Ese donut de vez en cuando aumenta el riesgo de demencia, aunque luego comas tu verdura

comida ultraprocesada

Un estudio con más de 2.100 adultos australianos vincula el consumo habitual de alimentos ultraprocesados con un peor rendimiento cognitivo y un mayor riesgo de demencia, incluso con una dieta por lo demás saludable.

Un paquete de galletas envasadas, un refresco light, una pizza congelada o un yogur de sabores con una larga lista de aditivos tienen algo en común más allá del envoltorio: son alimentos ultraprocesados, productos fabricados industrialmente a partir de ingredientes que rara vez aparecen en una cocina doméstica, como grasas hidrogenadas, almidones modificados, colorantes o saborizantes artificiales. La investigadora Barbara R. Cardoso y su equipo han estudiado qué relación guarda su consumo habitual con la salud del cerebro a medida que se envejece.

Índice
  1. Más de dos mil personas, un patrón consistente
  2. Un efecto que aparece incluso con una dieta saludable
  3. Qué mecanismos podrían explicar el vínculo
  4. Referencia

Más de dos mil personas, un patrón consistente

El estudio, publicado en Alzheimer's & Dementia: Diagnosis, Assessment & Disease Monitoring, analizó los hábitos alimentarios y el rendimiento cognitivo de 2.100 adultos australianos de mediana edad y mayores, ninguno de los cuales tenía un diagnóstico de demencia al comienzo del estudio. Los participantes completaron cuestionarios detallados sobre su alimentación habitual, que permitieron a los investigadores calcular qué proporción de sus calorías diarias procedía de alimentos ultraprocesados, y se sometieron a pruebas estandarizadas de memoria, atención y velocidad de procesamiento mental.

El patrón que emergió fue claro: cuanto mayor era la proporción de ultraprocesados en la dieta, peor era el rendimiento en las pruebas cognitivas, y mayor la puntuación de riesgo de demencia calculada a partir de esos resultados. La asociación se mantuvo incluso al ajustar los datos por edad, nivel educativo y otros factores conocidos que influyen en la salud cerebral, lo que refuerza la solidez del vínculo encontrado.

Un efecto que aparece incluso con una dieta saludable

Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que el efecto negativo de los ultraprocesados apareció también en personas cuya dieta general cumplía, por lo demás, con los estándares de una alimentación saludable, rica en frutas, verduras y proteína magra. Es decir, no hacía falta una dieta pobre en su conjunto para observar el vínculo: bastaba con un consumo elevado de productos ultraprocesados, aunque el resto de las comidas fuera razonablemente equilibrado, para que el rendimiento cognitivo se resintiera.

Este hallazgo encaja con una línea de investigación que ha ido ganando peso en los últimos años, y que sitúa el grado de procesamiento industrial de un alimento como un factor de riesgo independiente de su composición nutricional básica en calorías, grasas o azúcares. Dos comidas con un perfil nutricional similar sobre el papel pueden tener efectos muy distintos sobre la salud según cómo hayan sido fabricadas y qué aditivos contengan.

Qué mecanismos podrían explicar el vínculo

Los autores del estudio no pueden establecer, a partir de un diseño transversal como este, que los ultraprocesados causen directamente el deterioro cognitivo, pero apuntan a varios mecanismos plausibles que otras investigaciones han empezado a documentar: la inflamación crónica de bajo grado asociada a determinados aditivos, el impacto de estos alimentos sobre la microbiota intestinal (cuyo estado se relaciona cada vez más con la salud cerebral a través del llamado eje intestino-cerebro), y su tendencia a desplazar de la dieta a alimentos ricos en nutrientes protectores para las neuronas, como los ácidos grasos omega-3 o los antioxidantes de origen vegetal.

Los investigadores insisten en que hace falta seguir a estas mismas personas durante años para confirmar si quienes más ultraprocesados consumen desarrollan finalmente más casos de demencia, y no solo peores resultados en un test puntual. Mientras esos estudios de seguimiento se completan, el mensaje práctico que se desprende del trabajo es sencillo: reducir el peso de los alimentos ultraprocesados en la dieta diaria, sustituyéndolos por comida mínimamente procesada, parece una medida razonable para proteger la salud del cerebro a largo plazo, más allá de sus ya conocidos beneficios para el peso y la salud cardiovascular.

Referencia

 

Si quieres conocer otros artículos parecidos a Ese donut de vez en cuando aumenta el riesgo de demencia, aunque luego comas tu verdura puedes visitar la categoría SALUD.

Continúa Leyendo

Subir