Pensábamos que las tormentas solares tenían un límite de intensidad. Estábamos equivocados.

tormenta solar

Un error de medición, no un límite físico real, había hecho creer a los científicos que la Tierra dejaba de responder a partir de cierta fuerza del viento solar.

Durante décadas, los científicos que estudian el clima espacial daban por hecho algo tranquilizador: por muy violenta que fuera una tormenta solar, la respuesta de la Tierra (las corrientes eléctricas que se generan en la atmósfera superior y que pueden dañar satélites, redes eléctricas y sistemas de navegación) parecía tener un tope. A partir de cierta intensidad del viento solar, esas corrientes dejaban de crecer, como si el planeta se saturara. Un nuevo estudio de la NASA acaba de mostrar que ese techo nunca existió: era una ilusión provocada por cómo se medía el viento solar.

Índice
  1. El problema estaba en dónde se colocaba el sensor
  2. Qué significa para la tecnología que dependemos cada día
  3. Revisar los modelos antes de que llegue la próxima gran tormenta
  4. Referencia

El problema estaba en dónde se colocaba el sensor

El equipo, liderado por Nithin Sivadas, del Centro Goddard de Vuelos Espaciales de la NASA, se dio cuenta de que las sondas que tradicionalmente miden el viento solar, como la misión Wind, están situadas a un millón de millas de la Tierra, mucho más cerca del Sol que nuestro planeta. Esa distancia importa: el viento solar que realmente llega al escudo magnético terrestre suele ser algo más débil que el que registran esas sondas lejanas, porque se diluye y cambia en su trayecto. Esta discrepancia distorsionaba la relación entre la fuerza del viento solar medida y la respuesta real de la atmósfera terrestre, dando la falsa impresión de que existía un límite de saturación.

Para comprobarlo, el equipo analizó más de un millón de mediciones tomadas por sondas mucho más próximas al escudo magnético del planeta, las misiones MMS y THEMIS. Al comparar estos datos con los de las corrientes eléctricas atmosféricas, apareció una relación directa y sostenida, sin ningún techo aparente: cuanto más fuerte es el viento solar que realmente golpea la magnetosfera, más intensas son las corrientes que genera, sin que ese crecimiento se frene en ningún punto. «El aparente límite es simplemente un efecto de las incertidumbres en las mediciones del viento solar. En realidad, está impulsado por vientos solares más débiles de lo que se pensaba», explica Sivadas.

Qué significa para la tecnología que dependemos cada día

La implicación práctica es incómoda: si no hay un límite real a la intensidad con la que la Tierra puede responder a una tormenta solar extrema, los efectos de un evento verdaderamente severo sobre la tecnología podrían ser mucho peores de lo que contemplan los modelos actuales de riesgo. Satélites de comunicaciones y de posicionamiento GPS, redes eléctricas de alta tensión y sistemas de navegación aérea y marítima son especialmente vulnerables a las corrientes inducidas por el clima espacial, y hasta ahora los planes de contingencia se habían diseñado asumiendo que existía un tope a esa amenaza.

Los episodios de clima espacial extremo, aunque poco frecuentes, ya han demostrado su capacidad de causar estragos: el llamado evento Carrington de 1859 incendió líneas de telégrafo, y una tormenta solar de menor intensidad dejó sin electricidad a la provincia canadiense de Quebec en 1989. Si la respuesta terrestre a estos eventos no tiene un límite superior, una tormenta comparable o superior a la de Carrington, ocurrida hoy con una civilización mucho más dependiente de la electrónica, podría tener consecuencias todavía más severas que las estimadas hasta ahora.

Revisar los modelos antes de que llegue la próxima gran tormenta

El hallazgo obliga a revisar los modelos que usan agencias espaciales y operadores de infraestructuras críticas para estimar el peor escenario posible ante una tormenta solar extrema. No se trata de que las tormentas vayan a ser más frecuentes, sino de que, cuando ocurra una realmente intensa, su impacto sobre la tecnología podría no tener el amortiguador que se pensaba. Entender bien esta relación, sin el sesgo de medición que ha distorsionado los datos durante años, es un primer paso necesario para preparar mejor las defensas del planeta frente al Sol.

Referencia

Imagen: Protuberancias solares, erupciones solares y tormentas magnéticas. Influencia de la superficie solar en la magnetosfera terrestre. Elementos de esta imagen facilitados por la NASA.

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