Primero fueron los planetas errantes, ahora, un agujero negro errante que mata estrellas
Un equipo de la Universidad de Carolina del Norte ha descubierto un raro agujero negro masivo vagando por las afueras de su galaxia, a unos 30.000 años luz del centro, gracias al fogonazo que emitió al destrozar una estrella.
Los planetas errantes, también conocidos como planetas a la deriva o planetas huérfanos, son objetos con masa planetaria que deambulan por el espacio interestelar sin orbitar alrededor de ninguna estrella. Los científicos estiman que estos nómadas celestes son increíblemente comunes y que podrían ascender a miles de millones o billones en toda la Vía Láctea.
Del mismo modo, los agujeros negros están asociados a las galaxias. En concreto, sabemos que en el centro de una galaxia hay un agujero negro supermasivo. Pero un agujero negro es, por definición, invisible: no emite luz y solo delatan su presencia los efectos de su brutal gravedad sobre lo que lo rodea. Por eso resulta tan difícil localizar a los que viven fuera de su sitio habitual, vagando lejos del centro de una galaxia. Un equipo de astrónomos ha pillado a uno de estos gigantes errantes con las manos en la masa, en el único momento en que se dejan ver: mientras despedazaba y engullía una estrella que tuvo la mala suerte de pasar demasiado cerca.
Arriba: imagen compuesta de archivo en los canales g, r e i procedente de LS DR10, con la posición del fenómeno transitorio (círculo azul) y la galaxia anfitriona (marcada con el símbolo «+» negro). Abajo: imagen compuesta en los canales u, g e i de TDE 2025abcr, tomada con el LDT el 14 de diciembre de 2025. El fenómeno transitorio (marcado con un círculo azul) se encuentra significativamente desplazado (9,5"/9,3 kpc) del centro de la galaxia anfitriona WISEA J014656.04-152214.7. Crédito: The Astrophysical Journal Letters (2026). DOI: 10.3847/2041-8213/ae77f3
Un destello que delata a un invisible
El fenómeno que ha permitido cazarlo se conoce como evento de disrupción de marea. Ocurre cuando una estrella se acerca tanto a un agujero negro que la fuerza gravitatoria la estira y la rompe, generando un fogonazo de luz visible a enormes distancias. Son sucesos raros, pues en una galaxia dada se produce de media uno cada 100.000 años. Los astrónomos han identificado más de un centenar en la última década, y casi todos aparecieron en el centro de sus galaxias, justo donde se espera encontrar a los agujeros negros más grandes. El recién descubierto, bautizado como TDE 2025abcr, rompió por completo ese patrón.
Un agujero negro fuera de su sitio
El destello brotó a unos 30.000 años luz (unos 9 kilopársecs) del centro de una galaxia masiva cercana, la mayor distancia jamás registrada para uno de estos eventos detectados en luz visible. Eso significa que allí, en las afueras del disco galáctico, acecha un agujero negro masivo, con miles o decenas de miles de veces la masa del Sol, en un lugar donde nadie esperaba encontrarlo. Según explica Jonathan Carney, coautor del trabajo y doctorando en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, se sabe que estos agujeros negros errantes existen en las grandes galaxias, pero estudiarlos es casi imposible, ya que no producen ninguna luz salvo en el instante fugaz en que destrozan una estrella. El hallazgo, publicado en The Astrophysical Journal Letters, se apoyó en imágenes de archivo y en observaciones de seguimiento realizadas con un telescopio terrestre.
Dos posibles biografías
La gran pregunta es cómo llegó ese gigante hasta un lugar tan apartado. Los autores manejan dos hipótesis. La primera es que fuera expulsado del centro de la galaxia por un violento tirón gravitatorio, el tipo de patada que puede producirse cuando dos agujeros negros se fusionan. La segunda, quizá más elegante, es que se trate del núcleo superviviente de una galaxia más pequeña que la grande está devorando ahora mismo en una fusión menor, con su agujero negro central todavía intacto camino de las profundidades. Observaciones futuras del mismo punto deberían permitir distinguir entre ambas historias. Cualquiera de las dos conecta este descubrimiento con la forma en que las galaxias crecen a lo largo de eones, canibalizando a sus vecinas y arrastrando consigo a los agujeros negros que estas albergaban.
El principio de una cacería
Más allá de este caso concreto, el trabajo aporta la primera prueba sólida de que los agujeros negros errantes pueden encontrarse de forma fiable con telescopios terrestres de luz visible, y no solo con costosos instrumentos espaciales. TDE 2025abcr se une así a un puñado diminuto de eventos parecidos detectados fuera del centro galáctico, una clase que hasta hace nada apenas existía sobre el papel. La verdadera revolución llegará con el nuevo Observatorio Vera C. Rubin, recién estrenado en Chile, que según los cálculos del equipo detectará cada año varias decenas de destellos como este con distancias al centro medibles. Lo que hoy es una rareza afortunada se convertirá pronto en una población entera que estudiar.
La imagen que deja el hallazgo tiene algo de inquietante y de fascinante a la vez. Las galaxias funcionan como ecosistemas en movimiento, más que como relojes ordenados con un único agujero negro clavado en el centro, y por ellas deambulan también gigantes oscuros, herencia de antiguas colisiones. Cazarlos mientras engullen una estrella es, por ahora, la única forma de sacarlos de las sombras. Dentro de unos años, cuando Rubin peine el cielo noche tras noche, esos destellos delatores dejarán de ser un golpe de suerte para volverse rutina, y con ellos empezaremos a dibujar el mapa de los muchos agujeros negros que vagan, invisibles, por el universo.
REFERENCIA
- TDE 2025abcr: A Tidal Disruption Event in the Outskirts of a Massive Galaxy (equipo de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, The Astrophysical Journal Letters, 2026. DOI: 10.3847/2041-8213/ae77f3)
Si quieres conocer otros artículos parecidos a Primero fueron los planetas errantes, ahora, un agujero negro errante que mata estrellas puedes visitar la categoría Astro.
Continúa Leyendo