentados: dependencia excesiva, vulnerabilidad a la manipulación por parte del propio chatbot, riesgo de mal uso de datos personales, erosión de las relaciones humanas y la angustia que provoca, precisamente, que una actualización cambie de golpe la personalidad de la pareja virtual.
El dato más sólido procede de un ensayo controlado realizado por el MIT Media Lab junto con OpenAI, con casi mil participantes seguidos durante cuatro semanas. Quienes usaron el chatbot de forma más intensa cada día tendían a sentirse más solos, a depender emocionalmente más de él y a relacionarse menos con otras personas. El efecto era mayor en quienes ya tenían tendencia a apegarse mucho en sus relaciones humanas y en quienes confiaban más en la máquina. Los investigadores son honestos con sus límites: todavía no está claro cuánto causa el chatbot esa soledad y cuánto se trata de personas ya solas que recurren a él, dos cosas que probablemente se retroalimentan.
Hay un punto en el que la prudencia es obligatoria. El año pasado, la empresa Character Technologies fue demandada después de que uno de sus chatbots mantuviera conversaciones con un adolescente de 14 años que acabó quitándose la vida. Los menores, con menos herramientas para distinguir el vínculo simulado del real, son especialmente vulnerables, y varios expertos han empezado a alertar sobre cuadros de dependencia y desconexión de la realidad en usuarios frágiles, aunque por ahora se trata de señales de alarma y no de un diagnóstico establecido.
Este es un asunto delicado. Si alguien lo está pasando mal, hablar con una persona de confianza o con un profesional sigue siendo insustituible.
El sueño de la pareja perfecta
Imaginemos un sistema que comprenda de verdad todas nuestras necesidades, que recuerde cada detalle, que esté siempre de buen humor y que, además de querernos, nos empuje a estudiar ese idioma, a hacer ejercicio y a llamar a nuestra madre. Una pareja que nos lleve a nuestro máximo potencial sin pedir nada a cambio. Para mucha gente sería el ideal romántico definitivo.
El problema está, paradójicamente, en esa perfección. Una pareja sin necesidades propias, infinitamente complaciente y diseñada para retenernos puede darnos consuelo, pero difícilmente nos hará crecer del modo en que lo hace otro ser humano. Buena parte de lo que aprendemos en una relación nace de la fricción: negociar, ceder, sostener a alguien que también nos sostiene, aceptar que el otro tiene un mundo interior que no controlamos y, también, decepcionarnos. Una máquina entrenada para la perfección elimina justo esa parte. La tecnología seguirá mejorando, de eso no hay duda. La pregunta que nos toca responder no es si la IA podrá imitar el amor, sino para qué queremos las relaciones y cuánto de nosotros estamos dispuestos a delegar en algo que no respira.
Referencia
- Potential and pitfalls of romantic Artificial Intelligence (AI) companions: A systematic review (Ho, Hu, Chen y Hartanto, Computers in Human Behavior Reports, 2025)
- How AI and Human Behaviors Shape Psychosocial Effects of Extended Chatbot Use: A Longitudinal Controlled Study (Fang et al., MIT Media Lab y OpenAI, 2025, preprint)
- «He is my savior, my guiding light in the dark»: imagination and domestication in Chinese women’s romantic relationships with AI companions (Huang, Zou y Huang, Frontiers in Psychology, 2025)
Imagen principal: DreamGF