Se eleva al 80% la probabilidad de que se desarrollen condiciones de El Niño entre junio y agosto de 2026, y de que sea más fuerte de lo esperado

El 2 de junio de 2026, la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la agencia de Naciones Unidas para el clima y el tiempo, hizo lo que las agencias internacionales rara vez hacen sin necesidad: emitir un comunicado con un titular tan directo como Prepárense para El Niño. La actualización trimestral de El Niño/La Niña, elaborada con el consenso de los principales centros de predicción climática del mundo, eleva a un 80% la probabilidad de que el fenómeno se desarrolle entre junio y agosto de este año, y a cerca o por encima del 90% la probabilidad de que continúe activo hasta noviembre.

Qué ha cambiado respecto a hace unas semanas

A principios de año, el Pacífico ecuatorial salía de un episodio de La Niña debilitado hacia condiciones neutras. El índice de referencia, la anomalía de temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4, se situaba en torno a +0,5 °C a finales de abril. Desde entonces, la evolución ha sido rápida: la actualización de junio describe «probabilidades extremas (superiores al 80%) de temperaturas superficiales del mar por encima de lo normal» dominando el Pacífico ecuatorial al este de la línea de cambio de fecha, con el máximo consenso de modelos jamás registrado para esta época del año.

Un episodio fuerte de El Niño se define como uno en el que la temperatura supera la media en más de 1,5°C; uno muy fuerte, cuando la supera en más de 2°C. Según la previsión de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE.UU. (NOAA) de junio, «existe un 63 % de probabilidades de que se produzca un episodio de El Niño muy fuerte entre noviembre y enero, lo que lo situaría entre los más intensos registrados desde 1950», señaló la agencia.

«Tras un periodo de condiciones neutras a comienzos del año, los modelos climáticos están ahora fuertemente alineados, y existe una alta confianza en el inicio de El Niño, seguido de una mayor intensificación en los meses siguientes», explicó Wilfran Moufouma-Okia, jefe de predicción climática de la OMM. La propia Celeste Saulo, secretaria general de la organización, fue más allá en su declaración pública: «Necesitamos prepararnos para un episodio de El Niño potencialmente fuerte, que agravará la sequía y las precipitaciones intensas y aumentará el riesgo de olas de calor tanto en tierra como en el océano.»

Los fenómenos El Niño más fuertes de la historia

Las lecturas de temperatura del océano Pacífico tropical se encuentran actualmente 6 °C por encima de la media en algunas áreas, un dato que la propia OMM señala como motivo de preocupación específico porque ese exceso de calor acumulado puede alimentar la intensificación del fenómeno en las próximas semanas. El episodio de El Niño de 2023-24, uno de los cinco más fuertes jamás registrados, contribuyó a que 2024 fuera el año más cálido de la historia a nivel global. Los modelos actuales sugieren que el episodio de 2026 será, como mínimo, moderado, y posiblemente fuerte, con un patrón de desarrollo que algunos científicos advierten podría extenderse en sus efectos hasta 2028.

El Niño de 1982 sorprendió debido a su rápida aparición y magnitud extrema. Reconfiguró temporalmente los patrones climáticos a nivel mundial, generando sequías severas en África y el Sudeste Asiático, y lluvias e inundaciones sin precedentes a lo largo de la costa oeste de América. El Niño de 1997 se considera uno de los eventos más poderosos y mejor documentados. Las temperaturas del mar frente a las costas de Sudamérica llegaron a estar hasta 9ºC por encima de lo normal en algunas zonas. Causó estragos históricos: lluvias torrenciales y deslaves en California, fuertes inundaciones en Sudamérica (Ecuador y Perú), y sequías brutales acompañadas de incendios forestales masivos en Indonesia y Australia. Además, blanqueó y destruyó aproximadamente el 16% de los arrecifes de coral del planeta.

Pero en 1877 ocurrió uno de los eventos del fenómeno de El Niño más extremos y devastadores de la historia. Este superevento climático provocó sequías severas y hambrunas globales que causaron la muerte de entre 30 y 50 millones de personas, lo que representaba aproximadamente el 4% de la población mundial de la época

Por qué importa más allá del Pacífico

«El Niño es un importante motor de los patrones climáticos y meteorológicos globales», señaló Saulo. «Su huella viaja mucho más allá de su origen en el océano Pacífico, afectando a la agricultura, el suministro energético, el comercio, los recursos hídricos, las cadenas de suministro y los medios de vida en regiones enteras.»

El mecanismo de transmisión es la alteración de los patrones de viento y presión atmosférica a escala planetaria: el calentamiento anómalo del Pacífico reconfigura la circulación general de la atmósfera, lo que se traduce en anomalías de temperatura y precipitación en continentes enteros, con efectos que pueden tardar meses en manifestarse plenamente fuera de la región de origen.

Para el periodo junio-agosto de 2026, los modelos prevén un dominio casi global de temperaturas superficiales por encima de lo normal. La señal es especialmente fuerte sobre el sur de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, así como sobre Europa y el norte de África.

Qué significa para España y el sur de Europa

El profesor Richard Allan, de la Universidad de Reading, ofreció una de las valoraciones más citadas tras la publicación del informe: «El Niño que se avecina ya está agitando los océanos, que están reorganizando sus enormes reservas de calor, y esto desajustará los patrones de viento atmosférico, causando condiciones inusualmente húmedas, secas y cálidas en todo el mundo. Algunas regiones secas tienden a recibir más lluvia de lo habitual, como el suroeste de Europa, el sur de Estados Unidos y el este de África.»

Esa doble cara, más calor de base pero también más riesgo de episodios de lluvia intensa en regiones que normalmente son secas, ya se hizo visible la semana previa al informe: partes de Europa occidental sufrieron temperaturas primaverales récord cuando se formó una cúpula de calor de gran intensidad. Según el informe del Estado del Clima en Europa de 2024, elaborado conjuntamente por el Servicio de Cambio Climático de Copérnico y la OMM, el episodio de El Niño de 2023-24 produjo en Europa condiciones dramáticamente contrastadas: calor seco y abrasador en el este, lluvias intensas e inundaciones en el oeste. Los meteorólogos advierten que el patrón de 2026 podría repetir esa dualidad, pero sobre un océano de partida más caliente que en cualquier episodio anterior.

El valor de saberlo con antelación

El comunicado de la OMM insiste en un punto que no es meramente protocolario: las actualizaciones de El Niño/La Niña son la fuente de información más autorizada del mundo para gobiernos, agencias humanitarias y sectores sensibles al clima como la agricultura, la salud, la energía y la gestión del agua, precisamente porque permiten anticipar la planificación con meses de margen. António Guterres, secretario general de la ONU, ha advertido que este año los impactos «golpearán con más fuerza, viajarán más lejos y cruzarán fronteras con una rapidez devastadora».

El mensaje de fondo de la OMM es un aviso: el momento de la toma de decisiones informadas, la planificación y la preparación es ahora, mientras el fenómeno está confirmado pero su impacto pleno todavía no se ha producido.

Referencia

Imagen: NASA