Este es el "pez Batman" que surcaba los mares hace 400 millones de años

Pez Batman del Devónico

Los paleontólogos han descrito una nueva especie de pez acorazado sin mandíbula, con una cabeza en forma de ala de murciélaco que le daba una eficiencia hidrodinámica excepcional

Hace unos cuatrocientos millones de años, en el Devónico temprano, mucho antes de que existieran los dinosaurios, los mares que hoy corresponden a la provincia china de Yunnan estaban habitados por peces acorazados sin mandíbulas, primos lejanos de los primeros vertebrados con esqueleto óseo. Un equipo dirigido por Meng, con la colaboración de Ferron, Jiménez, Pisani, Gai y Donoghue, ha descrito ahora una especie nueva dentro de este grupo, bautizada como Bataspis crux, cuyo rasgo más llamativo es una cabeza aplanada y extendida en forma de ala de murciélago.

Índice
  1. Un fósil guardado durante décadas
  2. Una cabeza diseñada para cortar el agua
  3. Nadar gastando menos energía
  4. REFERENCIA

Un fósil guardado durante décadas

Los restos fosilizados de Bataspis crux se recolectaron en la década de 1980 cerca de la localidad de Qujing, en Yunnan, y permanecieron conservados en areniscas de grano fino de color amarillo grisáceo pertenecientes a la formación Xishancun, datada en el Lochkoviense temprano, el primer piso del periodo Devónico. Solo décadas después, con nuevas herramientas de análisis, el equipo de investigadores ha podido caracterizar por completo la forma de su cabeza y entender su función.

Bataspis crux pertenece a los galeáspidos, un grupo de peces sin mandíbula, hoy completamente extinguido, emparentado de forma distante con los actuales vertebrados con mandíbula, entre ellos todos los peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos actuales. Estudiar cómo estaba construido su cuerpo ayuda a reconstruir cómo eran los antepasados comunes de todos esos linajes, en una época en la que la evolución todavía estaba resolviendo problemas básicos como moverse con eficacia dentro del agua.

Una cabeza diseñada para cortar el agua

Lo que distingue a esta especie de otros galeáspidos conocidos es la forma de su escudo cefálico, la estructura ósea que le cubría la cabeza a modo de armadura. En Bataspis crux, ese escudo se extiende lateralmente en dos prolongaciones puntiagudas que le dan un perfil parecido al de un ala de murciélago desplegada, muy distinto de las formas más redondeadas o alargadas que presentan otras especies del grupo.

Visualización de la distribución del flujo y la presión. A: líneas de trayectoria sobre la superficie dorsal de las apófisis cornuales, coloreadas según la velocidad. B: distribución de la presión en las superficies dorsal (izquierda) y ventral (derecha) del escudo cefálico.
Visualización de la distribución del flujo y la presión. A: líneas de trayectoria sobre la superficie dorsal de las apófisis cornuales, coloreadas según la velocidad. B: distribución de la presión en las superficies dorsal (izquierda) y ventral (derecha) del escudo cefálico.

Para entender qué función cumplía esa forma tan particular, el equipo recurrió a la dinámica de fluidos computacional, una técnica habitual en ingeniería aeroespacial que permite simular cómo se comporta un fluido, en este caso agua, al chocar contra una superficie con una geometría determinada. Los resultados mostraron que el escudo cefálico de Bataspis crux alcanzaba una relación de sustentación sobre resistencia excepcionalmente alta, la más elevada registrada hasta ahora entre todos los galeáspidos conocidos.

Nadar gastando menos energía

Una relación de sustentación sobre resistencia alta significa, en términos sencillos, que la forma de la cabeza generaba más fuerza de elevación por cada unidad de resistencia que el agua oponía al avance del animal, de forma parecida a como el diseño de un ala de avión busca maximizar la sustentación mientras minimiza el arrastre aerodinámico. Para un pez que vivía posado o desplazándose cerca del fondo marino, esa eficiencia hidrodinámica se traducía probablemente en un ahorro considerable de energía al nadar, y quizá también en una mayor capacidad de maniobra frente a corrientes o depredadores.

Este hallazgo demuestra que, incluso entre los vertebrados más primitivos y ya extinguidos, la evolución exploró soluciones de ingeniería hidrodinámica sofisticadas mucho antes de que aparecieran los peces óseos modernos que hoy asociamos con formas corporales optimizadas para nadar con rapidez. El escudo cefálico de los galeáspidos, lejos de ser solo una armadura defensiva, funcionaba también como una superficie de control del flujo de agua, una función que hasta ahora se había subestimado en este grupo de animales.

El equipo espera que el hallazgo impulse una revisión más amplia de otras especies de galeáspidos ya descritas, para comprobar si estructuras cefálicas que hasta ahora se interpretaban únicamente como protección frente a depredadores cumplían también, en mayor o menor medida, esta función hidrodinámica que Bataspis crux exhibe de forma tan marcada.

REFERENCIA

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