Los platos para llevar pueden tener el doble de sal de la permitida

comida preparada

Un análisis de platos de comida para llevar en Reino Unido encontró que casi la mitad contenía más sodio del anunciado, con algunos platos que superaban el límite diario recomendado.

El etiquetado nutricional funciona razonablemente bien para productos envasados, donde la receta es fija y se puede analizar en laboratorio antes de salir a la venta. La comida preparada en restaurantes de comida para llevar es harina de otro costal: cada cocinero añade sal a ojo, las raciones varían de un día para otro, y los valores nutricionales que aparecen en la carta o en la aplicación de reparto suelen ser estimaciones genéricas más que mediciones reales del plato que finalmente llega a la mesa. Un equipo liderado por la investigadora Alexandra Irina Mavrochefalos, de la Universidad de Reading, ha puesto a prueba esa brecha entre lo anunciado y lo servido.

Índice
  1. Muestras reales de platos populares
  2. Por qué la sal se sale tanto de madre en la cocina
  3. Qué implica para la salud cardiovascular
  4. Referencia

Muestras reales de platos populares

Los investigadores compraron y analizaron en laboratorio muestras de platos de comida para llevar recogidos en distintos establecimientos, comparando el contenido real de sodio con el que figuraba en el menú o en la información nutricional disponible para el consumidor. El estudio, publicado en PLOS One, encontró que casi la mitad de las muestras contenían más sal de la anunciada, en algunos casos con diferencias notables entre lo declarado y lo medido en laboratorio.

Más preocupante todavía fue el hallazgo de que algunos platos individuales, pensados como una sola ración, superaban por sí solos casi el doble del límite diario de sodio recomendado por las autoridades sanitarias británicas, que se sitúa en torno a los seis gramos de sal al día para un adulto. Una sola comida, en esos casos, agotaba de golpe casi toda la cuota de sodio saludable para el resto del día, sin que la persona que la pedía tuviera forma sencilla de saberlo de antemano.

Por qué la sal se sale tanto de madre en la cocina

La variabilidad detectada no responde necesariamente a mala fe por parte de los establecimientos, sino a la propia naturaleza de la cocina artesanal: la sal se añade a mano, en cantidades que dependen del criterio de cada cocinero, del tamaño de la sartén, o incluso de la marca de salsa o caldo concentrado utilizado ese día concreto, todos ellos factores que varían de un turno a otro dentro del mismo restaurante. A diferencia de un producto envasado, donde la receta se fija una sola vez para miles de unidades idénticas, cada plato de comida para llevar es, en la práctica, un experimento culinario ligeramente distinto del anterior.

Esa variabilidad hace que las tablas nutricionales genéricas, calculadas a partir de una receta estándar o de un promedio del sector, puedan alejarse considerablemente de lo que realmente contiene el plato que llega a domicilio un día concreto. El problema se agrava en platos con salsas concentradas, adobos o marinados, donde pequeñas variaciones en la cantidad de condimento añadido se traducen en grandes diferencias en el contenido final de sodio.

Qué implica para la salud cardiovascular

El exceso de sodio en la dieta está firmemente asociado con la hipertensión arterial, uno de los principales factores de riesgo de enfermedad cardiovascular, ictus e insuficiencia renal a largo plazo. Las autoridades sanitarias llevan años intentando reducir el consumo medio de sal de la población mediante campañas de concienciación y acuerdos voluntarios con la industria alimentaria envasada, pero este estudio sugiere que buena parte de ese esfuerzo podría estar dejando fuera a un sector entero, el de la restauración para llevar, que representa una porción creciente de las comidas que se consumen cada semana en muchos países.

Los autores del estudio piden que se extiendan a los establecimientos de comida para llevar las mismas obligaciones de etiquetado nutricional verificado que ya existen para los alimentos envasados, y que se realicen controles periódicos independientes del contenido real de sodio en los platos más populares. Sin ese tipo de vigilancia, concluyen, el consumidor seguirá tomando decisiones sobre su salud basándose en cifras que, en casi la mitad de los casos, no se corresponden con lo que realmente hay en el plato.

Referencia

 

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