El mayor estudio hasta la fecha encontró que las usuarias de fármacos GLP-1 tenían aproximadamente un 30% menos de probabilidad de desarrollar cáncer de mama
La radióloga Elizabeth McDonald lleva décadas leyendo mamografías en el Centro Oncológico Abramson de la Universidad de Pensilvania. Cuando ella y sus colegas decidieron examinar qué ocurría con las tasas de cáncer de mama en mujeres que tomaban medicamentos GLP-1, no esperaban encontrar una señal de la magnitud que obtuvieron.
El resultado, presentado en ASCO y publicado el 2 de junio en JCO Oncology Practice, es la observación protectora más grande de este tipo publicada hasta ahora: las usuarias de GLP-1 tuvieron un 30% menos de probabilidad de recibir un diagnóstico de cáncer de mama durante el período analizado.
El estudio: 111.646 mujeres, tres años de registros clínicos
El equipo analizó los historiales clínicos electrónicos de 111.646 mujeres de entre 45 y 80 años con un índice de masa corporal de 25 o superior (umbral del sobrepeso) que habían realizado alguna prueba de imagen mamaria en el sistema de salud Penn Medicine entre enero de 2022 y junio de 2025. El 13,7% de ellas (15.264 mujeres) tenía documentada una prescripción de algún fármaco GLP-1; el 86,3% restante (96.382 mujeres) no tenía registro de exposición a estos medicamentos.
Los investigadores compararon las tasas de nuevos diagnósticos de cáncer de mama entre ambos grupos, tanto en la muestra completa como en una cohorte emparejada de 30.528 mujeres diseñada para controlar diferencias de edad, peso e historial clínico entre usuarias y no usuarias. En ambos análisis, el resultado fue consistente: las usuarias de GLP-1 desarrollaron cáncer de mama con una frecuencia aproximadamente un 30% menor.
Por qué los GLP-1 podrían proteger contra el cáncer de mama
El mecanismo biológico no está establecido con certeza, pero hay varias vías plausibles. La primera y más directa es la pérdida de peso: el exceso de tejido adiposo es un factor de riesgo independiente para el cáncer de mama, especialmente en mujeres posmenopáusicas, porque el tejido graso produce estrógenos que pueden estimular el crecimiento de tumores sensibles a esas hormonas. Al reducir el peso corporal, los GLP-1 eliminan parcialmente ese factor de riesgo.
Pero los investigadores apuntan a que el efecto podría ser más directo. Los receptores GLP-1 están presentes en tejidos más allá del páncreas y el cerebro: también en células del sistema inmunitario, en el tejido mamario y en células cancerosas. Algunos estudios preclínicos han mostrado efectos antiproliferativos de los agonistas GLP-1 sobre líneas celulares de cáncer de mama.
La inflamación sistémica, que los fármacos GLP-1 también reducen, es un factor que favorece la progresión tumoral de forma transversal. «Los medicamentos GLP-1 son intrigantes desde una perspectiva de investigación oncológica porque no fueron diseñados para la terapia del cáncer, pero afectan a muchas dianas y vías asociadas al desarrollo tumoral», señaló McDonald.
Un estudio observacional que no demuestra, pero apunta
La cita de McDonald con la que se abre la cobertura de Penn Medicine es, como ella misma señala, la que más trabajo cuidadoso realiza: «Nuestro estudio era observacional y no confirma definitivamente una asociación entre los medicamentos GLP-1 y la reducción de la incidencia de cáncer de mama.» Los estudios observacionales retrospectivos basados en historiales clínicos tienen limitaciones estructurales que ningún tamaño muestral elimina.
La más importante en este caso es el sesgo del usuario sano: las mujeres que tienen acceso a prescripciones de GLP-1 podrían tener, en promedio, mayor acceso a atención médica preventiva de calidad, lo que en sí mismo podría traducirse en mejores resultados de salud, incluyendo detección precoz del cáncer.
Durante el período analizado, muchas mujeres adquirían GLP-1 a través de plataformas de telemedicina o farmacias llamadas compounding, algo así como de fórmula magistral y, por tanto, sin que quedara registrada una receta en los historiales de Penn Medicine. Algunas mujeres que tomaban GLP-1 podrían haber quedado clasificadas en el grupo control, lo que sesgaría el resultado hacia la nulidad y haría que la protección observada fuera una subestimación del efecto real, si es que existe.
El siguiente paso: un ensayo clínico internacional
La señal observacional ha impulsado ya la planificación de un ensayo controlado. McDonald y sus colaboradores están trabajando para poner en marcha el ensayo INSPIRE, una colaboración entre el Centro de Investigación e Innovación del American College of Radiology y el Eastern Cooperative Oncology Group (ECOG-ACRIN). El diseño prevé reclutar participantes de la población del ensayo TMIST (Tomosynthesis Mammographic Imaging Screening Trial), que ya ha incorporado a más de 108.000 mujeres de todo el mundo que están siendo seguidas de forma regular para el cribado de cáncer de mama. La financiación está pendiente de confirmación.
Si el ensayo confirma el efecto protector observado en el estudio retrospectivo, las implicaciones para la prevención del cáncer de mama serían de una magnitud que la oncología preventiva no ha visto en años. El cáncer de mama es el más común entre las mujeres (excluyendo los de piel) en Estados Unidos, con aproximadamente 380.000 casos nuevos al año.
Que un fármaco ya aprobado, ya prescrito a millones de personas y con un perfil de seguridad conocido pudiera reducir ese riesgo un 30% es, en palabras de McDonald, algo cuyas consecuencias «serían transformadoras para la salud de las mujeres». Pero primero hay que comprobarlo en un ensayo que pueda establecer causalidad. Eso es exactamente lo que el equipo de Penn y ECOG-ACRIN quiere hacer ahora.