Investigadores de la UC3M han desarrollado un sistema de inteligencia artificial que permite que una mascota robot identifique a cada persona solo con escucharla hablar
Imagina un peluche con forma de conejo, blanco, suave y esponjoso, lo coges en brazos, lo achuchas y, al saludarlo sabe exactamente quién eres y te responde de manera totalmente personalizada, no es ciencia ficción ni un juguete comercial de última generación, se trata de Mía, un prototipo de robótica asistencial desarrollado por el Robotics Lab de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M).
Un equipo de investigadores ha diseñado un puente entre ternura e inteligencia artificial, un conejo robot creado para acompañar y estimular afectivamente a personas mayores, especialmente a aquellas con deterioro cognitivo.
El último gran avance que presenta esta mascota robot, publicado en la revista Applied Sciences, es su capacidad para reconocer a los usuarios únicamente a través de la voz, sin cámaras, sin grabaciones externas y sin enviar datos a la nube. Todo ocurre dentro del propio robot, en tiempo real, mientras escucha a quien lo abraza o le habla, abriendo una nueva era en la interacción natural entre humanos y máquinas.
Una mascota robot que aprende a escuchándote
Uno de los mayores retos de la robótica social actual es lograr que las máquinas interactúen de forma natural y personalizada, para conseguirlo, el equipo de la UC3M ha desarrollado un sistema que utiliza el reconocimiento de patrones de voz.
Cada vez que alguien le habla, un algoritmo de inteligencia artificial local analiza los matices y patrones de la señal acústica para crear una firma de voz única sin necesidad de una configuración previa, el robot escucha a una persona por primera vez y genera su perfil automáticamente.
Hasta ahora, la mayoría de los robots identificaban a las personas mediante cámaras y reconocimiento facial, sin embargo, este enfoque planteaba grandes inconvenientes. Esta apuesta por el audio simplifica el hardware y garantiza la privacidad total. Al procesar la información de manera local e incremental, las huellas de voz nunca salen del dispositivo físico, evitando los riesgos asociados al almacenamiento de datos en la nube.
En la robótica social conseguir que un robot sepa con quién está hablando es fundamental para que su comportamiento sea útil. Si el robot detecta que su usuario se encuentra intranquilo o si sabe qué dinámicas le funcionan mejor a esa persona en concreto, puede activar respuestas específicas para calmarla o estimularla.
Más que un peluche: un compañero robot
El proyecto se está probando en centros de día del Ayuntamiento de Madrid donde el robot está demostrando que funciona como un catalizador social. Mía mide unos 30x30x50 cm y pesa cerca de 3 kilos, dimensiones pensadas para que sea fácil de abrazar y transportar, su diseño se encuadra en la robótica animal, un modelo terapéutico que busca trasladar los beneficios de la terapia con animales reales a entornos donde no es posible tener mascotas vivas por alergias o incapacidad de cuidar a estos animales.
«En el caso de mayores con deterioro cognitivo, el robot activa la necesidad de cuidar a algo», señala José Carlos Castillo Montoya, uno de los autores del estudio. «Hemos comprobado en las pruebas piloto que, además de mejorar el estado anímico, el robot actúa como catalizador social: rompe el aislamiento, mitiga la soledad no deseada y fomenta que los usuarios empiecen a interactuar más entre ellos».
La soledad crónica en personas mayores tiene consecuencias documentadas sobre la salud física y mental. Saber a quién se dirigen permite a estos dispositivos actuar como mediadores perfectos, adaptando sus sutiles movimientos y sonidos a las necesidades emocionales de cada individuo, haciendo que un conejo de peluche pueda convertirse en el hilo que vuelve a conectar a alguien con el mundo.
El equipo madrileño está buscando ahora alianzas para llevar esta tecnología al mercado. No se trata de sustituir a nadie, sino de acompañar y ofrecer apoyo afectivo en entornos donde la soledad y el aislamiento son un problema cada vez mayor.
REFERENCIAS
A User Recognition Methodology Based on Voice Biometrics and Dynamic Clustering for Social Robots