Las últimas previsiones apuntan a anomalías de temperatura en el Pacífico de hasta 3,3 °C para otoño, lo superaría todos los registros y supone impactos graves en el clima de todo el planeta

El océano Pacífico lleva meses enviando una señal que los climatólogos no pueden ignorar. Bajo la superficie del agua, una gigantesca onda de calor submarina (una ola de Kelvin, en términos técnicos) avanza desde el oeste hacia el este del Pacífico ecuatorial, acumulando energía térmica que tarde o temprano aflorará a la superficie. Cuando lo haga, desencadenará uno de los fenómenos climáticos de mayor alcance planetario que existe: El Niño. Y los modelos más avanzados del mundo coinciden en que la edición de 2026 podría romper todos los récords desde que hay registros.

Qué está pasando bajo el Pacífico

El fenómeno ENSO (El Niño-Oscilación del Sur) describe la alternancia periódica entre fases cálidas (El Niño) y frías (La Niña) en el Pacífico ecuatorial. El umbral mínimo para declarar oficialmente un episodio de El Niño es una anomalía sostenida de +0,5 °C en la región Niño 3.4, el tramo de océano entre los 120° y los 170° de longitud oeste. Un «superniño» se define convencionalmente cuando esa anomalía supera los +2 °C, condición que solo se ha cumplido tres veces desde mediados del siglo pasado: en 1982-83, en 1997-98 y en 2015-16.

enso regions forecast 2026 weather long range united states north america el nino development model comparison with historical events record strong 2026 scaled El Niño de 2026 es un superniño, el más intenso de la historia moderna, y podría traer otra DANA

Comparación entre las previsiones más recientes (trazo más grueso)  y los episodios históricos de El Niño, incluyendo el de 1877. Severe-weather.eu

La actualización del 5 de mayo del ECMWF, el Niño 3.4 SST Anomaly fue, según los propios meteorólogos que la analizan, inusualmente contundente. Todos los modelos del conjunto proyectan superar el umbral de +0,5 °C entre mayo y junio, y las proyecciones de pico apuntan a anomalías de entre +3,1 °C y +3,3 °C para el periodo octubre-noviembre. El modelo CFSv2 de la NOAA dibuja una curva de desarrollo casi idéntica. A esas magnitudes, el evento de 2026 no solo superaría los registros de las últimas décadas, sino que podría rivalizar con el superniño de 1877-1878, el más devastador del que existe constancia histórica.

Por qué 2026 no es como la crisis climática de 1877

La comparación con 1877 requiere una advertencia importante. Aquel episodio precedió a una de las peores catástrofes humanitarias del siglo XIX: sequías sincronizadas en Asia, África y América que, combinadas con las políticas coloniales de exportación forzada de grano, causaron hambrunas que mataron a decenas de millones de personas. Los investigadores que estudian ese periodo subrayan que no fue El Niño en sí el responsable de las muertes, sino la incapacidad o la negativa de los sistemas políticos del momento para proteger a las poblaciones vulnerables.

La capacidad de predicción y de respuesta ha cambiado radicalmente desde entonces. La OMM, la NOAA y el ECMWF publican previsiones estacionales con meses de antelación. Los sistemas de alerta temprana permiten preparar la gestión del agua, los cultivos y las infraestructuras con tiempo suficiente. Pero hay un elemento nuevo que agrava el contexto: el calentamiento global.

Según el servicio europeo Copérnico, marzo de 2026 fue el cuarto mes más cálido registrado globalmente (+1,48 °C sobre los niveles preindustriales) y la extensión de hielo marino ártico fue la mínima histórica para ese mes. Un superniño que se superpone a un océano de base más caliente que el de 1997 o 2015 puede producir impactos superiores aunque la anomalía ENSO sea comparable.

Qué podemos esperar en España y Europa

Los efectos de El Niño sobre Europa llegan con retraso y son menos directos que los que se producen sobre el Pacífico o América tropical, pero son reales y ya han sido documentados en episodios anteriores. El mecanismo principal es la alteración de la corriente en chorro polar (jet stream): un superniño tiende a forzar ondulaciones en esa corriente de viento de altura, generando patrones de bloqueo atmosférico que favorecen tanto la estabilidad anticiclónica prolongada como los episodios de precipitación intensa concentrada en pocos días. Es decir, olas de calor, sequías y lluvias torrenciales.

Para España, el verano podría verse afectado ya por una mayor frecuencia de olas de calor. El impacto más severo se espera a partir del otoño e invierno de 2026-2027, cuando podrían alternarse semanas de sequía con episodios de lluvias torrenciales. En un país donde la escasez hídrica es ya un problema estructural en muchas cuencas y donde los eventos de precipitación extrema como la DANA de octubre de 2024 han dejado una huella trágica, ese tipo de variabilidad extrema exige una preparación activa, no reactiva.

Una previsión con incertidumbre incorporada

Tim Stockdale, investigador del propio ECMWF, ha pedido cautela con el término «superniño»: recuerda que es una etiqueta mediática más que una categoría técnica oficial y que, aunque los modelos de ensamble convergen en un evento intenso, la magnitud final no podrá calibrarse con fiabilidad hasta que avance el verano y se disponga de más datos de temperatura oceánica subsuperficial. Los modelos climáticos tienen un horizonte de predicción estacional razonable, pero cuanto más extremo es el evento proyectado, más amplio es también el margen de incertidumbre.

Lo que sí es seguro, independientemente de si el episodio de 2026 bate o no el récord histórico, es que el Pacífico está calentándose con rapidez y que sus consecuencias se sentirán en los próximos meses en forma de alteraciones del clima que, sobre un fondo de calentamiento global sin precedentes, son más difíciles de gestionar que en cualquier episodio anterior.

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